Me cuesta salir de casa a la hora aunque esté preparado
Estás vestido, tienes las llaves, todo listo. Pero no puedes salir por la puerta. 15 minutos desaparecen. Esto tiene explicación.
Estás vestido. Tienes todo. Las llaves en la mano. Y aun así no puedes salir por la puerta. Algo te retiene. No sabes qué. Pasan 15 minutos.
Y no es que estés haciendo algo. No estás ocupado. No hay nada que te impida físicamente abrir la puerta y salir. Pero tu cuerpo no se mueve. Como si hubiera un muro invisible entre tú y la puerta.
Y entonces miras el reloj y ya llegas tarde. Otra vez.
¿Por qué no puedes salir por la puerta si ya estás preparado?
Porque salir por la puerta es una transición. Y las transiciones son una de las cosas más difíciles que existen para un cerebro que funciona así.
A ver, que esto es clave. No es pereza. No es que te dé igual llegar tarde. Es que el acto de pasar de "estar en casa" a "estar fuera de casa" requiere un cambio de estado que tu cerebro resiste con todas sus fuerzas.
Es como cuando estás en la cama y suena el despertador. Sabes que tienes que levantarte. Quieres levantarte. Pero tu cuerpo no responde. Hay un retraso entre la decisión y la ejecución. Pues con salir de casa pasa exactamente lo mismo.
Tu cerebro está en modo casa. Y cambiar de modo casa a modo calle necesita una cantidad de energía de activación que no siempre está disponible. No importa que estés vestido. No importa que tengas las llaves. El estado mental no ha cambiado todavía. Y hasta que no cambie, no te mueves.
Los 15 minutos fantasma
Esto es lo que más me fascina del tema.
Esos 15 minutos que desaparecen entre "estoy listo" y "salgo por la puerta". ¿Qué haces en esos 15 minutos? Nada concreto. Y todo a la vez.
Vas al baño "por si acaso". Compruebas el móvil. Miras si tienes la cartera. Vuelves a comprobar el móvil. Te miras al espejo. Piensas si necesitas algo más. Vas a la cocina a beber agua. Recuerdas que no has contestado un mensaje. Empiezas a contestarlo. Te das cuenta de que llegas tarde. Dejas el mensaje a medias. Coges las llaves. Las tenías ya. Las dejas. Las vuelves a coger.
Cada una de esas cosas dura 30 segundos. Pero son 30 de esas cosas. Y 30 cosas de 30 segundos son 15 minutos. Que para ti han pasado en un instante. Porque el tiempo se te escapa sin hacer nada productivo y lo has vivido tantas veces que ya ni te sorprende.
La puerta es una frontera y tu cerebro odia las fronteras
No sé si te has dado cuenta, pero las transiciones son el patrón que hay detrás de muchísimos de estos problemas.
Pasar de dormir a estar despierto. De estar en casa a estar fuera. De una tarea a otra. De una conversación a otra. Cada transición es una frontera que tu cerebro tiene que cruzar. Y cada frontera cuesta energía.
Para la mayoría de la gente, estas fronteras son invisibles. Las cruzan sin esfuerzo. Sin pensarlas. Sin siquiera notar que existen.
Para ti, cada frontera es como un peaje. Y a veces no tienes monedas. Y te quedas ahí parado, delante de la barrera, esperando a que algo te empuje al otro lado.
Y normalmente, lo que te empuja es la urgencia. "Llego tarde." Ahí sí. Ahí tu cerebro se activa. Ahí cruzas la puerta en tres segundos. Pero necesitas esa presión para arrancar.
Esto es exactamente lo que pasa cuando siempre llegas tarde aunque salgas pronto. No es que salgas tarde. Es que entre "preparado" y "fuera" hay un abismo que te traga 15 minutos cada vez.
Las micro-tareas de última hora son un sabotaje involuntario
Pues te voy a contar algo que me pasa constantemente.
Estoy listo para salir. Todo bien. Y de repente veo algo. Un plato en el fregadero. Una camiseta en el sofá. Una notificación en el ordenador. Algo que "solo tarda un segundo".
Y lo hago. Porque mi cerebro dice "es un segundo, no pasa nada". Pero nunca es un segundo. Porque ese plato me lleva a ver la encimera sucia. Y la encimera me lleva a coger la bayeta. Y la bayeta me lleva a limpiar una mancha. Y la mancha me lleva a preguntarme cuándo fue la última vez que limpié eso. Y de repente han pasado 8 minutos y sigo en la cocina con las llaves en la mano.
No es que quiera llegar tarde. Es que mi cerebro no puede ignorar un estímulo cuando lo detecta. Es como pedirle a un perro que no mire cuando le tiras una pelota. Va a mirar. Y probablemente va a ir a buscarla.
El truco del "ya estoy fuera"
Mira, no hay una solución perfecta para esto. Pero hay algo que a mí me ayuda.
En vez de pensar "tengo que salir a las 9", pienso "a las 9 ya estoy fuera de casa". La diferencia es sutil pero importante. "Tengo que salir" es una acción futura que mi cerebro puede posponer. "Ya estoy fuera" es un estado que me obliga a prepararme antes.
Y añado un paso extra que parece absurdo pero funciona: me pongo los zapatos 10 minutos antes de tener que salir. No hago nada más. Solo me pongo los zapatos. Y me quedo con los zapatos puestos haciendo lo que sea.
¿Por qué funciona? Porque los zapatos son una señal física de que estás en modo salir. Tu cerebro registra "tengo zapatos puestos, esto es modo calle" y la transición se vuelve un poco menos abrupta. Es como calentar el motor antes de arrancar.
Parece una tontería. Ya te digo. Pero a veces las cosas que parecen tonterías son las que funcionan cuando tu cerebro se complica con lo que a los demás les parece básico.
Quizá no seas impuntual. Quizá las transiciones te cuesten más que a la mayoría.
Déjame que te diga una cosa.
Si siempre llegas tarde aunque estés listo con tiempo. Si entre "estoy preparado" y "salgo" siempre desaparecen entre 10 y 20 minutos. Si te pasa en todas las situaciones, no solo cuando no te apetece ir a algún sitio. Entonces no estamos hablando de impuntualidad. Estamos hablando de dificultad con las transiciones.
Y esto, en personas con TDAH, es tan frecuente que casi todo el mundo que tiene TDAH sabe exactamente de qué estoy hablando cuando lo describe. Esa parálisis de puerta. Ese muro invisible. Esos minutos fantasma.
Esto no lo digo como diagnóstico, que no soy médico ni me corresponde. Pero si te pasa esto de forma recurrente y te genera malestar, hablar con un profesional es lo más sensato que puedes hacer.
---
Si reconoces este patrón y quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro, hice un test de 43 preguntas. Gratis. Sin diagnóstico, pero con suficiente información para saber si vale la pena hablar con un profesional. Hacer el test TDAH.
Sigue leyendo
Compro cosas para hobbies que sé que voy a dejar
Guitarra, acuarelas, equipo de running, cámara analógica. Tu casa está llena de objetos de hobbies que duraron dos semanas. Y no puedes parar.
La injusticia me altera de forma desproporcionada
Ves algo injusto y te hierve la sangre. No puedes dejarlo pasar. Mientras otros se encogen de hombros, tú llevas horas dándole vueltas.
Paso más tiempo pensando en hacerlo que haciéndolo
Llevas horas con una tarea en la cabeza y no la has empezado. No es falta de ganas. Es que pensar y hacer no son lo mismo para todos los cerebros.
No puedo mantener la misma calidad de trabajo todos los días
Lunes: trabajo brillante. Martes: mediocre. Miércoles: desastre. Tu calidad fluctúa sin que tú decidas nada.