Me olvido de comer y no es que no tenga hambre
Son las cuatro de la tarde y no has comido. No estás a dieta. Es que tu cerebro se olvidó de que tienes un cuerpo que necesita cosas básicas.
Son las cuatro de la tarde. Llevas desde las nueve de la mañana sin comer. No es un ayuno intermitente planificado. No estás a dieta. Simplemente se te ha olvidado.
No se te ha olvidado que la comida existe. Se te ha olvidado que tú tienes que comer. Tu cuerpo lleva horas mandando señales (el estómago vacío, el dolor de cabeza, las manos temblando) y tú no las has registrado. Porque estabas haciendo otra cosa. O pensando en otra cosa. O simplemente tu cerebro decidió que comer no era prioritario en ese momento.
Y cuando por fin te das cuenta, no es porque hayas sentido hambre. Es porque te mareas. O porque alguien te pregunta "¿has comido?" y la respuesta honesta es "no sé".
¿Cómo se te puede olvidar comer?
Suena a pregunta absurda. Comer es una necesidad básica. Tu cuerpo te manda señales claras. ¿Cómo puedes ignorarlas?
Pues mira, tu cerebro tiene un sistema de prioridades. Y ese sistema, en algunos cerebros, es muy agresivo con lo que considera importante y lo que no. Cuando estás metido en una tarea que te engancha, cuando tu cerebro está en modo hiperfoco, todo lo demás desaparece. El hambre, la sed, las ganas de ir al baño, el frío, el dolor de espalda. Todo se silencia para que puedas seguir con lo que estás haciendo.
No es que no sientas hambre. Es que tu cerebro baja el volumen del hambre a cero para no interrumpir lo que le interesa. Y tú no te enteras hasta que el volumen ya no puede seguir bajado, porque tu cuerpo está en modo emergencia.
Es como necesitar música para concentrarte pero al revés. Tu cerebro anula estímulos para mantener el foco. Solo que los estímulos que anula incluyen las necesidades básicas de tu propio cuerpo.
No solo te pasa con la comida
Pues no. Y ahí es donde la cosa se pone interesante.
También se te olvida beber agua. También se te olvida ir al baño hasta que ya no puedes más. También se te olvida que llevas sentado en la misma posición cuatro horas y la espalda te va a pasar factura mañana.
Tu cerebro tiene una relación complicada con las señales internas. Las señales externas las capta bien: si alguien te habla, lo oyes. Si el teléfono suena, lo coges. Pero las señales de tu propio cuerpo las trata como ruido de fondo. Y el ruido de fondo se silencia.
Lo gracioso (y por gracioso me refiero a nada gracioso) es que esto no pasa cuando estás aburrido. Cuando no tienes nada que hacer, el hambre te golpea a las doce en punto. Pero cuando estás metido en algo, las cuatro de la tarde te parecen las doce.
El hiperfoco como trampa
Lo que pasa aquí tiene nombre: hiperfoco. Y suena genial. "Uy, puedo concentrarme durante horas sin distraerme." Sí, pero el coste es que te olvidas de comer, de beber, de moverte, de vivir.
El hiperfoco no es superpoder. Es un modo de funcionamiento que tu cerebro activa cuando algo le genera suficiente estímulo. Y cuando se activa, todo lo demás se apaga. Incluido el sistema de alarmas corporales que debería decirte "oye, llevas seis horas sin meter nada en el cuerpo".
Y el problema es que no puedes elegir cuándo se activa. A veces se activa con el trabajo importante. A veces se activa con una partida de 3 horas a algo que ni te gusta tanto. Tu cerebro no distingue entre "esto merece mi atención total" y "esto genera dopamina". Para él es lo mismo.
Trucos para no olvidarte de existir
Parece absurdo tener que montar un sistema para recordarte que tienes que comer. Pero es lo que hay.
Alarma a la una del mediodía. Todos los días. Sin excepción. No "cuando tenga hambre", porque si esperas a tener hambre tu cerebro puede no avisarte hasta las cinco de la tarde.
Tener comida visible. Si la comida está en la nevera, no existe. Si hay una manzana encima de tu escritorio, hay una posibilidad de que la veas y tu cerebro diga "ah, verdad, tengo estómago".
Comer con alguien. Si hay otra persona que come a la una, tú comes a la una. La presión externa funciona cuando la interna no basta. No es dependencia. Es usar el entorno a tu favor.
Y lo más importante: no castigarte por olvidarlo. No es dejadez. No es desorden alimenticio. Es tu cerebro priorizando mal. Y cuando entiendes eso, puedes trabajar con la realidad en vez de luchar contra ella.
¿Es normal olvidarse de comer?
De vez en cuando, sí. Un día con mucho lío, una mañana intensa. Le pasa a mucha gente.
Pero si te pasa regularmente. Si la gente de tu entorno ya sabe que tienes que recordarte que comas. Si a las tres de la tarde te preguntan "¿has comido?" y la respuesta es "no" más veces de las que deberías admitir. Entonces no es un despiste puntual.
El TDAH en adultos tiene una relación directa con la interocepción, que es la capacidad de percibir las señales internas de tu cuerpo. Muchos adultos con TDAH no perciben el hambre, la sed o el cansancio hasta que son extremos. No es que los ignoren. Es que su cerebro no les pasa el aviso.
Esto no sustituye hablar con un profesional. Pero si te reconoces aquí, si sientes que tu cerebro te cuesta todo más que a los demás incluidas las cosas más básicas como alimentarte, quizá hay algo detrás que merece la pena explorar.
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