La hora de oro del emprendedor con TDAH (y por qué la estás desperdiciando)

Tienes una franja del día donde tu cerebro funciona de verdad. Si no la proteges, la llenas de reuniones, emails y cosas que no requieren ese nivel de.

Tu cerebro no funciona igual a las ocho de la mañana que a las tres de la tarde.

Esto parece obvio pero la mayoría de emprendedores no actúa en consecuencia. Ponen las reuniones donde hay hueco. Responden emails cuando llegan. Crean contenido cuando no tienen más remedio. Y se preguntan por qué hay días en los que producen mucho y otros en los que no llegan a nada.

La respuesta casi siempre es la misma: qué hiciste con tu hora de oro.

La hora de oro, o el bloque de oro, es la franja del día en la que tu cerebro alcanza su pico de funcionamiento. Más capacidad de concentración, más claridad para tomar decisiones, más fluidez para crear. No dura todo el día. Dura entre una y tres horas dependiendo de la persona. Y si no la proteges activamente, alguien o algo la llenará con algo que no lo merece.

¿Cómo identificar cuál es tu hora de oro?

Observando sin juzgar durante una semana.

Anota cada día a qué hora empezaste a trabajar de verdad. No a qué hora abriste el ordenador. A qué hora empezaste a producir algo que valía la pena. Anota también cuándo dejaste de poder hacerlo. Cuando el cerebro empezó a ir más lento, cuando las decisiones empezaron a costar más, cuando la pantalla dejó de tener sentido.

Después de cinco días tienes un patrón. La mayoría de personas tiene su pico entre las ocho y las doce de la mañana. Algunos son nocturnos y el pico llega entre las diez de la noche y la una. Hay quienes tienen dos picos con un valle en medio.

Con TDAH, esto es especialmente relevante porque la variación entre el pico y el valle no es gradual. Es un precipicio. Cuando se acaba la energía cognitiva, se acaba de golpe. Y en el valle puedes estar sentado delante del ordenador, mirando la pantalla, sin que tu cerebro genere nada útil por mucho que lo intentes.

¿Qué tipo de trabajo merece tu hora de oro?

Lo que más dinero genera y lo que más concentración requiere. Y las dos cosas suelen ser las mismas.

Crear contenido que va a llegar a miles de personas. Trabajar en el proyecto de cliente que paga más. Tomar las decisiones estratégicas que definen el rumbo. Escribir la propuesta comercial que puede cambiar el mes.

Lo que no merece tu hora de oro: responder emails rutinarios, reuniones de seguimiento que no van a ningún lado, tareas administrativas, redes sociales, revisar métricas que no vas a poder actuar de inmediato.

No es que esas cosas no tengan que hacerse. Es que no necesitan tu cerebro en su mejor momento. Las puedes hacer en el valle de las cuatro de la tarde y saldrán igual de bien. Reservar la hora de oro para ellas es como usar un bisturí de cirugía para cortar pan.

¿Por qué es tan difícil proteger este bloque cuando más lo necesitas?

Porque la mayoría de las cosas urgentes no son importantes.

El cliente que quiere una reunión "urgente" a las diez de la mañana. El email que llegó anoche y sientes que tienes que responder antes de nada. La tarea que alguien añadió al proyecto con prioridad alta y que podría haberse resuelto mañana.

El TDAH tiene una relación particular con la urgencia. Cuando algo se presenta como urgente, el cerebro lo prioriza automáticamente aunque no sea lo más importante. Es el mismo mecanismo que te hace hacer lo urgente antes que lo importante aunque sepas que debería ser al revés.

Proteger la hora de oro requiere poner barreras físicas. El teléfono en modo avión. Las notificaciones apagadas. La puerta cerrada si puedes. Y comunicar a los que trabajas contigo cuándo estás disponible y cuándo no.

No es ego. Es gestión de recursos. Tu cerebro en su mejor momento es tu recurso más valioso. Malgastarlo en lo que puede esperar es el gasto más caro que cometes cada día.

¿Qué pasa si tu hora de oro coincide con compromisos que no puedes mover?

Los mueves en cuanto puedes o los eliminas.

A veces hay reuniones que no se pueden cambiar. Compromisos que existían antes de que supieras cuál era tu hora de oro. En esos casos, adapta lo que puedas alrededor.

Pero si sistemáticamente tu hora de oro está llena de cosas que no son producción real, hay un problema de diseño en tu agenda que ninguna app de productividad va a resolver. Solo lo resuelve tomar decisiones incómodas sobre qué eliminas o a qué dices que no.

Como delegar o no hacer: la hora de oro no se crea. Se libera. Y librarla muchas veces significa renunciar a hacer cosas que crees que tienes que hacer tú.

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