No recuerdo si he cerrado el gas y me pasa todos los días

Sales de casa y la duda te asalta: el gas, la puerta, la plancha. Vuelves a comprobarlo. Mañana otra vez. No es manía. Es algo más.

Sales de casa. Llegas al portal. Y aparece. Esa sensación. Esa duda que te perfora el cerebro.

"¿He cerrado el gas?"

No lo sabes. No lo recuerdas. Hiciste el desayuno hace veinte minutos, usaste los fogones, pero no recuerdas el momento de girar la llave. No recuerdas si giraste la llave. No recuerdas nada entre servir el café y coger las llaves.

Y ahí estás, en el portal, con la duda comiéndote por dentro. Subir a comprobarlo son cinco pisos sin ascensor. No subir es vivir todo el día con la imagen mental de tu cocina en llamas.

Subes.

Estaba cerrado. Por supuesto que estaba cerrado. Lo cerraste como cada mañana. Pero no lo recuerdas. Y mañana te va a pasar exactamente lo mismo.

¿Por qué no recuerdo algo que hago cada día?

Porque lo haces cada día. Ese es el problema.

Cuando una acción se vuelve rutinaria, tu cerebro la automatiza. La saca del procesamiento consciente y la mete en piloto automático. Es lo mismo que pasa cuando conduces: no recuerdas cada cambio de marcha, cada intermitente, cada giro del volante. Lo haces sin pensar. Y por eso luego no lo recuerdas. Porque no había nada que recordar. Tu cerebro no estaba "presente" cuando lo hacías.

Cerrar el gas es una de esas acciones. La has hecho 3.000 veces. Tu cuerpo la ejecuta mientras tu cabeza está en otra cosa: repasando la reunión de las diez, pensando qué vas a comer, recordando que tienes que mandar ese email. Y cuando llegas al portal y tu mente consciente pregunta "oye, ¿cerré el gas?", no hay registro. Porque la mente consciente no estaba mirando cuando pasó.

Es como preguntar qué había en la página 3 de un libro que leíste con los ojos pero no con la cabeza. Tus ojos pasaron por las palabras. Pero no reteniste nada.

No es solo el gas

Lo sabes. No es solo el gas.

Es la puerta. "¿He cerrado con llave?" Vuelves. Estaba cerrada.

Es la plancha. "¿He desenchufado la plancha?" Llamas a tu compañero de piso para que compruebe. Estaba desenchufada.

Es el coche. "¿He cerrado el coche?" Das la vuelta. Estaba cerrado.

Es un bucle. Y cada iteración te hace sentir un poco más loco. Porque tú sabes, racionalmente, que lo has cerrado. Pero no lo recuerdas. Y la diferencia entre saber y recordar es enorme cuando tu cerebro no te da la confirmación que necesitas.

Y lo peor es que la gente te mira raro. "Pues claro que lo has cerrado, si lo haces siempre." Ya. Pero "siempre" no cuenta. Mi cerebro no acepta "siempre" como prueba. Necesita el recuerdo específico de hoy. Y hoy no lo tiene.

¿Es ansiedad o es memoria?

Buena pregunta. Y la respuesta es: probablemente las dos.

La falta de registro de la acción es un problema de memoria. Tu cerebro no codificó el momento de cerrar el gas porque estaba en piloto automático. Eso es memoria. Concretamente, tu memoria de trabajo limitada no retiene acciones automáticas lo suficiente como para crear un recuerdo accesible.

La duda que te come por dentro es ansiedad. Tu cerebro detecta la ausencia de recuerdo, interpreta esa ausencia como peligro, y dispara la alarma. "Si no recuerdo haberlo hecho, a lo mejor no lo hice." Y esa alarma no se apaga con lógica. Se apaga comprobando. O subiendo cinco pisos.

En algunos cerebros, este combo es especialmente intenso. La memoria falla más de lo normal, la ansiedad compensatoria sube más de lo normal, y el resultado es una persona que comprueba todo tres veces y aun así no se queda tranquila.

A mí me pasaba todos los días. Todos. Salía de casa y daba media vuelta para comprobar la puerta. Llegaba al portal y volvía a subir por la plancha. Había mañanas en las que tardaba quince minutos más en salir solo por las comprobaciones.

Lo que me ayudó (sin volverme más loco)

Dos cosas.

La primera: verbalizar. Cuando cierro el gas, digo en voz alta "he cerrado el gas". Parece ridículo. Es ridículo. Pero funciona. Porque al decirlo en voz alta, obligas a tu cerebro consciente a estar presente en el momento. Ya no es una acción automática. Es una acción que has narrado. Y eso crea un recuerdo accesible.

La segunda: sacar la memoria de tu cabeza. Hacer una foto. Un checklist de salida. Algo que te permita comprobar sin volver a casa. Suena excesivo, pero es menos excesivo que subir cinco pisos tres veces por semana.

No es que confíe en mi memoria ahora. Es que dejé de necesitar confiar en ella. Y eso me dio una paz que no había tenido en años.

¿Y si es más que un simple despiste?

Mira, si te pasa de vez en cuando, es humano. Todo el mundo olvida si cerró la puerta alguna vez.

Pero si te pasa todos los días. Si tienes un ritual de comprobación que te roba tiempo cada mañana. Si la duda te persigue aunque hayas comprobado. Si esto se suma a otros olvidos constantes que no puedes explicar con estrés o edad...

Hay una posibilidad de que tu cerebro funcione de una manera que tiene explicación. Se llama TDAH. Y la combinación de memoria de trabajo limitada con ansiedad compensatoria es uno de los patrones más comunes en adultos que no saben que lo tienen.

No es un diagnóstico. Habla con un profesional si te ves reflejado. Pero si llevas años subiendo a comprobar el gas, al menos deberías saber que no estás loco. Tu cerebro tiene unas reglas que nadie te explicó.

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