Me canso de la música que me encanta y necesito descubrir nueva cada semana
Escuchas una canción 200 veces en tres días hasta que ya no te genera nada. Y necesitas otra. Y otra. Siempre buscando el siguiente subidón.
Pongo una canción nueva y es como si el mundo se parara.
La escucho una vez. Me flipa. La escucho otra vez. Me flipa más. La escucho diez veces seguidas. Veinte. Treinta. La pongo mientras curro, mientras como, mientras me ducho. La escucho antes de dormir y es lo primero que suena cuando me despierto. Durante tres días, esa canción ES mi personalidad.
Y al cuarto día, nada.
La pongo y es como comer algo que antes te encantaba pero que ahora no te sabe a nada. Las mismas notas, la misma letra, la misma producción. Pero la emoción se fue. La magia desapareció. Y necesito otra. Urgentemente. Como si mi cerebro tuviera una cuota de novedad musical que hay que rellenar cada semana o se apaga algo por dentro.
¿Por qué machacas una canción hasta matarla?
Porque tu cerebro es un buscador de dopamina. Y una canción nueva que te gusta es una fuente de dopamina brutal.
A ver, cuando escuchas algo que te emociona, tu cerebro libera dopamina. Y la cantidad que libera depende en parte de lo nueva y sorprendente que sea la experiencia. La primera vez que escuchas una canción que te toca, el subidón es máximo. La décima vez sigue siendo bueno. La trigésima, tu cerebro ya la tiene tan mapeada que no hay sorpresa. Y sin sorpresa, no hay subidón.
Pero en vez de parar en la décima escucha como haría una persona normal, tú sigues poniéndola compulsivamente. Porque en algún momento dejó de ser "me gusta esta canción" y pasó a ser "necesito el chute de dopamina que me da esta canción". Y cuando la canción ya no te lo da, la descartas y buscas la siguiente.
Es exactamente igual que obsesionarte con algo dos semanas y desaparecer. Solo que con música el ciclo es más rápido. Días en vez de semanas.
El Spotify de un cerebro buscador de novedad
Mi Spotify Wrapped es un desastre. O sea, es interesante, pero es un desastre.
Miles de artistas diferentes. Pocas canciones repetidas a largo plazo. Listas de reproducción que creo una semana y no abro nunca más. Descubrimiento semanal como si fuera una religión. Miro las estadísticas de otra gente y tienen los mismos 50 artistas todo el año. Yo tengo 300 artistas y ninguno que escuche más de dos semanas.
Y no es que no tenga gusto. Es que mi gusto tiene fecha de caducidad. Todo lo que me gusta me gusta con una intensidad brutal durante un periodo cortísimo. Y luego necesito algo nuevo. Siempre nuevo. Siempre más.
Es agotador, la verdad. Porque buscar música nueva constantemente es un trabajo. Explorar artistas, escuchar discos enteros para encontrar una canción buena, crear listas, curar playlists. Hay gente que pone "la playlist del gym" y tira con ella seis meses. Yo necesito renovarla cada lunes.
No es solo la música
Y esto lo sabes. Porque si me estás leyendo hasta aquí es porque te pasa con todo.
Con las series: devoras tres temporadas en un fin de semana y luego no puedes ni mirar la pantalla. Con la comida: descubres un restaurante nuevo y vas cinco veces en dos semanas hasta que te aburres. Con las personas: conoces a alguien nuevo y durante unos días esa persona es lo más interesante del mundo, y luego te cansan como todo lo demás.
Es el mismo mecanismo. Novedad genera intensidad. Intensidad genera apego. El apego agota la novedad. Sin novedad, no hay intensidad. Y vuelta a empezar.
Si este patrón de consumo compulsivo-abandono se repite en muchas áreas de tu vida, no es que seas caprichoso. Puede ser que tu cerebro procese la novedad y la recompensa de una manera particular. Y eso se puede mirar con un profesional que sepa del tema.
¿Se puede disfrutar de algo sin destruirlo?
Pues mira, lo estoy intentando. No te voy a engañar, no es fácil.
Lo que hago es imponerme un límite de repeticiones. Suena absurdo, pero si me gusta una canción, me permito escucharla máximo cinco veces al día. No treinta. Cinco. Así estiro la vida útil de la canción de tres días a dos semanas.
También intento mezclar. En vez de escuchar SOLO la canción nueva, la meto en una lista con otras que ya conozco. Para que mi cerebro no se la devore de un trago.
Y sobre todo, he dejado de juzgarme por necesitar novedad constante. Es como es. Mi cerebro funciona así. En vez de luchar contra eso, le doy lo que necesita pero con un poco más de orden. Es aceptar que todo me cuesta diferente y trabajar con ello, no contra ello.
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Si tu relación con la novedad es de todo-o-nada en muchas áreas de tu vida, puede que merezca la pena entender por qué. Tengo un test de 43 preguntas que te da bastante claridad sobre cómo procesa tu cerebro la atención y la recompensa. Hacer el test TDAH.
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