Empiezo a cuidarme y lo dejo justo cuando empiezo a sentirme mejor

Empiezas a cuidarte, te sientes mejor, y justo ahí lo dejas. Como si sentirse bien fuera la señal para parar. Esto tiene nombre.

Estoy hecho polvo. Mal. No duermo, no como bien, no hago ejercicio. Me miro al espejo y pienso: "Hasta aquí. Mañana empiezo a cuidarme."

Y empiezo. Gym. Comida sana. Dormir temprano. Agua. Todo. Una semana después me siento mejor. Dos semanas después me siento genial. Y justo ahí, en el momento exacto en el que me siento bien, lo dejo.

No lo decido conscientemente. No digo "ya estoy bien, voy a dejar de cuidarme". Simplemente dejo de hacerlo. Como si el cerebro dijera: "Problema resuelto. Ya no duele. Siguiente."

Y tres semanas después estoy otra vez hecho polvo. Mirándome al espejo. "Hasta aquí. Mañana empiezo." Otra vez.

¿Por qué dejo de cuidarme justo cuando funciona?

Porque tu cerebro no funciona con prevención. Funciona con urgencia.

Cuando estás mal, hay urgencia. "Necesito hacer algo YA." Y esa urgencia es suficiente motivación para actuar. Tu cerebro detecta el problema y activa el modo solución. Gym, dieta, agua, sueño. Todo a la vez. Modo emergencia.

Pero cuando empiezas a sentirte bien, la urgencia desaparece. Ya no hay problema. Ya no hay dolor. Y sin dolor, no hay motor. Tu cerebro mira la situación y dice: "¿Por qué estamos yendo al gym si ya nos sentimos bien?" Y deja de ir.

Es como tomar antibióticos. El médico te dice 7 días. Al tercer día te sientes bien. Y dejas de tomarlos. Porque tu cerebro asocia "me siento bien" con "ya no necesito hacer nada". Aunque la realidad sea justo la contraria: te sientes bien PORQUE estás haciendo algo.

El ciclo del subibaja

Lo he vivido tantas veces que podría ponerle calendario.

Semana 1-2: Me siento mal. Empiezo a cuidarme con ganas.

Semana 3-4: Me siento mejor. La motivación baja.

Semana 5: Dejo de hacer cosas poco a poco. "Hoy no voy al gym, que estoy cansado." "Hoy pido comida, que no me apetece cocinar."

Semana 6-7: He vuelto al punto de partida. Me siento mal otra vez.

Semana 8: "Hasta aquí. Mañana empiezo."

Es un ciclo. Un subibaja. Y lo más frustrante es que sabes que está pasando. Ves el patrón. Lo reconoces. Pero no puedes pararlo. Porque no es una decisión. Es cómo funciona tu cerebro.

Es la misma razón por la que te cansas de todo muy rápido. No es que pierdas el interés. Es que la señal que te hacía actuar desaparece cuando el resultado aparece.

¿Soy el único que hace esto?

No. Para nada. Esto le pasa a mucha gente. Pero hay personas a las que les pasa MÁS. Personas que no solo lo hacen con el autocuidado, sino con todo. Con el trabajo. Con los proyectos. Con las relaciones. Con las rutinas. Con todo lo que requiere constancia que no pueden mantener.

Si tu vida entera funciona así - arranques intensos seguidos de abandonos cuando la cosa mejora - no es un defecto de carácter. Es un patrón neurológico. Tu cerebro responde a la urgencia y desconecta cuando la urgencia desaparece. No es bueno ni malo. Simplemente es.

Pero entenderlo cambia la forma en la que te tratas. Pasas de "soy un inconsistente que no se puede cuidar" a "mi cerebro funciona con urgencia y necesito diseñar mis hábitos para eso".

¿Qué hago para no caer otra vez?

Lo que a mí me funciona: no esperar a sentirme mal para actuar. Pero como eso es fácil de decir y difícil de hacer, voy con algo más práctico.

Pon el hábito en el calendario como una cita. No como un deseo. Como una cita con alguien importante. "Jueves a las 18: gym." No importa si te sientes bien o mal. Es una cita. Vas.

O mejor aún: hazlo con alguien. Un amigo. Un grupo. Alguien que te pregunte "¿vienes hoy?" Porque la presión social funciona cuando la motivación interna ya no funciona. No es lo más bonito del mundo, pero es real.

Y si este ciclo de cuidarte-sentirte mejor-dejarlo te suena a tu vida entera, no solo al gym, hay una explicación más profunda que "soy inconsistente". Y entenderla es el primer paso para romper el ciclo de verdad.

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