Mis hábitos de alimentación son un caos: como cuando me acuerdo
No desayunas. Comes a las 4. Cenas a las 11. O no cenas. Tus hábitos de alimentación no existen y no sabes por qué.
Hoy he comido a las 4 de la tarde. No porque estuviera ayunando. No porque estuviera ocupado. Simplemente no me acordé de que tenía hambre hasta que mi cuerpo me lo gritó con un rugido que seguro escucharon los vecinos.
Y no es la primera vez. Es casi todos los días.
Hay gente que come a la 1. Siempre. Todos los días. Les entra hambre a la 1, comen a la 1, y a las 2 ya están con su café. Tienen un reloj biológico que funciona como un reloj de verdad. El mío funciona como un reloj dibujado en una servilleta. Tiene números, pero no se mueven.
¿Por qué comer se convierte en algo tan difícil?
No es que no te guste comer. Te encanta comer. El problema es que comer requiere una cadena de decisiones: qué voy a comer, tengo ingredientes, hay que cocinar, cuánto tiempo tarda, hay que calentar, hay que sentarse. Y cada decisión es un punto donde tu cerebro puede desconectar e irse a hacer otra cosa.
Es como un videojuego con 8 pantallas antes del jefe final. Si pierdes la concentración en la pantalla 3, nunca llegas al jefe. Nunca llegas al plato.
Y pasa algo curioso. Cuando por fin comes, comes cualquier cosa. Lo primero que encuentras. Lo más rápido. Lo que no requiera ninguna decisión adicional. Porque ya has gastado toda tu energía en llegar hasta el punto de "voy a comer algo" y no te queda nada para "voy a comer algo que tenga sentido".
¿Es pereza o es otra cosa?
Mira, si alguien me dice una vez más que es pereza, le tiro el plato vacío a la cabeza. Porque pereza es no querer hacer algo pudiendo hacerlo. Esto es querer hacerlo y que tu cerebro se niegue a iniciar el proceso.
Es lo mismo que pasa con las rutinas que no duran más de dos semanas. No es falta de voluntad. Es un cerebro que no procesa bien las tareas repetitivas. Que les quita prioridad. Que las entierra debajo de cualquier estímulo nuevo que aparezca.
Y comer es repetitivo. Tres veces al día, todos los días, para siempre. Para un cerebro que necesita novedad como el oxígeno, eso es una condena.
El ciclo del hambre invisible
Te cuento cómo funciona mi ciclo. A ver si te suena.
Por la mañana no tengo hambre. O no me doy cuenta de que la tengo. Porque estoy haciendo cosas y mi cerebro está ocupado con lo que sea que le interesa en ese momento. Y el hambre queda en segundo plano. Como una notificación silenciada.
Pasan las horas. Sigo sin comer. Pero tampoco siento hambre porque mi cerebro ha aprendido a ignorar esa señal. Hasta que de repente, sin previo aviso, el hambre aparece como un puñetazo. De cero a "me voy a desmayar" en 3 segundos. Sin aviso previo. Sin transición. Nada.
Y en ese momento como lo primero que pillo. Un trozo de pan. Galletas. Lo que haya en la nevera que no requiera más de 30 segundos de preparación. Porque el hambre ya es urgencia y no hay tiempo para planificar.
Después me siento culpable por comer así. Me digo que mañana lo haré mejor. Y mañana pasa exactamente lo mismo.
¿Qué tiene que ver esto con cómo funciona tu cerebro?
Todo. Tiene que ver con todo.
La regulación del hambre, la percepción de las señales internas del cuerpo, la capacidad de anticipar necesidades futuras. Todo eso depende de funciones ejecutivas. Y si tus funciones ejecutivas fallan con cosas como mantener una agenda o ser constante con cualquier hábito, también van a fallar con algo tan básico como alimentarte a horas razonables.
Tu cerebro no distingue entre "comer a la 1" y "ir al gimnasio a las 6". Para él, ambas son rutinas predecibles que compiten contra estímulos más interesantes. Y ambas pierden.
Lo que medio funciona
No tengo la solución perfecta. Pero te digo lo que a mí me funciona más o menos.
Primero: tener comida que no requiera decisiones. Fruta, frutos secos, cosas que puedas pillar y comer sin pensar. Porque el enemigo no es el hambre. El enemigo es la cadena de decisiones entre tú y el plato.
Segundo: alarmas. Sí, alarmas para comer. Suena ridículo. Lo es. Pero una alarma a las 13:00 que dice "come algo, imbécil" funciona mejor que mi reloj interno.
Y tercero: si este patrón te suena demasiado familiar, si no es algo puntual sino tu forma de vivir, si sientes que todo te cuesta más de lo que debería, puede que haya algo más detrás que "no te organizas bien".
No soy nutricionista ni médico. Pero esto no es solo un problema de comida. Es un patrón.
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