Me distraigo con el hambre y olvido la tarea que estaba haciendo
Vas a la cocina a comer algo y cuando vuelves ya no sabes qué estabas haciendo. No es despiste. Tiene una explicación concreta.
Estás a mitad de una tarea. Concentrado. Bueno, más o menos concentrado, que tampoco hay que exagerar. Y de repente, el estómago habla.
No pide. Exige.
Te levantas. Vas a la cocina. Abres el frigorífico. Comes algo. Puede que dos cosas. Puede que acabes viendo la nevera durante cuarenta y cinco segundos sin ningún propósito concreto. Y cuando vuelves al ordenador, te sientas, miras la pantalla y piensas: "¿Y yo qué estaba haciendo?"
No lo recuerdas.
Literalmente. No tienes ni idea. Tienes el documento abierto, el cursor parpadeando, y tu cerebro completamente en blanco. Como si alguien hubiera pulsado el botón de reinicio mientras tú estabas en la cocina comiendo queso directamente del bloque.
¿Por qué el hambre te saca de la tarea para siempre?
Porque no es solo el hambre. El hambre es la excusa. El problema es lo que pasa después.
La mayoría de la gente puede interrumpirse, hacer una cosa, y retomar donde estaba. Como si tuvieran una pestaña guardada. Levantan la mano, vuelven, y siguen. Normal.
Lo que te pasa a ti es diferente. Cuando tienes que salir de una tarea, no la pausas. La pierdes. Tu cabeza no guarda el estado. Es como cerrar un documento sin guardar y esperar que esté ahí cuando vuelves. Spoiler: no está.
Y el hambre es especialmente traidora porque es urgente. No es como el móvil, que puedes ignorar. El estómago tiene su propio sistema de notificaciones y no tiene modo silencio. Cuando activa la alarma, tu atención se va ahí del todo. Y cuando se va del todo, lo que estabas haciendo se evapora.
Esto no es un fallo de memoria. Es un fallo de transición.
La memoria de trabajo es una mesa muy pequeña
Imagina que tu cerebro tiene una mesa de trabajo. En esa mesa pones lo que estás haciendo ahora mismo: la tarea, el hilo de pensamiento, los pasos que llevas, lo que ibas a escribir después. Todo eso ocupa espacio en la mesa.
Cuando te interrumpes, tienes que quitar cosas de la mesa para poner otras, como ir a la cocina, decidir qué comer, gestionar el hambre. El problema es que tu mesa es pequeña. Muy pequeña. Y cuando la llenas con la cocina, lo de antes se cae al suelo. Y en el suelo no hay sistema de recuperación.
La gente con este patrón suele tener lo que se llama memoria de trabajo limitada. No es que seas olvidadizo en general. Es que tu capacidad de sostener información "en el aire" mientras haces otra cosa es bastante menor de lo que debería ser. Y el hambre, que es urgente y física, es suficiente para vaciarte la mesa de golpe.
La consecuencia práctica es que no puedes interrumpirte. O te interrumpes y lo pierdes todo. O no te interrumpes y acabas con el estómago rugiendo mientras intentas escribir un email.
No hay término medio cómodo.
¿Y por qué no pasa siempre?
Porque hay días que vuelves de la cocina y retomas. Y piensas: "Ves, puedo. No es para tanto."
Y al día siguiente, nada. Vuelves del baño y ya no sabes ni qué proyecto estabas mirando.
Esa inconsistencia es la parte que más descoloca. Si te cuesta todo más que a los demás pero solo a veces, es difícil construir una narrativa coherente. No puedes decir "es que tengo un problema" porque hay días que funciona. Y no puedes decir "estoy bien" porque hay días que no funciona en absoluto.
Lo que está pasando es que tu nivel de activación cambia. Cuando estás muy metido en algo, el foco aguanta más el tirón de una interrupción. Cuando el nivel de activación es bajo, la primera distracción que aparece te saca del todo. Y el hambre, que viene con una carga física y una urgencia real, es de las que más te sacan.
No es inconsistencia tuya. Es sensibilidad a las condiciones.
El problema real no es la interrupción, es que empiezas desde cero
El hambre en sí no es el enemigo. El enemigo es lo que pasa cuando vuelves.
Cuando una persona sin este patrón vuelve de la cocina, su cerebro hace un pequeño esfuerzo de reconexión y retoma. Tú tienes que reconstruirlo todo desde cero. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por dónde iba? ¿Cuál era el siguiente paso? Y si no hay pistas visibles en la pantalla, la reconstrucción puede tardar tanto que acabas abriendo Twitter mientras "te acuerdas".
Y entonces ya sí que se acabó.
Esto es lo mismo que le pasa a quien empieza una tarea y acaba haciendo otra sin saber cómo. La deriva no es intencional. Es que sin el hilo en la mano, tu cerebro va al siguiente estímulo disponible. Y el siguiente estímulo disponible casi nunca es lo que tenías que hacer.
Qué puedo hacer con esto
Lo primero es dejar de echarte la culpa. No es despiste. No es que seas olvidadizo. Es un patrón concreto que funciona de una manera concreta.
Lo segundo es aprender a dejar pistas.
Cuando sepas que te vas a interrumpir, antes de levantarte escribe una frase. No un resumen. Una frase. "Voy a escribir el párrafo sobre X" o "El siguiente paso es Y". Tres segundos. Esa frase es el hilo de vuelta. Tu cerebro no tiene que reconstruir nada porque la respuesta está ahí.
Parece una tontería, pero es la diferencia entre retomar en treinta segundos o perder veinte minutos y acabar en YouTube viendo vídeos de coches que no te interesan.
Lo tercero es aceptar que hay interrupciones que no puedes gestionar bien. El hambre es una de ellas. Si comer te saca del modo trabajo, planifica las comidas antes de las sesiones de trabajo. No porque seas raro. Porque así no le das al hambre la oportunidad de aparecer en el momento más inoportuno.
Igual que te distraes con cualquier cosa y aprendes a gestionar el entorno, con el hambre también puedes anticipar. Es infraestructura. No es fuerza de voluntad.
Puede que tu cerebro tenga otras reglas
Si este patrón te suena muy familiar, si pierdes el hilo de forma sistemática con cualquier interrupción, si la inconsistencia es la constante, quizá merece la pena que investigues un poco más.
Hay un tipo de cerebro para el que esto es la norma, no la excepción. Un cerebro que tiene dificultades reales con la memoria de trabajo, con la regulación de la atención y con las transiciones entre tareas. Eso tiene nombre y tiene explicación. Y entenderlo cambia bastante cómo te relacionas con tu propia cabeza.
Igual que el hiperfoco tampoco elige cuándo aparecer, este tipo de pérdida de hilo tampoco la controlas a voluntad. No es carácter. Es neurología.
Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si sospechas que algo de esto tiene más profundidad, consulta con un psicólogo o psiquiatra. Yo lo hice y fue lo más útil que he hecho en mucho tiempo.
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