Llego al supermercado y no recuerdo qué necesitaba
Vas al super con una lista mental clarísima. Llegas y se ha evaporado. No es mala memoria. Tu cerebro funciona diferente.
Salgo de casa con la lista en la cabeza. Leche, huevos, pan, jabón de manos, ese yogur que me gusta. Cinco cosas. Clarísimo. No necesito apuntarlo. ¿Para qué? Son cinco cosas. Me acuerdo perfectamente.
Llego al supermercado. Cojo un carro. Entro. Y se me queda la mente en blanco.
En blanco total. Como si alguien hubiera borrado la pizarra. Estoy ahí, de pie, en la sección de frutas, intentando recordar para qué he venido. Frutas no eran. O sí. No me acuerdo. ¿Leche? Creo que necesitaba leche. ¿O era que ya había comprado leche ayer? No me acuerdo.
Acabo dando vueltas por los pasillos esperando que algo me active la memoria. "Si veo el jabón de manos, me acordaré de que necesitaba jabón de manos." Esa es mi estrategia. Reconocimiento visual en vez de memoria activa. Como buscar palabras en una sopa de letras en vez de escribirlas tú.
Y al final compro tres cosas que no necesitaba y me olvido dos de las que sí.
¿Por qué se te olvida la lista entre casa y el super?
Porque tu memoria de trabajo tiene la capacidad de un post-it mojado.
La memoria de trabajo es el sistema que mantiene la información activa mientras la usas. Es la mesa donde apoyas lo que estás haciendo. Y en un cerebro que funciona de forma estándar, esa mesa es grande. Caben cinco, seis, siete cosas. Leche, huevos, pan, jabón, yogur. Todo encima de la mesa. Sin problemas.
Pero en ciertos cerebros, esa mesa es diminuta. Caben dos cosas. Tres si estás fresco. Y cada vez que entra algo nuevo, se cae algo de lo que ya estaba. Sales de casa con cinco cosas en la mesa. Llegas al coche y la mesa ya ha perdido dos. Conduces hasta el super - poniendo atención al tráfico, que también ocupa mesa - y pierdes otra. Llegas con dos. O con una y media. O con nada, si el camino fue complicado.
No es mala memoria. Es una mesa demasiado pequeña para la cantidad de cosas que tu vida necesita que sostengas a la vez.
¿Y por qué no haces lista en el móvil y ya?
Buena pregunta. La respuesta es que sí hago listas. A veces. Cuando me acuerdo de hacerla. Que es el 30% de las veces.
El otro 70% estoy convencido de que me voy a acordar. Porque en casa, con la lista fresca en la cabeza, parece imposible olvidarse de cinco cosas. La confianza es total. "¿Apuntarlo? ¿Para qué? Son cinco cosas." Y esas palabras famosas son el preludio del desastre, cada vez.
Y cuando sí hago la lista, a veces me olvido de mirarla. En serio. Tengo la lista en el móvil. Llego al super. Compro de memoria (mal). Vuelvo a casa. Y entonces veo la notificación de la lista. Genial.
Es como tener alarmas para todo y no hacerles caso. La herramienta existe. Pero entre la herramienta y tú hay un cerebro que se olvida de usar la herramienta. Es meta-olvido: olvidarte de usar lo que creaste para no olvidarte.
La compra como campo de minas
El supermercado es especialmente difícil porque es un bombardeo de estímulos.
Piensa en lo que procesa tu cerebro cuando entras: luces, colores, música, gente, carteles de ofertas, el olor del pan recién hecho, los productos en los lineales, las decisiones (¿esta marca o la otra?), la distracción del móvil que vibra, el niño que llora en el pasillo tres. Todo a la vez.
Y tu cerebro, que ya estaba sosteniendo la lista de la compra con un esfuerzo notable, recibe ese bombardeo y hace lo que hace un malabarista al que le tiran tres pelotas más: suelta las que tenía.
La lista se evapora. No porque la hayas olvidado de verdad. Está ahí, en alguna parte de tu memoria. Pero no en la memoria de trabajo. Ha caído de la mesa. Y recuperarla requiere un esfuerzo de concentración que el entorno del super hace casi imposible.
Lo que me funciona
Lista compartida con mi novia. No en mis notas. En una app compartida. Porque si la lista es mía, me olvido de mirarla. Si la lista es compartida, mi novia me manda un mensaje diciendo "¿has mirado la lista?" cuando sabe que estoy en el super. Tener a otra persona como recordatorio externo no es dependencia. Es inteligencia.
Y cuando voy solo: nada más llegar al super, antes de coger el carro, antes de entrar, antes de que las 50 pestañas del supermercado se abran en mi cerebro, abro la lista. La leo. La memorizo de nuevo con los productos frescos en la mesa de trabajo. Y entonces entro.
No es elegante. No es eficiente. Pero me ahorra volver a casa sin leche tres veces por semana.
Si la memoria de trabajo no es solo un problema en el super - si también pierdes cosas, te desorientas con el tiempo y sientes que tu cerebro no retiene nada - un profesional puede ayudarte a entender si hay algo detrás de todo esto.
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Si el supermercado es tu enemigo final y tu lista mental se evapora entre casa y la caja, tengo un test de 43 preguntas sobre cómo funciona tu memoria y tu atención. Gratis, rápido, sin humo. Hacer el test TDAH.
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