Lo que Kanye West nos enseña sobre TDAH y no tener filtro
Kanye dice lo que piensa sin filtro. Le ha costado todo. Pero también creó obras maestras. Ese patrón tiene nombre: TDAH.
Kanye West dice lo que piensa en el momento en que lo piensa. Sin filtro, sin pausa, sin considerar consecuencias. Le ha costado contratos, amistades y su reputación. Pero también es lo que le hizo crear obras maestras. Y eso tiene un patrón.
Porque lo que mucha gente ve como "ser polémico por llamar la atención" o "estar loco", los que tenemos TDAH lo reconocemos al instante. Esa incapacidad de frenar la boca antes de que el pensamiento se convierta en palabra. Esa sensación de que la idea ya ha salido de tu boca antes de que tu cerebro haya tenido tiempo de evaluarla.
No es estrategia. No es marketing. Es un cerebro que funciona sin el botón de pausa que el resto de la gente parece tener de serie.
¿Por qué Kanye no puede callarse?
Hay que aclarar algo importante: Kanye West no tiene un diagnóstico público de TDAH. Lo que sí tiene es un diagnóstico de trastorno bipolar, que él mismo ha confirmado. Pero la impulsividad verbal, la incapacidad de filtrar pensamientos, la velocidad a la que su cerebro conecta ideas aparentemente inconexas, todo eso se solapa con rasgos que conocemos muy bien los que convivimos con el TDAH.
Y aquí no se trata de diagnosticar a nadie desde un blog. Se trata de observar un patrón que es útil para entendernos a nosotros mismos.
Kanye ha interrumpido discursos de premiación en directo. Ha soltado opiniones políticas incendiarias en mitad de entrevistas sobre música. Ha llamado a periodistas para decirles exactamente lo que piensa de ellos a las dos de la mañana. Ha tuiteado cosas que sus propios abogados le suplicaban que borrara.
Eso no es ser valiente. Eso es no poder evitarlo.
Es lo mismo que le pasó a Napoleón cuando dictaba a cuatro secretarios a la vez. La cabeza va tan rápido que si no sueltas lo que piensas en el momento exacto, se pierde. Y tu cerebro lo sabe. Así que prioriza la velocidad sobre el filtro. Cada vez. Sin excepción.
¿Qué nos enseña Kanye sobre vivir sin filtro con TDAH?
Aquí viene lo interesante. Porque la misma falta de filtro que le ha destruido relaciones y contratos millonarios es la que le ha hecho producir algunos de los discos más innovadores de los últimos veinte años.
"My Beautiful Dark Twisted Fantasy" no lo hizo alguien que piensa las cosas dos veces. Lo hizo alguien que mezcla gospel con hip-hop con rock progresivo porque en su cabeza todo eso suena a lo mismo. Lo hizo alguien que a las cuatro de la mañana le dice a su ingeniero de sonido "mete un coro de treinta personas encima de ese beat" y no se para a pensar si es buena idea o no.
Porque para un cerebro sin filtro, las ideas no pasan por el departamento de control de calidad. Van directas de la cabeza al mundo.
Y a veces, eso produce basura. Tuits que debería haber borrado. Declaraciones que no tienen sentido. Proyectos que empiezan con una energía brutal y se abandonan a las dos semanas.
Pero otras veces, eso produce "Runaway". Una canción de nueve minutos que empieza con una nota de piano y acaba con tres minutos de Auto-Tune distorsionado que suena como un cerebro intentando comunicarse con el mundo y fallando. Eso no sale de un proceso creativo ordenado. Sale de un cerebro que funciona a otra velocidad.
La trampa de romantizar la falta de filtro
Ahora bien. Si alguien lee esto y piensa "mola, entonces no tener filtro es un superpoder", le falta la mitad de la película.
Porque Will Smith también funciona con esa impulsividad. Y un día, en directo, delante de millones de personas, esa impulsividad se convirtió en una bofetada que casi acaba con su carrera. La misma energía que le hacía ser el tío más carismático de Hollywood le hizo levantarse de su asiento y cruzarle la cara a alguien en los Oscar.
No es un superpoder. Es un rasgo. Y como todos los rasgos, depende de dónde lo pongas.
Kanye en un estudio de grabación, sin filtro, con acceso a los mejores músicos del mundo y libertad total para experimentar. Eso es genio.
Kanye en Twitter a las tres de la mañana, sin filtro, sin nadie que le diga "tío, igual esto no lo publiques". Eso es desastre.
El patrón se repite una y otra vez. Lo vemos con Maradona, con Will Smith, con Kanye. La impulsividad no es buena ni mala. Es energía en bruto que necesita un canal adecuado.
Lo que puedes llevarte de todo esto
Kanye West probablemente no sea el mejor modelo a seguir del mundo. Pero su historia ilustra algo que a los que tenemos TDAH nos viene bien recordar.
No vas a dejar de ser impulsivo. No vas a instalar un filtro que no viene de fábrica en tu cerebro. La medicación ayuda, las estrategias ayudan, la terapia ayuda. Pero la tendencia a soltar lo que piensas antes de procesarlo va a estar ahí.
La pregunta no es "cómo elimino esto". La pregunta es "dónde coloco esto para que funcione a mi favor".
Kanye lo colocó en el estudio. Y creó obras maestras.
Lo colocó en las redes sociales. Y creó incendios.
Mismo cerebro. Mismo rasgo. Resultados opuestos dependiendo del contexto.
Eso es lo que nadie te cuenta del TDAH. Que no tienes un cerebro roto. Tienes un cerebro sin filtro de serie. Y la diferencia entre genialidad y caos no está en el cerebro. Está en dónde decides usarlo.
Aunque "decides" sea una palabra generosa para lo que hace un cerebro con TDAH a las tres de la mañana con el móvil en la mano.
Si alguna vez has sentido que tu boca va más rápido que tu cabeza, que las ideas salen antes de que puedas evaluarlas, puede que no sea impulsividad sin más. Puede que tu cerebro funcione de una forma que merece la pena entender.
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