Me aburro de mis hobbies antes de dominarlos

Empiezas algo nuevo con toda la ilusión del mundo y a las tres semanas ya no lo aguantas. Aquí te cuento por qué pasa y qué significa realmente.

La guitarra lleva nueve meses en la esquina del salón. Antes de la guitarra fue el ukelele. Antes del ukelele fue el dibujo. Y antes del dibujo hubo un mes entero en el que iba a aprender japonés.

Yo, mirando la lista: impresionante.

¿Por qué me aburro de mis hobbies tan rápido?

A ver, aquí está el patrón que reconocerás si lo has vivido.

Semana uno: esto es lo mejor que te ha pasado nunca. Te compras los libros, el material, las herramientas de calidad porque "si voy a hacerlo, lo hago bien". Ves tutoriales. Te apuntas a una comunidad. Fantaseas con cómo vas a ser dentro de seis meses.

Semana dos o tres: mola, pero ya no tanto. Cuesta más de lo que pensabas. Hay partes aburridas. Lo que produces es malísimo comparado con lo que imaginas en tu cabeza.

Semana cuatro: ¿cuándo fue la última vez que lo hice? No me acuerdo.

Y entonces viene la culpa. "Soy incapaz de terminar nada". "No tengo constancia". "No sirvo para esto". Y te quedas con una guitarra en la esquina del salón que te mira cada vez que entras.

O sea, no es que no te guste la guitarra. Te gusta la guitarra. El problema es que tu cerebro deja de encontrarla interesante en cuanto deja de ser nueva.

Novedad versus dominio

Aquí está la trampa.

Hay una fase en cualquier hobby donde todo es estimulante. Aprendes cosas nuevas a cada rato. Hay progreso visible. Cada día puedes hacer algo que ayer no podías. Tu cerebro está en modo fiesta.

Y luego llegas a la meseta.

La meseta es ese punto donde sigues aprendiendo, pero ya no se nota tanto. Donde el progreso es sutil y lento. Donde tienes que repetir cosas que ya sabes para consolidarlas. Y eso, para algunos cerebros, es como pedirle emoción a un semáforo en rojo.

El dominio viene después de la meseta. Pero muchos no llegan, porque la meseta se siente exactamente igual que aburrirse. Y cuando algo se siente como aburrimiento, el cerebro dice: "Pues mira, hay 47 cosas más en el mundo que podrías estar haciendo ahora mismo, ¿por qué seguimos aquí?"

Y tiene razón. El problema es que siempre es la misma historia. Siempre hay una siguiente cosa nueva. Y siempre llegas a la meseta. Y siempre te vas.

El resultado es una vida llena de intereses a medias y una colección de objetos comprados con muchísima ilusión que ahora sirven de decoración.

El cerebro que necesita novedad para funcionar

No te voy a decir que esto le pasa a todo el mundo por igual. No es así.

Hay personas que pueden sentarse a practicar escalas de guitarra durante una hora sin que les suponga ningún drama emocional. Lo hacen, punto. No necesitan que sea emocionante. Solo lo hacen.

Para otros, eso es físicamente insoportable. No porque sean flojos. Sino porque su cerebro necesita estímulo, novedad e interés para activarse de verdad. Sin eso, es como intentar arrancar el coche con la batería descargada. Puedes querer llegar al destino con toda tu alma, pero el coche no arranca.

Y aquí entra algo que igual ya sospechas: esa necesidad constante de novedad, ese abandono sistemático cuando la curva de aprendizaje se aplana, ese patrón de me canso de todo muy rápido que va mucho más allá de los hobbies... no es un defecto de carácter. Es cómo funciona un tipo específico de cerebro.

Uno que, por cierto, también tiene una tendencia muy concreta a tener la idea más brillante del mundo durante tres semanas y luego nada. Si eso también te suena, apunta bien.

¿Esto tiene solución o es para siempre?

Depende de qué entiendas por "solución".

Si la solución es volverse una persona que disfruta la repetición y la meseta con naturalidad... no sé. A mí me ha funcionado entender por qué pasa, no intentar convertirme en alguien que no soy.

Lo que sí ayuda es cambiar la relación con el hobby. En lugar de "voy a dominar la guitarra", entrar con "voy a explorar esto durante el tiempo que me resulte interesante". Suena a rendirse, pero no lo es. Es ser honesto con cómo funciona tu cabeza.

También ayuda construir progresión artificial cuando la natural se acaba. Si llevas tres semanas con la guitarra y ya sabes tres acordes, el siguiente estímulo no es "practica más los acordes que sabes". Es "aprende una canción que te guste de verdad ahora mismo". El cerebro necesita algo concreto hacia lo que avanzar, no "mejorar en general".

Y si el patrón es sistemático, si te cuesta todo más que a los demás y no es solo con los hobbies sino con cualquier cosa que pierde la novedad... vale la pena explorar qué hay detrás. Porque igual no es que no tengas constancia. Igual es que tu cerebro funciona con unas reglas que nadie te ha explicado todavía.

Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Pero si te reconoces en todo lo de arriba, hablar con un psicólogo o psiquiatra puede ser el punto de partida para entender algo que llevas años echándote en cara.

La guitarra sigue en la esquina

Oye, y no pasa nada.

O sea, en serio. Tienes nueve meses de vida en los que tocaste la guitarra, dibujaste, aprendiste cuatro palabras en japonés y te ilusionaste con cosas que te resultaban interesantes. Eso no es fracasar. Es vivir con un cerebro que funciona así.

El problema no es que te aburras de tus hobbies. El problema es la narrativa de que eso te hace raro, inconstante o incapaz. Porque no es eso. Es un patrón. Y los patrones, cuando los entiendes, dejan de mandarte.

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