Me alejo de la gente que quiero sin motivo aparente
Te alejas de amigos, pareja, familia sin saber por qué. No eres frío. Tu cerebro necesita desconectar para sobrevivir.
Un día estás bien con alguien. Quedáis, habláis, os reís. Todo perfecto.
Y al día siguiente, sin que pase nada, sin discusión, sin motivo, sientes que necesitas desaparecer. Alejarte. Dejar de contestar. No porque te caiga mal esa persona. No porque haya pasado algo. Simplemente porque algo en tu cabeza ha dicho "ya no puedo más con esto" y ha tirado del freno de mano sin consultarte.
Y tú ahí. Sin saber explicar por qué te estás alejando de alguien que quieres.
¿Por qué te alejas justo de la gente que más te importa?
Lo primero que piensas es que eres una mala persona. Que eres frío. Que no te importa lo suficiente. Porque si te importara de verdad, no harías esto, ¿no?
Pues no. No funciona así.
Lo que pasa es que tu cerebro lleva días, semanas, acumulando estímulos sin parar. Conversaciones, emociones, ruido social, expectativas. Y en algún momento se satura. No hace falta que pase nada dramático. Simplemente llega a un punto en que cualquier interacción social, por pequeña que sea, se siente como un esfuerzo que no puede hacer.
Y como no sabe decir "oye, necesito un descanso", hace lo único que sabe hacer: desconectar. Sin aviso. Sin explicación. Sin lógica aparente.
Es como un fusible que salta. No es que la casa se haya incendiado. Es que el sistema no daba para más y se protegió solo.
¿Tiene sentido alejarte de alguien si la relación va bien?
Desde fuera, ninguno. Desde dentro, todo.
Porque desde dentro lo que sientes no es "no quiero ver a esta persona". Es algo más difuso. Es un peso. Una fatiga que no sabes de dónde viene. Una sensación de que necesitas estar solo pero no sabes por cuánto tiempo ni por qué.
Y lo peor es que lo ves pasar en tiempo real. Sabes que te estás alejando. Sabes que la otra persona lo está notando. Sabes que si no haces algo, la relación se va a resentir. Pero no puedes evitarlo. Es como intentar frenar un coche sin frenos. Ves el muro, pero no tienes con qué parar.
Mira, te lo digo por experiencia: he perdido amistades por esto. No porque no me importaran. No porque les hiciera algo malo. Simplemente porque desaparecí durante meses y cuando quise volver, el daño ya estaba hecho.
Lo que nadie te dice sobre la necesidad de desconectar
Hay una diferencia enorme entre elegir estar solo y necesitar estar solo de forma urgente y sin previo aviso.
La primera es sana. Te apetece un día tranquilo, te lo coges, recarga pilas, vuelves.
La segunda no es una elección. Es una reacción de supervivencia. Tu cerebro está tan sobrecargado de estímulos que la única forma de no explotar es cortarlo todo de raíz. Y eso incluye a las personas que más quieres.
Lo jodido es que precisamente a esas personas es a las que más les afecta. Porque un conocido ni lo nota. Pero tu pareja, tu mejor amigo, tu familia - esos sí lo notan. Y no entienden por qué de repente has dejado de estar presente.
Imagina que tienes un móvil con la batería al 3%. ¿Qué hace? Entra en modo ahorro de energía. Apaga funciones. Reduce brillo. Desactiva apps en segundo plano. Pues tu cerebro hace exactamente lo mismo. Y las relaciones sociales son de las primeras apps que se apagan. Porque consumen mucha energía.
¿Y si no eres frío sino que tu cerebro funciona con otras reglas?
Esto tiene un patrón que se repite mucho en personas con dificultades de regulación atencional.
El cerebro que funciona así no procesa los estímulos sociales de la misma manera que la mayoría. No es que no sienta. Es que siente demasiado, procesa a toda velocidad, y se quema antes. Y cuando se quema, se retira. Sin negociación.
En adultos con TDAH, esto es especialmente frecuente. La sobreestimulación social es uno de esos síntomas que nadie te cuenta porque no aparece en los folletos. No es hiperactividad. No es distracción. Es una fatiga emocional y social que te hace retirarte justo de donde más necesitas estar.
Y no, no lo estoy diagnosticando. Si esto te suena demasiado, eso es tema de un profesional.
Pero sí te digo una cosa: saber que tu cerebro funciona así cambia el juego. Porque dejas de pensar "soy una mala persona" y empiezas a pensar "necesito gestionar mi energía social de otra manera".
¿Qué puedes hacer cuando sientes que necesitas alejarte?
No te voy a dar la solución mágica porque no la hay. Pero hay algo que a mí me ha ayudado más que cualquier otra cosa: explicarlo antes de que pase.
O sea, decirle a la gente que te importa: "oye, a veces necesito desconectar y no tiene nada que ver contigo. Si desaparezco unos días, no es que pase de ti. Es que mi cabeza necesita un reset".
Parece una tontería, pero la diferencia entre desaparecer sin aviso y desaparecer habiendo explicado el patrón es brutal. Porque la otra persona sigue sin entenderlo del todo, pero al menos no se lo toma como algo personal.
Y la otra cosa que ayuda es aceptar que esto le cuesta a más gente de la que piensas. No eres el único que se aleja sin motivo. No eres el único que pierde relaciones por agotamiento social. Es más común de lo que parece, y reconocerlo es el primer paso para dejar de machacarte por ello.
Porque machacarte no te va a hacer más sociable. Solo te va a hacer sentir peor.
Y ya tienes bastante con lo que tienes.
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Si este patrón de alejarte y no saber por qué te suena demasiado familiar, hice un test de 43 preguntas sobre cómo funciona tu atención. Sin diagnóstico, pero con información suficiente para saber si merece la pena hablar con un profesional. Hacer el test TDAH.
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