Me frustro por cosas pequeñas y luego me avergüenzo de ello

Un grifo que gotea, una wifi que falla. Tu reacción es desproporcionada y no entiendes por qué. Tiene explicación.

La wifi se corta dos segundos. Dos. Y quieres lanzar el portátil por la ventana.

No es que seas dramático. No es que tengas un problema de ira. Es que la intensidad de lo que sientes no tiene nada que ver con el tamaño de lo que ha pasado. Y lo peor no es el cabreo. Lo peor es lo que viene después: la vergüenza.

Porque cuando se te pasa, miras alrededor, ves que nadie más se ha inmutado, y piensas: "¿Qué me pasa? ¿Por qué me pongo así por una tontería?"

¿Por qué reacciono tan fuerte ante cosas tan pequeñas?

A ver, vamos por partes.

Tu cerebro no procesa las emociones como el de la mayoría de gente. No es que sientas más o menos. Es que sientes más rápido y con más volumen. Imagínate que tu sistema emocional es un amplificador de guitarra que está al 11 de 10. Todo lo que entra, sale multiplicado por mil.

Un grifo que gotea no es solo un grifo que gotea. Es una gota que cae en un cerebro que ya está saturado de estímulos, pendientes, frustración acumulada y cansancio. Y esa gota es la que rompe la presa.

Parece una tontería, pero no lo es. Tu cerebro lleva todo el día procesando cosas que otros ni notan. Los ruidos de fondo, las interrupciones, las 87 decisiones que has tenido que tomar desde que te levantaste. Y cuando llega ese estímulo pequeño, ya no queda margen. No explotas por el grifo. Explotas por todo lo anterior.

El ciclo frustración-vergüenza

Y aquí viene la parte que más jode.

Te frustras. Reaccionas. Y luego te sientes fatal por haber reaccionado así. Te dices que deberías controlar más. Que eres un adulto. Que la gente normal no se pone así por una wifi que va lenta.

El problema es que esa vergüenza no te ayuda a controlarte la próxima vez. Solo te carga de más peso emocional. Es como ponerle más agua a un vaso que ya se desborda e intentar que no se moje la mesa. No funciona así.

La gente que te dice "relájate" o "no es para tanto" no entiende que tú ya lo sabes. Sabes que no es para tanto. Lo sabías mientras estabas gritando. Pero saber algo y poder hacer algo con lo que sabes son dos cosas muy distintas.

Si alguna vez te has sentido así con la crítica, que un comentario inocente te hunde el día, eso también tiene explicación. No eres demasiado sensible. Tu cerebro tiene el volumen emocional al máximo.

No es que seas una persona difícil

Mira, te lo digo por experiencia.

Yo he sido el tío que da un golpe en la mesa porque una app tarda 3 segundos en abrir. He sido el que contesta mal a alguien que no se lo merecía porque llevaba 5 horas acumulando tensión sin darme cuenta.

Y no, no soy una mala persona. Y tú tampoco.

Lo que pasa es que hay cerebros que no regulan bien la intensidad de las emociones. No es que no las sientan. Es que no tienen un filtro que las gradúe. Un cerebro que regula bien recibe una frustración pequeña, la procesa como pequeña, y responde proporcionalmente. El tuyo recibe esa misma frustración y la procesa como si fuera una emergencia.

Es como si todo el mundo tuviera un regulador de volumen emocional y el tuyo estuviera roto. O directamente no existiera. Lo cuentan bien en este artículo sobre la desregulación emocional.

Y cuando explotas por cosas que a los demás no les afectan, no es que seas exagerado. Es que tu sistema de procesamiento emocional funciona con otras reglas.

¿Se puede hacer algo con esto?

Sí. Pero el primer paso no es "controlar tus emociones". Es entender por qué son tan intensas.

Porque el enfoque de "contrólate más" asume que tienes el mismo equipamiento que los demás y simplemente no lo usas. Y eso no es verdad. Es como pedirle a alguien que vea bien de lejos cuando necesita gafas. No es falta de esfuerzo. Es falta de herramientas.

Lo que cambia las cosas es entender que tu cerebro funciona así. No como excusa, sino como punto de partida. Cuando sabes que vas a reaccionar fuerte, puedes anticipar. Puedes crear espacio entre el estímulo y la reacción. No siempre. No te voy a engañar. Pero más que si no sabes qué te pasa.

Y eso, para muchas personas, resulta que tiene un nombre concreto. Y descubrirlo no lo arregla todo, pero cambia completamente la conversación que tienes contigo mismo. Pasas de "soy un desastre emocional" a "mi cerebro procesa distinto y puedo trabajar con eso".

Esto no sustituye una evaluación profesional. Si lo que describo te suena demasiado, habla con un psicólogo o psiquiatra que sepa de esto.

Si te identificas con esto, hice un test de 43 preguntas. Diez minutos. Gratis. No es un diagnóstico, pero es un primer paso para dejar de culparte. Hazlo aquí.

Relacionado

Sigue leyendo