Me aburro si no pasa nada emocionante: necesito estímulo constante

La calma te incomoda. Necesitas que pase algo, lo que sea. Tu cerebro pide estímulo constante y no sabes por qué.

Es sábado. No tienes planes. No tienes obligaciones. Deberías estar disfrutando. Y estás inquieto.

No inquieto por algo concreto. Inquieto porque no pasa nada. Inquieto porque el silencio te pesa. Porque la calma, en vez de relajarte, te genera una sensación de vacío que no sabes cómo llenar.

Y empiezas a buscar. Lo que sea. El móvil. Una serie. Un drama. Una discusión. Un proyecto nuevo. Un hobby nuevo. Cualquier cosa que active algo dentro de ti. Porque la alternativa es quedarte con esa sensación de nada que te come por dentro.

¿Por qué la calma me incomoda en vez de relajarme?

Pues porque tu cerebro funciona con un nivel de estímulo base que es más alto que el de la mayoría. La gente normal puede sentarse en el sofá un sábado por la tarde, no hacer absolutamente nada, y sentirse en paz. Tu cerebro no puede.

Imagínate que tu cerebro es un motor que necesita estar a 4.000 revoluciones para funcionar bien. El de la mayoría funciona a 1.500. Cuando estás en un entorno tranquilo, sin estímulos, el motor de los demás baja a 1.000 y se queda ronroneando. El tuyo baja a 500 y empieza a fallar. Porque no tiene suficiente combustible para mantenerse en marcha.

Ese combustible es la dopamina. Y tu cerebro necesita más que el promedio para funcionar. No porque seas adicto a la emoción, sino porque tu sistema de recompensa tiene el umbral más alto. Lo que a otros les satisface, a ti no te llega.

Y por eso buscas estímulo. No porque seas un impaciente o un inquieto sin remedio. Porque tu cerebro literalmente te pide que hagas algo para sentirse vivo.

La búsqueda constante de "algo más"

Esto se manifiesta de formas que la gente no asocia con lo que realmente es.

Cambias de serie a los 15 minutos porque ya no te engancha. Abres el móvil sin motivo 50 veces al día. Buscas conflictos donde no los hay porque el aburrimiento es insoportable. Empiezas hobbies nuevos cada dos semanas. Necesitas música de fondo para existir.

Y cuando alguien te dice "¿por qué no puedes simplemente estar tranquilo?", no tienes una buena respuesta. Porque la verdad es que no puedes. No es que no quieras. Es que tu cerebro interpreta la calma como una amenaza. Como si algo estuviera mal. Como si la ausencia de estímulo significara que algo malo va a pasar.

Si alguna vez has notado que cuando algo te apasiona no puedes parar, es la otra cara de la misma moneda. Tu cerebro oscila entre "nada me interesa" y "esto me consume completamente". No hay término medio. Es cero o cien.

El aburrimiento que duele

Y no, no hablo del aburrimiento normal. No hablo de "no sé qué ver en Netflix". Hablo de un aburrimiento que se siente físico. Que te pone nervioso. Que te da ansiedad. Que te hace sentir que te falta algo aunque no sabes qué.

Es un aburrimiento que la gente no entiende. Porque para ellos aburrirse es un estado neutro. Para ti es un estado activamente doloroso. Es como tener hambre de algo que no sabes qué es. Abres la nevera emocional, miras todo lo que hay, y nada te satisface.

Yo he estado en situaciones donde todo iba bien. Literalmente todo. Trabajo bien, relación bien, salud bien. Y seguía sintiéndome inquieto. Como si faltara algo. Como si la vida necesitara más intensidad para ser suficiente.

Y eso me hacía sentir culpable. Porque la gente que tiene problemas reales matría por tener lo que yo tenía. Y yo ahí, incapaz de disfrutarlo. Sintiéndome un desagradecido.

Pero no era desagradecimiento. Era neurología.

¿Por qué nadie habla de esto?

Porque la gente confunde necesitar estímulo con ser inmaduro. Con no saber estar solo. Con ser impaciente. Y ninguna de esas cosas es lo que pasa.

Lo que pasa es que hay un regulador de volumen emocional que en tu cerebro no funciona como debería. Y eso afecta tanto a las emociones fuertes como al aburrimiento. Todo está conectado.

Si además te aburres en las conversaciones aunque quieras estar presente, ya tienes otro síntoma del mismo cuadro. No es que no te importe la gente. Es que tu cerebro necesita un nivel de estimulación que una conversación normal a veces no da.

A mucha gente le cuesta todo más que a los demás. Y una de las cosas que más cuesta es algo que nadie considera difícil: estar tranquilo.

Esto no es un diagnóstico. Si lo que describo te suena a tu vida entera, habla con un profesional. No para que te diga que eres impaciente, sino para que te explique por qué el silencio te pesa tanto.

Hice un test de 43 preguntas. Diez minutos. Gratis. No es un diagnóstico, pero puede ser el primer paso para entender por qué tu cerebro no sabe estar quieto. Hazlo aquí.

Relacionado

Sigue leyendo