Me cuesta entregar un trabajo que no considero perfecto

Revisas una vez, dos, cinco. Nunca está listo. El perfeccionismo que te impide entregar puede tener una causa que no has considerado.

El trabajo está hecho. Técnicamente, está hecho. Lo miras y funciona. Cumple con lo que te pidieron. Cualquier persona normal lo enviaría y pasaría a otra cosa.

Pero tú no eres cualquier persona normal. Tú abres el archivo otra vez. Cambias una frase. Ajustas un margen. Revisas los datos. Vuelves al principio. Cambias la frase que ya habías cambiado. Y cuando levantas la cabeza ha pasado una hora y media y el trabajo sigue sin estar "listo".

No porque le falte algo. Sino porque algo dentro de ti dice que no es suficiente.

¿Por qué no puedes simplemente darle a "enviar"?

Porque darle a enviar significa que alguien va a ver tu trabajo. Y si alguien lo ve, alguien puede juzgarlo. Y si alguien lo juzga y encuentra un error, eso se siente - dentro de tu cabeza - como un fracaso personal de dimensiones catastróficas.

No es que pienses eso racionalmente. Si le preguntas a tu parte lógica, sabes que un error en un informe no es el fin del mundo. Pero tu parte emocional no escucha a tu parte lógica. Tu parte emocional dice "si esto no es perfecto, van a pensar que eres un fraude".

Y contra esa sensación no puedes. Así que revisas otra vez.

Lo curioso es que si te dan una hora para hacer algo, lo haces y lo entregas sin problema. No te da tiempo a ser perfeccionista. Pero si te dan tres días, usas dos días y medio en hacerlo y medio día en retocar cosas que nadie va a notar.

El perfeccionismo no es una cualidad. Es un mecanismo de defensa. Y cuanto más tiempo tienes, más espacio le das para que tome el control.

El perfeccionismo que parece virtud pero es parálisis

A ver, que esto es importante.

Porque en el mundo laboral, ser "perfeccionista" se vende como algo bueno. "Soy muy perfeccionista" es la respuesta favorita en las entrevistas de trabajo cuando te preguntan por tus defectos. Suena a que te importa la calidad. A que eres detallista. A que haces las cosas bien.

Pero hay una diferencia enorme entre la atención al detalle y la incapacidad de entregar.

La atención al detalle hace que tu trabajo sea bueno. La incapacidad de entregar hace que tu trabajo no exista. Porque un trabajo que no entregas es un trabajo que nadie ve. Y un trabajo que nadie ve es un trabajo que no sirve para nada, por muy perfecto que sea.

Yo tengo artículos en borradores que llevan meses ahí. No porque sean malos. Sino porque nunca están "listos". Siempre falta algo. Siempre se puede mejorar una frase. Siempre hay un dato que verificar. Y mientras tanto, el artículo no existe para nadie más que para mí.

Imperfecto pero publicado siempre va a ganar a perfecto pero en tu cajón.

¿Qué pasa dentro de tu cabeza cuando vas a entregar?

Te describo la secuencia, a ver si la reconoces.

Estás a punto de enviar algo. El dedo encima del botón. Y tu cerebro genera una cascada de escenarios. "¿Y si hay una errata?" "¿Y si el jefe piensa que no me he esforzado?" "¿Y si alguien encuentra un fallo que yo no vi?" "¿Y si este trabajo es el que demuestra que en realidad no soy tan bueno?"

Y cada uno de esos pensamientos viene con una descarga emocional. No es un pensamiento frío. Es un pensamiento que te acelera el pulso y te tensa el estómago. Y para calmar esa sensación, revisas una vez más. Porque revisar te da la ilusión de control. "Si lo reviso otra vez, será más seguro."

Pero nunca es suficiente. Porque el miedo no está en el trabajo. El miedo está en ti. Y por mucho que perfecciones el trabajo, el miedo no se va.

Es como cuando no rindes en el trabajo aunque quieres. No es falta de capacidad. Es una barrera invisible entre tú y la acción que tu cerebro genera sin que puedas controlarla.

¿Y si el perfeccionismo fuera un síntoma y no una personalidad?

Esto me lo dijo mi psicóloga y me explotó la cabeza.

En personas con TDAH, el perfeccionismo compulsivo es un mecanismo de compensación. Funciona así: llevas toda la vida cometiendo errores "tontos". Olvidándote de cosas. Entregando cosas a medias por las prisas del último momento. Y cada uno de esos errores ha generado una crítica. Del colegio. Del trabajo. De tu familia. De ti mismo.

Y después de años de críticas, tu cerebro desarrolla un sistema de protección: si lo hago perfecto, nadie me puede criticar. Si reviso 17 veces, nadie encuentra un fallo. Si no entrego hasta que esté impecable, nadie me puede decir que es malo.

El perfeccionismo no es tu personalidad. Es la armadura que te has puesto después de años de recibir golpes por errores que no podías evitar.

Y la disforia sensible al rechazo - esa reactividad emocional desproporcionada ante la posibilidad de crítica - es un patrón extremadamente frecuente en adultos con TDAH. No es un diagnóstico oficial del DSM-5, pero es algo que la comunidad clínica documenta y observa constantemente.

Esto no lo digo como diagnóstico, que no me corresponde. Pero si tu perfeccionismo no se siente como una elección sino como una compulsión, quizá hay algo detrás que merece atención profesional.

Cómo convivo yo con el perfeccionismo

No lo he eliminado. Sigue ahí. Pero tengo trucos que me ayudan a funcionar a pesar de él.

El primero y más importante: me pongo un número máximo de revisiones. Dos. Máximo tres si el trabajo es importante. Lo escribo en un post-it al lado del portátil: "Solo dos revisiones." Y cuando llego a la segunda revisión, envío. Aunque me tiemble el dedo. Aunque mi cerebro diga que no está listo. Envío.

El segundo: bajo el estándar de "perfecto" a "suficientemente bueno". Y defino qué es "suficientemente bueno" antes de empezar, no después. Porque si defino el estándar antes de empezar, tengo un criterio objetivo. Si lo defino después, siempre voy a mover la línea.

El tercero: recuerdo activamente que nadie nota el 90% de lo que yo noto. Esa frase que cambié tres veces, nadie la va a leer dos veces. Ese margen que ajusté al milímetro, nadie lo va a medir. La diferencia entre mi versión 3 y mi versión 7 es invisible para cualquiera que no sea yo.

Y algo que me ayuda mucho: recordar que todo me cuesta más que a los demás no porque sea peor, sino porque mi cerebro gasta energía extra en cosas que para otros son automáticas. Y el perfeccionismo es una de las formas en las que esa energía extra se manifiesta.

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Si el perfeccionismo te paraliza más de lo que te ayuda y quieres entender si hay algo más detrás, hice un test de 43 preguntas que te puede dar bastante claridad. Gratis, sin diagnóstico, solo información útil. Hacer el test TDAH.

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