Me cuesta mantener la atención en reuniones aunque me importan

Minuto 5 de la reunión y ya estás pensando en qué vas a almorzar. No es falta de respeto. Tu cerebro procesa la información con otras reglas.

Minuto 5 de la reunión y ya estás pensando en qué vas a almorzar. No es desinterés. Tu cerebro procesa diferente.

Tu jefe lleva hablando desde hace tres minutos. Tú llevas dos y medio pensando en si el ruido que hizo tu nevera esta mañana es normal o si se está muriendo. Y no es que te dé igual lo que dice. Es que tu cerebro ha decidido que la nevera es más urgente que el presupuesto del Q2.

Y lo peor no es que te pierdas. Lo peor es que pareces atento. Estás ahí, sentado, con la cara de "estoy procesando información importante". Asintiendo. Mirando a los ojos. Y por dentro, nada. Un vacío absoluto donde debería estar la conversación sobre los KPIs del trimestre.

Nada.

¿Y si no es falta de respeto ni vagancia?

A ver, que esto hay que decirlo claro desde el principio.

No eres un borde. No pasas de la gente. No te importa poco tu trabajo. De hecho, te importa tanto que te machacas cada vez que te pillan en modo ausente. Que es básicamente cada reunión.

Es como acusar a alguien que necesita gafas de que no quiere ver la pizarra. Tío, claro que quiere ver la pizarra. El problema no es la voluntad. Es el equipamiento.

Y sin embargo, llevas años pensando que es un problema tuyo. De actitud. De disciplina. De "poner más de mi parte". Ya sabes, la clásica. La que te has dicho 4.000 veces y no ha servido de nada ni una sola vez.

Porque si fuera actitud, lo podrías cambiar. Que ese es el tema. Que si fuera pereza, con echarle ganas se arreglaba. Pero le echas ganas. Cada reunión le echas ganas. Y cada reunión acabas igual: con medio folio de garabatos y la sensación de que todo te cuesta más que a los demás.

¿Cómo puede importarme algo y no poder prestarle atención?

Esa es la paradoja que te vuelve loco.

Porque no es que la reunión sea aburrida. Bueno, a veces sí. Pero también te pasa en las que te interesan. En las que has pedido tú. En las que estás hablando de un proyecto que te flipa. Estás motivado, estás metido, y de repente tu cerebro se va a pensar en por qué los grifos del baño de la oficina hacen ese ruido.

Y vuelves. Y te has perdido algo. Y no sabes cuánto te has perdido. A lo mejor ha sido un segundo. A lo mejor han sido cinco minutos. Y esa incertidumbre es la hostia. Porque no puedes preguntar "perdona, ¿qué has dicho en los últimos cinco minutos?" sin parecer que estabas haciendo la lista de la compra.

Que probablemente la estabas haciendo. Pero no a propósito.

Es lo mismo que cuando pierdes el hilo en las conversaciones. Solo que en una conversación con tu amigo puedes disimular. En una reunión con ocho personas y tu jefa mirándote, no tanto.

¿Por qué las reuniones son una tortura para algunos cerebros?

Mira, las reuniones son el combo perfecto para que ciertos cerebros se desconecten.

Primero, son largas. No largas tipo "me aburro", sino largas tipo "mi atención tiene una batería de 7 minutos y tú me estás pidiendo una hora". Es como ponerle a un móvil con el 3% de batería un vídeo de dos horas. Puedes querer verlo. Pero la batería no entiende de querer.

Segundo, son pasivas. Estás sentado. Escuchando. Sin poder hacer nada. Y tu cerebro necesita hacer cosas para mantener el foco. Necesita moverse, tocar, escribir, algo. Quedarse quieto y escuchar es pedirle a un pez que suba una escalera.

Tercero, la información es secuencial. Una persona habla, luego otra, luego otra. Tu cerebro no procesa bien lo secuencial. Procesa en paralelo, saltando de idea en idea, haciendo conexiones. Y una reunión lineal es lo contrario de cómo tú piensas.

Y cuarto, la puñetera temperatura de la sala. No, en serio. El calor. El murmullo de fondo. La luz fluorescente. El compañero que hace click con el boli. Estímulos que la mayoría filtra sin esfuerzo pero que para ti son como tener 15 pestañas de YouTube reproduciéndose a la vez. Tu concentración se fragmenta y no hay manera de recomponerla.

¿Qué trucos has montado para que no se note?

Porque trucos tienes. Claro que tienes. Llevas años montándote un sistema de supervivencia sin darte cuenta.

El garabato permanente. Tienes un cuaderno delante y dibujas cuadrados, espirales, lo que sea. No estás pasando de la reunión. Estás intentando desesperadamente mantener tu cerebro lo suficientemente estimulado como para no desconectar del todo. El garabato es tu ancla.

Las notas compulsivas. Apuntas todo. Cada palabra. No porque vayas a releerlo, sino porque escribir te mantiene enganchado a lo que se dice. Es tu forma de no desconectar. Y si luego las notas no tienen sentido, pues bueno, ese es un problema del futuro tú.

La pregunta estratégica. Llevas diez minutos sin enterarte de nada y sueltas una pregunta lo suficientemente genérica como para que nadie note que te has perdido. "¿Y eso cómo encaja con el timeline del proyecto?" Funciona el 80% de las veces.

Sentarte cerca de la puerta. Para poder moverte sin que se note. Para estirarte. Para salir al baño cuando tu cuerpo ya no aguanta más quieto.

Y el café. Siempre el café. No porque te guste especialmente, sino porque tener algo en las manos, algo caliente, algo que hacer entre intervención e intervención, te da los 30 segundos extra de atención que necesitas.

Parece una tontería, pero estos trucos son los que te han permitido sobrevivir en un mundo diseñado para cerebros que funcionan de otra manera. No los has aprendido en un libro. Los has desarrollado a base de pasar vergüenza.

¿Y si hay una razón real detrás de todo esto?

Esto es algo que yo tardé mucho en entender.

Pensaba que era "así". Despistado. Distraído. El típico que se entera de la mitad. Como si fuera un rasgo de personalidad, como ser alto o tener los ojos marrones.

Pero resulta que no. Resulta que hay cerebros que regulan la atención de una manera y cerebros que la regulan de otra. Y los que la regulan de otra no eligen desconectarse en las reuniones. No eligen perder el hilo en las conversaciones. No eligen no poder concentrarse ni trabajando desde casa donde nadie les molesta.

Se llama TDAH. Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. Y no, no es solo lo del niño que no para quieto en clase. Es también el adulto que se pierde en la reunión del martes. El que lleva una hora delante de un informe sin avanzar. El que tiene 47 trucos para disimular que su atención va por libre.

No digo que si te cuesta mantener la atención en reuniones tengas TDAH. No soy médico. Pero sí digo que si esto te pasa siempre, en todo tipo de reuniones, con todo tipo de gente, si llevas años compensando con trucos para que nadie se dé cuenta, a lo mejor no eres "así".

A lo mejor tu cerebro funciona diferente y nadie te lo ha dicho.

Puede que esto tenga nombre

Y puede que ese nombre cambie cómo te ves.

No es la solución a todo. Saber que tu cerebro procesa diferente no hace que de repente las reuniones sean fáciles. Pero hay una diferencia enorme entre "soy un desastre que no sabe escuchar" y "mi cerebro necesita otras condiciones para prestar atención".

La primera te machaca. La segunda te da algo con lo que trabajar.

Si llevas tiempo preguntándote si lo que te pasa tiene explicación, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico. Pero en 10 minutos te da más claridad que cinco años de culparte por no prestar atención en reuniones.

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