Me canso de todo muy rápido: proyectos, hobbies, trabajos

Empiezas con energía brutal y a las tres semanas te da igual. No es falta de compromiso. Es que tu cerebro funciona diferente y nadie te lo ha explicado.

Llevas cuatro meses con el ukelele en la esquina del cuarto.

Antes de eso, fueron los cursos de edición de vídeo. Antes, la fase de lectura compulsiva donde compraste 12 libros en un mes. Antes, el proyecto de la newsletter. Antes, aquello que ibas a montar con un amigo que tampoco llegó a ningún sitio.

Y ahora mismo estás en otra cosa. Con la misma energía de siempre al principio. Con esa sensación de que esta vez sí.

Y en el fondo sabes que en tres semanas esa cosa también estará en la esquina del cuarto.

¿Por qué me canso de todo tan rápido?

Mira, lo primero que me suelen decir cuando hablo de esto es "es que eres inconstante". O la versión más amable: "no te has encontrado todavía".

Y no. No es eso.

La inconstancia tiene una lógica diferente. La inconstancia es no tener ganas y no hacerlo. Es decidir que algo no te importa y seguir. Pero lo que tú tienes no se parece en nada a eso. Tú sí tienes ganas. El problema es que esas ganas tienen fecha de caducidad y nadie te avisó.

La primera semana lo nuevo es lo más emocionante del mundo. Te quedas despierto hasta las dos de la mañana leyendo sobre el tema. Buscas comunidades. Ves vídeos. Compras cosas que no necesitas pero que en ese momento parecen imprescindibles. Tu cerebro está en modo turbo. Dopamina a tope. Parece que por fin encontraste lo tuyo.

Y entonces, sin previo aviso, el interruptor se apaga.

No hay una razón concreta. No pasó nada malo. No hubo un fracaso. Es que un día te despiertas y aquello que te tenía enganchado ya no te genera nada. Nada de nada. Y lo intentas, pero es como intentar encender una hoguera con papel mojado.

Y entonces empieza el bucle que te conozco de sobra: te sientes culpable, piensas que eres un desastre, dices que esta vez no vas a repetirlo, y en unas semanas empiezas con otra cosa con la misma energía inicial.

El ciclo que nadie ve desde fuera

Hay una estructura en todo esto. No es aleatoria.

Primero viene la chispa. Algo nuevo entra en tu radar y tu cerebro lo recibe como si fuera un regalo del universo. Todo sobre ese tema te parece fascinante. Consumes información de forma brutal. Puedes pasarte horas sin aburrirte.

Luego viene la obsesión. Eso de lo que te hablo en el post sobre la fase de obsesión de tres semanas: lo ves en todas partes, lo conectas con todo, lo mencionas en todas las conversaciones aunque no venga a cuento.

Y entonces llega el abandono. No gradual. De golpe. Como cuando cortas la música en una fiesta. El silencio es inmediato.

Lo que nadie ve desde fuera es que tú no elegiste ninguna de esas tres fases. Ocurrieron. Tu cerebro las ejecutó sin pedirte permiso. Y si le preguntas a alguien de fuera qué ha pasado, te dirá que te aburriste. Pero tú sabes que no es exactamente eso. Porque a veces el hobby sigue siendo interesante. A veces el proyecto todavía tiene sentido. A veces el trabajo no está mal.

Pero algo se fue. Y no sabes qué.

La dopamina no funciona igual en todos los cerebros

A ver, voy a explicarte algo que a mí me cambió bastante la perspectiva.

Hay cerebros que necesitan dopamina constante para mantenerse en movimiento. Y cuando algo deja de ser nuevo, deja de generar esa dopamina. No porque el proyecto sea aburrido. No porque tú seas incapaz. Sino porque el estímulo de la novedad se ha agotado, y sin ese estímulo, el motor no tiene gasolina.

Es como si tu cerebro fuera un coche de Fórmula 1. Brutal en velocidad. Brutal en potencia. Pero que solo funciona con un tipo de combustible muy específico. Y ese combustible es la novedad, el reto, el estímulo intenso. En cuanto se acaba ese combustible, el coche se para. Da igual que la carretera esté despejada. Da igual que tú quieras llegar a la meta.

El coche no arranca sin su combustible.

Esto no es un defecto de carácter. Es una forma de funcionar. Y hay mucha gente que funciona exactamente así. No puedo decirte cuántos, no soy médico. Pero sí puedo decirte que cuando yo entendí que mi patrón de obsesión-abandono no era pereza sino algo estructural en cómo mi cerebro regula la motivación, empecé a dejar de machacarme.

¿Es que me aburro de todo antes de dominarlo?

Sí. Y hay algo importante ahí.

El abandono suele ocurrir justo cuando la cosa se pone difícil de verdad. Cuando ya no hay tutoriales de introducción para consumir. Cuando tienes que practicar lo que no sale bien. Cuando ya no hay sensación de progreso rápido y visible.

Y ahí es donde el cerebro dice "siguiente".

Es exactamente lo que explico en el post sobre aburrirse de los hobbies antes de dominarlos: la curva de aprendizaje tiene un valle en el que dejas de ser principiante pero todavía no eres bueno. Ese valle es el peor momento para un cerebro que vive de la novedad. Sin el subidón del principio y sin la satisfacción del dominio, solo queda el esfuerzo. Y el esfuerzo sin recompensa inmediata es prácticamente insostenible para ciertos cerebros.

No es que no puedas comprometerte. Es que tu sistema de recompensas exige un nivel de estimulación que la mayoría de las cosas no pueden mantener indefinidamente.

Lo que sí puedes hacer (sin que sea un sermón de productividad)

No te voy a vender que esto tiene solución fácil. No la tiene.

Pero sí hay cosas que ayudan cuando entiendes el patrón.

La primera es dejar de pelearte con el ciclo. Si sabes que la fase de obsesión dura tres semanas, puedes diseñar tus proyectos para sacarle partido a esas tres semanas. No luchar contra el agotamiento cuando llega, sino haber avanzado todo lo posible antes.

La segunda es entender que algunos abandónos no son fracasos. A veces explorar es el objetivo. No todo tiene que llegar a ningún sitio. El problema no es el abandono en sí, sino cuando afecta a cosas que sí importan.

Y la tercera, que es la más incómoda de escuchar: si esto te pasa en absolutamente todo y te genera un nivel de sufrimiento real, puede que valga la pena entender por qué tu cerebro funciona así. No para poner una etiqueta. Para tener información.

Porque cuando entiendes por qué te cuesta todo más que a los demás, dejas de atribuirlo a un defecto tuyo y empiezas a buscar formas de trabajar con tu cerebro, no contra él.

Esto no sustituye hablar con un profesional. Si el patrón te está afectando de verdad, una valoración psicológica vale lo que pesa en oro. Te lo digo por experiencia, no como eslogan.

---

Si te reconoces en todo esto y quieres saber si tu cerebro sigue el patrón TDAH, tengo un test de 43 preguntas. Gratis. 10 minutos. No es un diagnóstico, es un punto de partida para entender cómo funciona tu cabeza. Hacer el test.

Relacionado

Sigue leyendo