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¿Tenía Marilyn Monroe TDAH? El cerebro frágil detrás del icono

Marilyn Monroe tenía inestabilidad emocional, dificultad de concentración y una impulsividad que la definía. Detrás del icono había un cerebro que no encontraba paz.

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Marilyn Monroe llegaba tarde a todo.

A los rodajes, a las reuniones, a las entrevistas. Horas tarde, no minutos. La producción de "Some Like It Hot" tuvo que hacer más de cincuenta tomas de una escena en la que ella solo tenía que entrar a una habitación, abrir un cajón y decir "¿Dónde está el bourbon?" porque no conseguía recordar la frase. Cincuenta tomas. La historia cuenta que Billy Wilder pegó el texto dentro del cajón.

Y lo que más me llama la atención de esa historia no es que le costara recordar la frase. Es que nadie en esa habitación, en 1959, tenía el vocabulario para decir lo que estaba pasando realmente.

Porque lo que estaba pasando no era capricho. No era profesionalismo nulo. No era que no le importara. Era un cerebro que funcionaba de una forma que ni ella ni nadie a su alrededor entendía del todo.

¿Qué rasgos de Marilyn Monroe apuntan al TDAH?

Los directores que trabajaron con ella describían lo mismo una y otra vez: una concentración errática que no respondía a esfuerzo ni a voluntad.

Había días en que Marilyn aparecía en el set y era pura presencia. Absorbía todo, memorizaba al vuelo, entregaba escenas que te dejaban sin palabras. Y había días en que no podía. No es que no quisiera. Es que algo fallaba en algún sitio y no había interruptor para arreglarlo.

Eso es lo que más resuena si conoces el TDAH: no la pereza, sino la inconsistencia. El rendimiento que sube y baja sin seguir ninguna lógica visible. El cerebro que a veces funciona a un nivel que deja a todo el mundo alucinando y otras veces no puede sostener una frase de ocho palabras.

Luego está la impulsividad emocional.

Marilyn era conocida por reacciones que desbordaban el contexto. Lloraba con una intensidad que asustaba a la gente. Se enamoraba rápido y con todo. Tomaba decisiones en segundos que luego tardaba meses en gestionar. Sus relaciones, tres matrimonios y un historial de vínculos que la agotaban, seguían siempre el mismo patrón: conexión intensa, caos, ruptura.

Eso no es solo un problema emocional genérico. Eso tiene un nombre más específico que solo en los últimos años estamos empezando a usar: desregulación emocional en el TDAH. La incapacidad de modular la intensidad de lo que sientes. De que las cosas no te afecten tanto. De dejar pasar lo que otros dejan pasar.

Y después está la búsqueda de estimulación constante.

Marilyn no paraba quieta. Cuando no rodaba, estudiaba. Llegó a tomar clases de actuación con Lee Strasberg en el Actors Studio, algo que casi nadie esperaba de la rubia que vendía millones de entradas. Leía con una voracidad que sorprendía a los intelectuales que la rodeaban. Arthur Miller contaba que su biblioteca era enorme y que los libros los había leído de verdad. Tenía proyectos, ideas, planes que se acumulaban y que raramente llegaban a destino.

Todo eso junto, la concentración errática, la impulsividad emocional, la búsqueda de estimulación, la dificultad para gestionar rutinas y compromisos, forma un perfil que hoy cualquier especialista en TDAH en mujeres reconocería al instante.

¿Y la infancia caótica lo explica todo?

Aquí hay que ser honestos.

Marilyn Monroe, cuyo nombre real era Norma Jeane Mortenson, tuvo una infancia que ningún psicólogo moderno dudaría en calificar de traumática. Madre con enfermedad mental grave, que ingresó varias veces en instituciones psiquiátricas. Padre ausente. Doce casas de acogida entre los dos y los nueve años. Un ambiente de absoluta inestabilidad desde el primer momento.

Y ese contexto importa. Mucho.

Porque parte de lo que vemos en Marilyn, la dificultad para confiar, la dependencia emocional, la búsqueda de validación constante, se puede explicar perfectamente por el trauma sin necesidad de añadir nada más. Un sistema nervioso que aprendió desde bebé que el mundo no era seguro va a responder de formas que se parecen mucho al TDAH sin serlo necesariamente.

El problema es que el trauma y el TDAH no se excluyen.

De hecho, sabemos que el TDAH tiene un componente genético fuerte. Y que las personas con TDAH, especialmente mujeres, tienen más probabilidad de vivir situaciones de estrés crónico que agravan sus síntomas. No es descabellado pensar que en Marilyn había un sustrato neurológico real sobre el que se acumuló un trauma enorme.

Pero no lo podemos saber. Y eso también importa decirlo.

La trampa del diagnóstico retroactivo

Hay algo que me genera incomodidad cuando hablamos de famosos con posible TDAH.

La tentación de buscarles diagnósticos retroactivos viene de un lugar comprensible: normalizar la condición, encontrar referentes, demostrar que el TDAH no es un impedimento. "Si Marilyn Monroe tenía TDAH y fue el icono del siglo XX, yo también puedo". Lo entiendo perfectamente.

Pero hay una trampa ahí.

Marilyn Monroe no fue un icono a pesar de su cerebro. Fue un icono con todo lo que eso costó: décadas de sufrimiento que en gran parte quedaron invisibles porque la industria del cine solo quería la superficie. Murió con treinta y seis años. Sola. Con una dependencia a medicamentos que nadie gestionó bien porque nadie entendía bien lo que le pasaba.

Si la usamos como ejemplo de "mira qué bien puede irte con TDAH", estamos omitiendo exactamente lo que hace que su historia sea importante: que sin las herramientas adecuadas para entender tu propia cabeza, el talento no te salva.

El TDAH no necesita embajadores famosos para ser válido. Lo que sí necesita es que la gente que lo tiene tenga acceso a comprenderlo antes de los treinta y seis años.

¿Qué nos dice Marilyn Monroe del TDAH en mujeres?

Bastante.

El TDAH en mujeres se diagnostica mucho menos y mucho más tarde que en hombres. Hay varias razones para eso: los síntomas tienden a ser menos disruptivos externamente, el perfil es más inatento que hiperactivo, y las mujeres aprenden antes a enmascarar lo que no funciona para no llamar la atención.

Marilyn Monroe fue maestra en ese enmascaramiento. Construyó un personaje tan efectivo que el mundo entero compró la versión de la rubia tonta y sensual, mientras la persona real se desmoronaba detrás de cámara. Los estudios lo veían como capricho de estrella. Sus terapeutas lo trataban como neurótico de Hollywood. Nadie preguntó qué pasaba realmente en ese cerebro.

Ese patrón, el de la mujer con TDAH que aprende a actuar la normalidad hasta que ya no puede más, sigue siendo uno de los más comunes y de los más ignorados.

No porque no haya señales. Sino porque no sabemos qué estamos mirando.

Entonces, ¿tenía Marilyn Monroe TDAH?

No lo sabemos.

Lo que sí sabemos es que tenía un cerebro que no encontraba paz. Que luchaba con una intensidad emocional que desbordaba cualquier marco que le ofrecieran. Que alternaba momentos de lucidez y talento extraordinario con períodos de caos total. Que la industria la consumió sin entenderla y que ella tampoco se entendió del todo a sí misma.

¿Es eso TDAH? Puede ser. Puede ser trauma. Puede ser las dos cosas. Puede ser algo que en 1962 no tenía nombre y hoy tendría varios.

Lo que me quedo es que detrás del icono había una persona que necesitaba herramientas que no existían.

Y que hoy esas herramientas sí existen.

Si sientes que tu cabeza va a una velocidad diferente, que la intensidad emocional te supera, que tu concentración es un misterio incluso para ti, el primer paso es entender qué tipo de cerebro tienes.

No para convertirte en un icono. Para que no necesites años luchando contra algo que tiene nombre.

Hacer el test de TDAH

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