Me arrepiento de mensajes que mando cuando estoy enfadado

Mandas un mensaje en caliente, te arrepientes en 30 segundos y ya no puedes borrarlo. No es mal carácter. Es otra cosa.

Nueve y media de la noche. Discusión por WhatsApp. Mi novia me dice algo que me sienta mal. Y yo, en vez de respirar, en vez de decir "hablamos luego", en vez de hacer cualquier cosa remotamente adulta, escribo un párrafo de 47 líneas que básicamente dice todo lo que no debería decir, de la peor forma posible, en el peor momento posible.

Le doy a enviar.

Y exactamente 4 segundos después, antes de que aparezca el doble check azul, ya sé que la he cagado.

¿Te suena?

¿Por qué digo cosas de las que luego me arrepiento?

Mira, el problema no es lo que dices. El problema es cuándo lo dices. Y sobre todo, lo poco que piensas antes de decirlo.

Hay personas que cuando se enfadan tienen una pausa interna. Un segundo, medio segundo, algo. Un momento en el que el cerebro dice "espera, ¿de verdad quieres decir eso?". Y esa pausa, por pequeña que sea, es la diferencia entre una conversación tensa y un desastre.

Tú no tienes esa pausa. O la tienes, pero llega después. Después de enviar el mensaje. Después de soltar la frase. Después de que el daño ya esté hecho.

Y lo peor es el loop de después. Porque primero sueltas la bomba. Luego te sientes fatal por haberlo hecho. Luego intentas arreglarlo con otro mensaje que suena a excusa. Y luego te pasas tres horas repasando la conversación pensando "por qué dije eso, por qué lo dije así, por qué no me callé".

La emoción llega antes que el filtro

Pues a ver, te explico lo que pasa.

Tu cerebro procesa las emociones a una velocidad. Y procesa las decisiones a otra. En la mayoría de la gente, estas dos velocidades están más o menos coordinadas. La emoción sube, el filtro actúa, la respuesta sale ya procesada.

En tu cerebro, la emoción va a 200 por hora y el filtro va en bicicleta. Para cuando el filtro llega, tú ya has mandado el mensaje, ya has dicho la frase, ya has dado el portazo. Es como si tu boca y tus dedos tuvieran una conexión directa con la emoción que salta cualquier control de calidad.

Y no es que no tengas filtro. Lo tienes. El problema es que tiene retraso. Por eso 30 segundos después ya sabes que la has cagado. El filtro llegó. Pero llegó tarde.

Si alguna vez has sentido que tu cerebro no tiene regulador de volumen emocional, esto es exactamente de lo que hablo. Las emociones no suben gradualmente. Suben de 0 a 100 en un parpadeo. Y cuando estás a 100, no piensas. Reaccionas.

¿Y si no es mal carácter?

Esto es lo que me fastidia. Porque cuando le dices a alguien "es que mando mensajes de los que luego me arrepiento", la respuesta siempre es la misma: "pues piensa antes de escribir". Gracias, tío. Si pudiera hacer eso, no estaría teniendo este problema.

Es como decirle a alguien que tiene miopía que mire mejor. No es un problema de actitud. Es un problema de hardware.

Y fíjate que no solo pasa con enfados. Pasa con cualquier emoción fuerte. Euforia, tristeza, frustración. Cualquier emoción intensa puede activar esa respuesta impulsiva. Dices cosas en momentos de alegría de las que te arrepientes. Tomas decisiones tristes que no tomarías en frío. Mandas mensajes enfadado que jamás dirías en persona.

Y luego viene la culpa. El repaso. El "soy imbécil". El enfado contigo mismo que es peor que el enfado original. Y ese ciclo se repite una y otra vez.

Lo que funciona (y no es "cuenta hasta 10")

No te voy a engañar: contar hasta 10 no funciona si tu cerebro no tiene freno a los 0 segundos.

Lo que sí funciona es cambiar el entorno. Yo, cuando estoy enfadado, me he prohibido contestar por escrito. Literal. Me levanto, me voy a otra habitación, y dejo el móvil en la mesa. No porque sea muy zen ni muy maduro. Sino porque sé que si tengo el teclado delante, voy a escribir algo que no debería.

Es como quitarle las balas a la pistola. Si no puedes frenar el disparo, al menos quita la munición.

Y otra cosa: si la conversación es importante, la muevo a llamada o a persona. Porque por escrito pierdes el tono, pierdes los matices, y tu cerebro llena los huecos con la peor interpretación posible. En persona puedes decir exactamente lo mismo y suena a la mitad de intenso.

Quizá tiene nombre

Ese patrón de reaccionar antes de pensar. De que la emoción te secuestre las manos y la boca. De arrepentirte siempre 30 segundos tarde. De sentir que todo te cuesta más que a los demás, incluido controlar lo que dices...

A mucha gente le pasa. Y en bastantes casos tiene un nombre concreto que no es "mal carácter" ni "falta de educación".

Se llama TDAH. Y uno de los rasgos que menos se conoce es la impulsividad emocional. No solo hacer cosas sin pensar. Decir cosas sin pensar. Escribir cosas sin pensar. Y luego pasar horas dándote cabezazos contra la pared por haberlo hecho.

Esto no es un diagnóstico. Si esto te suena demasiado, habla con un profesional. Pero deja de tratarte como si fueras una mala persona por algo que probablemente no puedes controlar con fuerza de voluntad.

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