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Iniesta vs Phelps: dos cerebros TDAH, dos formas de dominar el deporte

Phelps tiene TDAH diagnosticado y 23 oros olímpicos. Iniesta encaja en el perfil inatento. Mismo cerebro, deportes opuestos.

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Phelps convirtió su hiperactividad en 23 medallas de oro. Iniesta convirtió su inatención en los mejores pases de la historia del fútbol. El mismo cerebro, dos deportes completamente distintos.

Y si piensas que el TDAH solo funciona de una manera, que es solo el niño que no para quieto o el chaval que se levanta de la silla cada tres minutos, esta comparativa te va a hacer replantearte unas cuantas cosas.

Porque estos dos tíos cogieron el mismo tipo de cabeza y la usaron en direcciones opuestas. Y los dos llegaron a lo más alto del deporte mundial.

¿Qué sabemos del TDAH de cada uno?

Primero, los datos. Porque no es lo mismo especular que confirmar, y aquí hay que ser honesto.

Michael Phelps tiene TDAH diagnosticado

Con Andrés Iniesta la cosa es diferente. No hay diagnóstico público. Lo que hay es un perfil que encaja como un guante en el TDAH predominantemente inatento. Esa capacidad para desconectar del ruido, para ver cosas que nadie más ve en el campo, esa tendencia a la introspección profunda y a la ansiedad que él mismo ha contado. Iniesta ha hablado abiertamente de su depresión y de cómo su cabeza funciona de forma diferente. Pero no ha dicho "tengo TDAH". Así que aquí analizamos señales, no certificados.

Dicho esto, lo interesante no es el papel del médico. Es lo que cada uno hizo con un cerebro que no venía con instrucciones.

¿Por qué el TDAH funciona tan diferente en cada deporte?

Aquí es donde se pone bueno.

Phelps es pura hiperactividad. Un motor que no para. De niño no podía sentarse, no podía estar quieto, no podía dejar de moverse. Su madre le metió en natación porque necesitaba un sitio donde quemar toda esa energía antes de que el colegio le echara.

Y funcionó. Porque la natación es el deporte perfecto para un cerebro hiperactivo. Es repetición física brutal. Metros y metros de piscina, ida y vuelta, ida y vuelta. Todo tu cuerpo trabajando a tope durante horas. El cerebro de Phelps necesitaba eso: agotarse físicamente para poder funcionar mentalmente.

Iniesta es lo contrario. Iniesta es el silencio.

Mientras Phelps quemaba energía a brazadas, Iniesta se quedaba quieto en el centro del campo, mirando. Procesando. Viendo pases que nadie más veía. Su cerebro no necesitaba moverse. Necesitaba observar. Absorber información a una velocidad que el resto no alcanzaba y luego soltar el balón en el momento exacto, al hueco exacto, con la fuerza exacta.

Si Phelps es un reactor nuclear que necesita liberar energía constantemente, Iniesta es un radar que capta señales que los demás ni siquiera saben que existen.

Y los dos son el mismo trastorno. La misma base neurológica. El mismo cerebro que funciona diferente al estándar.

Solo que uno lo expresó con el cuerpo y el otro con la cabeza.

El hiperfoco del agua y el hiperfoco del césped

Phelps entrenaba seis horas diarias, seis días a la semana. Desde los catorce años. Sin faltar un solo día. Incluido Navidad. Incluido su cumpleaños. Incluido el día que se rompió la muñeca y entrenó con una sola mano porque su cerebro no concebía no meterse en el agua.

Eso no es disciplina normal. Eso es hiperfoco. Un cerebro con TDAH que encontró su cosa y se enganchó a ella con una intensidad que roza lo obsesivo. La natación le daba todo lo que su cabeza necesitaba: estímulo constante, progreso medible, y un objetivo claro al final de cada largo.

Iniesta tenía un hiperfoco diferente. No era el entrenamiento físico lo que le enganchaba. Era el juego. La lectura del partido. Podía pasarse horas viendo grabaciones de rivales, analizando patrones, descifrando cómo se movía cada jugador. Su cerebro inatento, ese que supuestamente "no se concentra", se concentraba durante horas cuando el estímulo era el correcto.

Porque eso es lo que la gente no entiende del TDAH. No es que no puedas concentrarte. Es que tu cerebro elige en qué concentrarse sin pedirte opinión. Y cuando encuentra su tema, no hay quien lo saque de ahí.

Phelps encontró el agua. Iniesta encontró el balón. Y los dos se sumergieron tan profundo que salieron siendo los mejores del mundo en lo suyo.

La parte difícil que comparten los dos

Aquí es donde la comparativa deja de ser bonita.

Porque los dos, con todo su éxito, con todas sus medallas y sus goles en finales de mundiales, han pasado por momentos oscuros.

Phelps ha hablado de su depresión después de los Juegos Olímpicos. De las noches sin dormir. De pensar que no quería seguir viviendo. El tío con más medallas olímpicas de la historia, en su habitación, sin poder levantarse de la cama. Porque cuando se acababa la competición y el cerebro ya no tenía dónde volcar toda esa energía, la energía se volvía contra él.

Iniesta ha contado cómo la ansiedad y la depresión le paralizaron durante meses. Cómo había días que no quería salir de casa. Cómo el mismo cerebro que le hacía ver pases imposibles también le hacía ver catástrofes imposibles cuando se quedaba solo con sus pensamientos.

Es la otra cara del TDAH. La que no sale en los titulares de "genio del deporte" o "talento sobrenatural". El cerebro que te da superpoderes en tu disciplina es el mismo cerebro que no tiene botón de apagar cuando vuelves a casa. Y eso pesa. Pesa mucho.

Los dos buscaron ayuda. Phelps con terapia y hablando públicamente. Iniesta con tratamiento y con el apoyo de su entorno. Y los dos han dicho, cada uno a su manera, que pedir ayuda no te hace más débil. Te hace más listo.

¿Qué te dice esta comparativa sobre tu propio cerebro?

Que no hay una sola forma de tener TDAH. Ni una sola forma de que funcione. Ni una sola forma de convertirlo en algo que juegue a tu favor.

Phelps necesitaba quemar energía a lo bestia. Iniesta necesitaba silencio para procesar. Phelps era el huracán. Iniesta era el ojo del huracán. Y los dos tenían razón. Los dos encontraron su manera.

Si tu cerebro es más Phelps, necesitas movimiento. Actividad física. Algo que te canse el cuerpo para que la cabeza pueda pensar. Si tu cerebro es más Iniesta, necesitas espacio para observar. Para procesar a tu ritmo sin que nadie te meta prisa.

Lo que no puedes hacer es coger el manual del cerebro de Phelps y aplicártelo si eres un Iniesta. O viceversa. Porque el TDAH en cada persona es un mundo diferente, y la clave no es copiar lo que le funcionó a otro, sino entender cómo funciona el tuyo.

Y para eso, primero tienes que saber qué tienes entre manos.

Si te has visto reflejado en alguno de los dos, puede que tu cerebro funcione de forma parecida. No hace falta que ganes medallas ni metas goles en finales. Solo hace falta que entiendas cómo funciona tu cabeza.

Hacer el test de TDAH

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