El miedo que no reconoces como miedo en tu negocio

No todo el miedo llega con cara de miedo. A veces llega como procrastinación, como perfeccionismo, como estar muy ocupado o como necesitar más datos antes.

El miedo que reconoces no es el problema.

El que sabes que es miedo lo puedes trabajar. Lo puedes nombrar, lo puedes confrontar, lo puedes decidir si lo escuchas o si actúas a pesar de él.

El problema es el otro. El que no se presenta como miedo. El que llega disfrazado de prudencia, de perfeccionismo, de "todavía no estoy listo" o de "necesito investigar más antes de tomar una decisión".

Ese es el que te para durante meses sin que lo notes.

¿Qué aspecto tiene el miedo disfrazado en los negocios?

El más común es la parálisis por análisis. Llevas semanas recopilando información antes de lanzar algo. Más encuestas, más datos, más validación. Pero en algún punto, la información que buscas ya no es para decidir mejor. Es para no decidir todavía.

El segundo es el perfeccionismo. El producto no está listo. La web no está perfecta. El copy podría mejorar. Ese perfeccionismo que paraliza en lugar de proteger no es exigencia con el trabajo. Es terror a salir y que alguien diga que no está bien.

El tercero es el estar muy ocupado. Tienes la agenda llena de tareas que no son la tarea. Respondes emails, actualizas documentos, optimizas cosas que no necesitan optimización. Y así no llegas nunca a lo importante, que es lo que da miedo.

El cuarto es la demanda de condiciones perfectas. "Cuando tenga más audiencia." "Cuando haya más tiempo." "Cuando el mercado esté más maduro." Las condiciones perfectas nunca llegan. Esa es la trampa.

¿Por qué el TDAH hace esto más complicado?

Porque el TDAH ya produce procrastinación como síntoma propio. No necesitas el miedo encima para procrastinar. Pero cuando el miedo se suma, la procrastinación se vuelve casi indistinguible de los síntomas normales del TDAH.

Es difícil saber si no arrancas con algo porque tu dopamina no está activada o porque en el fondo tienes miedo al fracaso. Y esa confusión hace que te resulte fácil justificarlo como "así funciona mi cerebro" cuando en realidad hay algo más debajo.

Emprender con TDAH

¿Cómo detectas el miedo no identificado?

Hay una pregunta que funciona bien: si el resultado estuviera garantizado, ¿lo harías mañana?

Si la respuesta es sí, hay miedo. No es que el proyecto no esté listo. No es que necesites más información. Es que el resultado incierto te da miedo y prefieres no arriesgarte.

La segunda pregunta es: ¿qué es lo peor que puede pasar si hago esto ahora mismo?

Cuando te fuerces a responder esa pregunta con concreción, la mayoría de los miedos se reducen. El peor escenario suele ser mucho más manejable que la amenaza difusa que sientes cuando evitas la decisión.

¿Qué haces con el miedo una vez que lo reconoces?

Primero: agradeces haberlo identificado. Porque ahora es trabajable.

Segundo: no lo interpretas como señal de que no debes hacerlo. El miedo ante algo nuevo es completamente normal. La pregunta no es "¿tengo miedo?" sino "¿este miedo me está dando información útil o simplemente me está protegiendo de la incomodidad?"

Tercero: actúas de todas formas. No porque seas valiente. Sino porque has separado la emoción de la decisión. La emoción no desaparece. Pero ya no tiene el volante.

Hay una diferencia entre sobrevivir el primer año de emprendimiento con el miedo gestionado y hacerlo con el miedo sin identificar. La diferencia es cuánta energía gastas en circular en bucle y cuánta puedes dedicar a construir.

El miedo que no reconoces te frena sin que lo notes. El que reconoces, al menos puedes decidir qué hacer con él.

¿Tu TDAH está saboteando tu negocio? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y sabes dónde se te escapa el dinero.

Relacionado

Sigue leyendo