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Lo que Frida Kahlo nos enseña sobre canalizar el dolor con TDAH

Frida Kahlo pintó 143 cuadros desde la cama, destrozada por dentro y por fuera. Lo que hizo con ese dolor es una lección para cualquier cerebro que siente demasiado.

tdahfamosos

A los 18 años, Frida Kahlo iba en autobús por Ciudad de México cuando un tranvía chocó contra el vehículo.

La columna destrozada. La pelvis partida. Una pierna fracturada. Un pasamanos metálico que la atravesó de parte a parte. 30 operaciones a lo largo de su vida. Meses y meses postrada en cama sin saber si volvería a caminar.

La mayoría de personas en esa situación habrían sobrevivido el accidente y se habrían derrumbado después.

Frida cogió un espejo, lo puso en el techo, y empezó a pintar.

¿Qué tiene que ver Frida Kahlo con el TDAH?

Nadie diagnosticó a Frida Kahlo con TDAH. Murió en 1954, décadas antes de que se entendiera mínimamente cómo funciona ese cerebro. Hablar de un diagnóstico retroactivo es pura especulación, y no voy a hacerlo.

Pero lo que sí puedo hacer es leer lo que dejó escrita, mirar cómo vivió, y reconocer algo.

Intensidad emocional fuera de escala. Relaciones tormentosas que no podía controlar. Una vida que no cabía en los moldes que se esperaban de ella. Impulsividad. Rebeldía. Incapacidad de hacer las cosas de manera convencional. Una energía que necesitaba salir por algún sitio, y que encontró ese sitio en la pintura.

143 obras. 55 autorretratos. Un archivo brutal de lo que es vivir sintiendo todo a volumen máximo.

Eso no lo puedo ignorar.

Porque si tienes TDAH, sabes exactamente de qué hablo cuando digo que sientes demasiado. No es metáfora. Es literal. Los cerebros con TDAH procesan la emoción de forma más intensa que el promedio. La alegría es euforia. La tristeza es hundimiento. El enfado es incendio. Y el dolor, ya sea físico o emocional, tiene una textura que no se puede ignorar aunque quieras.

Frida lo tenía todo: el dolor físico de su cuerpo roto, el dolor emocional de su relación con Diego Rivera, y un cerebro que no dejaba pasar nada de largo.

Lo que hizo con eso es lo interesante.

Cuando el cerebro que siente todo también puede crear todo

Hay una trampa mental muy común con el TDAH y las emociones intensas. La trampa dice así: "tengo demasiado dentro, esto es un problema, necesito controlarlo, calmarlo, apagarlo."

Y tiene sentido. Cuando sientes todo a mil y no sabes qué hacer con eso, la intensidad se convierte en parálisis. O en explosiones. O en espiral mental a las tres de la mañana sin motivo aparente.

Pero Frida Kahlo no intentó apagar nada.

Cogió esa intensidad, toda ella, el dolor físico que no se iba, la rabia de estar atrapada en una cama, el amor y el odio entremezclados por Diego Rivera, la frustración de un cuerpo que no obedecía, y lo volcó en el lienzo.

No como terapia de autoayuda.

No como ejercicio de mindfulness.

Como necesidad urgente de hacer algo con todo eso antes de explotar.

Y el resultado fue arte que sigue hablando 70 años después de su muerte.

Aquí es donde conecta con algo que ya he contado al hablar del cerebro con TDAH y la dopamina: el cerebro con TDAH no es un cerebro vago ni roto. Es un cerebro que funciona distinto, que necesita estímulo real para activarse, y que cuando encuentra ese estímulo puede ir a un nivel de intensidad que otros cerebros no alcanzan.

El hiperfoco de Frida en la pintura no era una elección estratégica. Era la única forma que tenía su cerebro de existir sin deshacerse.

¿Qué haces tú con todo lo que sientes?

Esta es la pregunta que me hago cuando pienso en Frida Kahlo y en cualquier persona con TDAH que está intentando gestionar una intensidad emocional que no encaja en ningún molde.

Porque la sociedad tiene un manual para las emociones. El manual dice: sé proporcional. Reacciona con calma. No hagas las cosas tan grandes. No lo tomes tan a pecho.

Y con un cerebro TDAH, ese manual no sirve de nada. Literalmente. El cerebro no lo lee.

Lo que sí funciona, y lo que Frida Kahlo hizo sin saber que lo estaba haciendo, es encontrar un canal. Un lugar donde meter todo eso. Algo lo suficientemente grande como para contener la intensidad en lugar de intentar reducirla.

Para Frida fue la pintura. Para otros es escribir. O hacer música. O construir cosas. O hablar sin parar hasta que el pensamiento encuentra forma. O correr hasta que el cuerpo se cansa lo suficiente para que el cerebro se calme.

No hay un canal único. Hay uno que funciona para ti.

Lo que sí sé es que intentar tapar la intensidad emocional con autocontrol puro funciona más o menos tan bien como intentar parar una inundación con un cubo. Puedes sacar agua, claro. Pero el agua sigue entrando.

Si te interesa entender por qué el cerebro con TDAH funciona así

El dolor como combustible, no como obstáculo

Hay una lectura superficial de la historia de Frida Kahlo que dice "sufrió muchísimo y aun así triunfó". Esa lectura es bonita pero inútil. Suena a camiseta motivacional.

La lectura que me parece interesante es otra.

Frida no ignoró el dolor. No lo gestionó. No lo procesó en diez sesiones de coaching. Lo usó. Lo metió dentro del cuadro. Lo hizo visible, concreto, real.

Y cuando algo que sientes demasiado se hace visible, concreto y real, deja de ser solo tuyo. Se convierte en algo que otros reconocen. Porque en el fondo, la intensidad emocional que caracteriza a los cerebros TDAH no es tan diferente de lo que siente mucha gente. Solo que más alta.

Cuando lo sacas fuera, cuando le das forma, resulta que muchos se ven ahí.

Eso es lo que hizo Frida con sus autorretratos. Pintó su cara, su dolor, su cuerpo roto, y la gente que los ve piensa "sí, eso lo entiendo". No porque todo el mundo haya sobrevivido un accidente de autobús. Sino porque todo el mundo conoce la sensación de estar roto por dentro y tener que seguir.

Si quieres explorar si hay algo de TDAH detrás de tu forma de sentir las cosas, de esa intensidad que no encaja del todo con lo que se espera de ti, hay un sitio donde empezar.

También hay otras figuras históricas con rasgos similares que vale la pena conocer, como Da Vinci

Pero antes de ir a Da Vinci o a cualquier otro, empieza por entender tu propio cerebro.

Porque quizás el problema no es que sientas demasiado. Quizás el problema es que todavía no has encontrado el lienzo donde meter todo eso.

Hacer el test de TDAH

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