Me cuesta priorizar tareas y hago las fáciles primero

Tienes la lista de tareas delante. Sabes cuál es la importante. Y eliges la fácil. No es pereza. Tu cerebro prioriza por dopamina, no por importancia.

Tienes diez cosas en la lista. Sabes perfectamente cuál es la más importante. La que tiene deadline. La que importa de verdad.

Y empiezas por ordenar el escritorio.

No porque no sepas priorizar. Sabes perfectamente qué debería ir primero. Pero entre lo que sabes y lo que haces hay un abismo que no consigues cruzar. Porque tu cerebro no prioriza por importancia. Prioriza por lo que le apetece hacer ahora mismo.

Y ahora mismo le apetece ordenar el escritorio.

¿Por qué haces lo fácil en vez de lo importante?

Porque lo fácil da dopamina inmediata. Lo completas, lo tachas de la lista, tu cerebro recibe una micro-recompensa y dice "siguiente". Es rápido. Es satisfactorio. Es adictivo.

Lo importante, en cambio, es grande. No se completa en 5 minutos. No da recompensa inmediata. Requiere arrancar, mantener la concentración, y aguantar la incomodidad de no ver resultados durante un rato largo.

Para un cerebro que funciona con dopamina a corto plazo, elegir lo importante sobre lo fácil es como elegir una ensalada cuando tienes un plato de patatas fritas delante. Sabes lo que deberías hacer. Pero tu cerebro ya ha decidido por ti antes de que te des cuenta.

Y así acabas el día con quince tareas fáciles hechas y la importante exactamente igual que por la mañana. Sin tocar. Esperando. Acumulando presión.

La lista que nunca se vacía

Esto es lo que me volvía loco.

Hacía cosas todo el día. No paraba. Tachaba tareas. Respondía emails. Organizaba carpetas. Actualizaba documentos. Llegaba al final del día con la sensación de haber trabajado ocho horas sin parar.

Y cuando miraba lo que realmente había avanzado en lo importante, la respuesta era: nada.

Porque había pasado todo el día haciendo las cosas fáciles. Las que dan la sensación de productividad sin serlo de verdad. Las que te permiten decir "he estado ocupado" sin haber movido la aguja ni un milímetro.

Es exactamente el patrón de hacer lo urgente y dejar lo importante. Con la diferencia de que aquí ni siquiera son urgentes. Son simplemente las que menos resistencia le generan a tu cerebro.

El momento en que la tarea importante se convierte en urgente

Y entonces pasa lo de siempre. La tarea importante, que llevas posponiendo una semana, se convierte en urgente. El deadline es mañana. Ya no hay más días para "mañana me pongo".

Y de repente, mágicamente, la haces. En tres horas. Con una concentración que no habías tenido en toda la semana. Sin parar. Sin distraerte. Sin tocar ni una tarea fácil.

¿Qué ha cambiado? La urgencia. Nada más.

Tu cerebro no era incapaz de hacer la tarea. Era incapaz de priorizarla sin la presión del deadline. Porque sin urgencia, sin la adrenalina de "se me acaba el tiempo", no hay suficiente activación para elegir lo difícil sobre lo fácil.

Y eso te deja en una situación absurda: eres perfectamente capaz de hacer el trabajo. Pero solo cuando ya es casi demasiado tarde.

¿Por qué tu cerebro no prioriza como el de los demás?

Mira, hay cerebros que tienen un sistema de priorización interno que funciona más o menos así: esto es importante, esto es urgente, esto puede esperar. Y actúan en consecuencia. Sin drama. Sin lucha interna. Simplemente hacen lo que toca cuando toca.

Y hay cerebros que no tienen ese sistema. Que priorizan por interés, por novedad, por urgencia o por diversión. Pero no por importancia. Porque la importancia, por sí sola, no genera suficiente activación como para mover al cerebro de la tarea fácil a la difícil.

Esto es algo que las personas con TDAH conocen muy bien. La dificultad para priorizar no viene de no saber qué es importante. Viene de que el cerebro no responde a la importancia como señal para activarse. Necesita algo más. Urgencia, interés, consecuencias inmediatas. Sin eso, la tarea importante se queda en la lista mientras las fáciles desaparecen una por una.

Esto no es un diagnóstico. Pero si te ves reflejado en este patrón de manera crónica - no un día malo, sino como la norma - hablar con un profesional te puede dar herramientas que la fuerza de voluntad sola no te va a dar nunca.

Algo que me ayuda a no pasarme el día con las tareas fáciles

No voy a decirte que "empieces por lo más difícil" porque ya lo has intentado y no funciona. Si funcionara, no estarías leyendo esto.

Lo que a mí me funciona es hacer la tarea importante primero, pero hacerla pequeña. No "escribir el informe". Sino "escribir el primer párrafo del informe". No "preparar la presentación". Sino "abrir el PowerPoint y poner el título".

Parece ridículo. Pero el truco es que una vez que arrancas, aunque sea con algo minúsculo, tu cerebro entra en la tarea. Y una vez dentro, es más fácil seguir que parar. El problema nunca fue hacer la tarea. El problema siempre fue arrancar.

Y si eso no funciona, la otra cosa que me salva es ponerme un deadline artificial que me crea antes. Quedar con alguien para enseñarle el trabajo a las 12. Decirle a mi jefe que lo tengo para mañana. Cualquier cosa que convierta lo importante en urgente, porque ahí sí funciono.

Es lo que hay.

---

Si lo de priorizar te lleva acompañando toda la vida y quieres entender por qué, hice un test de 43 preguntas sobre cómo funciona tu atención. Gratis, sin compromiso. Te puede dar respuestas que "esfuérzate más" nunca te va a dar. Hacer el test TDAH.

Relacionado

Sigue leyendo