Volver al blog

Leer el mismo párrafo 10 veces y no enterarte: TDAH y la lectura imposible

Tus ojos leen pero tu cerebro está en otra parte. Con TDAH, leer un libro es un deporte de resistencia. Y nadie te lo explicó.

tdah

Tus ojos pasan por las palabras. Tu cerebro está en otra galaxia.

Llevas 10 minutos en la misma página y no podrías decir de qué va. Las letras están ahí, las has visto todas, tu mirada ha recorrido cada línea de izquierda a derecha como manda la tradición. Pero si alguien te preguntara "¿qué acabas de leer?", tu respuesta honesta sería una cara de póker y un silencio incómodo.

Leer con TDAH es un ejercicio de frustración pura.

Y no porque no te guste leer. Ese es el chiste más cruel del asunto. Te encanta leer. O te encantaría, si tu cerebro cooperara. Pero cada vez que abres un libro, tu cabeza decide que es buen momento para pensar en qué vas a cenar, en aquel mensaje que no contestaste, en si las jirafas duermen de pie, y en un recuerdo random de cuando tenías 8 años.

Todo eso. En medio de un párrafo.

¿Por qué no puedo concentrarme leyendo si tengo TDAH?

Porque leer es, neurológicamente hablando, una de las peores actividades para un cerebro con TDAH.

Piénsalo. Leer un libro requiere: atención sostenida durante largos periodos, procesar información de forma lineal, inhibir estímulos externos, y mantener la memoria de trabajo activa para conectar lo que lees ahora con lo que leíste hace tres páginas.

Básicamente, todo lo que al cerebro con TDAH le cuesta la vida.

Tu cerebro funciona con dopamina. Y leer un libro, sobre todo si no es un thriller que te tiene al borde del sillón, no genera suficiente dopamina para mantener el sistema enganchado. Es como intentar cargar un móvil con un cable medio roto: a veces pilla, a veces no, y la mayoría del tiempo se queda en el 12% mientras tú rezas para que no se apague.

Lo que pasa cuando lees con TDAH es esto: tus ojos siguen el texto, pero tu cerebro se desconecta silenciosamente. No hay un momento de "ahora dejo de prestar atención". Simplemente, en algún punto entre la tercera y la cuarta línea, tu mente se va. Y sigues leyendo. En piloto automático. Sin entender nada.

Hasta que de repente te das cuenta de que llevas medio párrafo en otra dimensión. Vuelves al principio. Lo intentas otra vez. Y pasa lo mismo.

Diez veces. Con el mismo párrafo.

El problema no es que no leas. Es que lees sin leer.

Esto tiene un nombre técnico: lectura sin comprensión. Tus ojos hacen el movimiento, tu boca podría incluso estar susurrando las palabras, pero la información no se procesa. Es como tener una tubería abierta pero con un tapón en medio. El agua sale por un lado, pero no llega al otro.

Y lo más frustrante es que tú notas que no te estás enterando, pero no puedes hacer nada. No es falta de voluntad. No es que estés mirando el móvil. Estás ahí, con el libro delante, con toda la intención del mundo. Pero tu cerebro ha decidido que no.

Cuando era más joven pensaba que simplemente no me gustaba leer lo suficiente. Que era vago. Que si de verdad quisiera, podría concentrarme. Me compré libros que me hacían ilusión, intenté retos de lectura de verano que duraban lo que un helado en agosto, y cada vez que abandonaba uno sentía que el problema era mío.

No era mío. Era de mi cerebro, que funciona con un sistema operativo distinto al de la mayoría.

¿Entonces la gente con TDAH no puede leer?

Claro que puede. Pero no de la misma forma.

El mismo cerebro que no es capaz de terminar una página de un ensayo, puede comerse 400 páginas de una novela de fantasía en una noche. Sin parar. Sin pestañear. Sin levantarse ni para beber agua.

Eso es el hiperfoco. Cuando el contenido genera suficiente dopamina, el cerebro con TDAH no es que se concentre. Se funde con el libro. Se olvida del mundo. Podrían pasar tres horas y tú jurando que han sido 20 minutos.

El problema es que no puedes elegir cuándo pasa. No hay un botón. No depende de tu voluntad, ni de tu disciplina, ni de que "te lo propongas de verdad". Depende de si tu cerebro encuentra en ese texto el estímulo que necesita.

Y eso significa que hay libros que tu cerebro acepta y libros que tu cerebro rechaza. Y no tiene nada que ver con la calidad del libro ni con lo inteligente que seas. Tiene que ver con la dopamina. Punto.

Lo que nadie te dice sobre leer con TDAH

Que no es solo libros.

Es leer emails largos y llegar al final sin saber qué te pedían. Es leer un contrato y tener que empezar desde cero tres veces. Es leer las instrucciones de un mueble de IKEA y acabar improvisando porque la letra pequeña te produce un cortocircuito mental.

Es perder el hilo de una película porque en el fondo es el mismo problema: atención sostenida sobre una narrativa que avanza sin esperarte.

Y es sentirte raro por ello. Porque todo el mundo parece poder leer sin problemas. Tu compañero se lee el informe del trabajo en 5 minutos, y tú llevas media hora atascado en la segunda página preguntándote si necesitas gafas nuevas o un exorcismo.

No necesitas ninguna de las dos cosas. Necesitas entender cómo funciona tu cabeza.

Trucos que funcionan (no magia, sentido común)

No voy a venderte la solución mágica que no existe. Pero hay cosas que ayudan:

Lee en bloques cortos. 15 minutos con descanso es mejor que una hora de lucha. Tu cerebro rinde mejor en sprints que en maratones.

Lee con un lápiz en la mano. Subraya, anota, haz garabatos. Darle a tu cerebro algo extra que hacer mantiene la atención más enganchada. Es como darle un juguete al niño para que se esté quieto.

Acepta que hay libros que tu cerebro va a rechazar. Y no pasa nada. No tienes que terminarte todo lo que empiezas. Eso es mentira que nos vendieron en el colegio.

Lee lo que te pida el cuerpo. Si tu cerebro quiere novela gráfica, dale novela gráfica. Si quiere audiolibro mientras paseas, perfecto. La información entra por muchos sitios. No solo por texto plano en papel.

Y sobre todo: deja de culparte. Releer el mismo párrafo 10 veces no significa que seas tonto. Significa que tu cerebro necesita más estímulo que la media para mantener la atención. Eso es TDAH. No es un defecto. Es una forma diferente de funcionar.

---

Si la lectura se te resiste y quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No diagnostica, pero en 10 minutos te da más claridad que releer el mismo párrafo por undécima vez.

Relacionado

Sigue leyendo