Hernán Cortés: el conquistador que quemó las naves porque su cerebro no sabía volver
Hernán Cortés quemó sus naves, desobedeció órdenes y conquistó un imperio. Todo apunta a rasgos de TDAH: impulsividad, obsesión y cero retirada.
Hernán Cortés quemó sus propias naves para que nadie pudiera volver. Lee esa frase otra vez. No destruyó las naves del enemigo. Destruyó las suyas. Las de su gente. Las del plan B.
Un cerebro que no concebía la retirada. Impulsividad pura, obsesión total, y una conquista que cambió el mundo para siempre.
Y todo apunta a que Hernán Cortés mostraba rasgos compatibles con TDAH.
¿Quién era Hernán Cortés antes de ser "el conquistador"?
Nació en Medellín, Extremadura, en 1485. Familia de hidalgos menores. No eran ricos, pero tenían lo justo para enviarle a estudiar a Salamanca. Sus padres querían que fuera abogado. Carrera segura. Futuro estable. El plan perfecto.
Aguantó dos años.
Dos años en Salamanca antes de dejarlo todo y volver a casa diciendo que aquello no era lo suyo. Imagina la conversación en la mesa. "Hijo, te hemos pagado la universidad más prestigiosa de España y vuelves porque te aburres." Suena a cualquier cena familiar de alguien con TDAH en 2025.
Porque su cabeza no estaba en los libros de derecho. Estaba en las historias que llegaban del otro lado del océano. Las Indias. El Nuevo Mundo. Oro, aventuras, territorios sin explorar. Para un cerebro que necesita estímulos constantes, la ley notarial era como intentar enamorarte de un Excel.
Con diecinueve años se subió a un barco rumbo a La Española. Sin plan. Sin dinero. Sin contactos de peso. Solo con la certeza de que quedarse quieto era peor que cualquier peligro al otro lado del mar.
¿Por qué Hernán Cortés quemó las naves?
Esta es la escena que lo cambia todo. 1519. Cortés llega a la costa de lo que hoy es México con unos seiscientos hombres, algunos caballos y una misión que técnicamente no tenía autorización para llevar a cabo.
Porque sí, Cortés había desobedecido al gobernador de Cuba, Diego Velázquez, que intentó revocarle el mando de la expedición en el último momento. Cortés se enteró, aceleró los preparativos, y se largó antes de que pudieran detenerle.
Eso no es estrategia militar calculada. Eso es un cerebro que dice "o lo hago ahora o no lo hago nunca" y le da al botón sin consultar el manual.
Y cuando llega a Veracruz y nota que parte de su tripulación empieza a murmurar sobre volver a Cuba, ¿qué hace? ¿Reunión de equipo? ¿Sesión de coaching motivacional? ¿PowerPoint con los KPIs de la conquista?
Quema las naves.
Barrenó los barcos. Los inutilizó. Eliminó la opción de retirarse. Así, sin más. "Ahora solo queda avanzar. De nada."
Es la decisión más impulsiva y más brillante de la historia militar. Y es exactamente el tipo de cosa que hace un cerebro que no sabe funcionar con planes de contingencia. Para Cortés, la retirada no era una opción porque su cabeza no procesaba la retirada como concepto. Solo había una dirección: adelante.
Es el mismo patrón que ves en Cristóbal Colón y su obsesión con una idea. Un cerebro que se engancha a un objetivo y simplemente no puede soltarlo. La diferencia es que Cortés, además, se aseguró de que nadie a su alrededor pudiera soltarlo tampoco.
¿Qué rasgos de TDAH encajan con Hernán Cortés?
Vamos a ir uno por uno. Porque no es uno ni dos. Es un combo completo.
Impulsividad extrema. Quemar las naves. Desobedecer al gobernador. Salir de Salamanca sin terminar la carrera. Lanzarse a una expedición sin autorización completa. Cortés no tomaba decisiones tras un análisis riguroso. Tomaba decisiones y luego se las ingeniaba para que funcionaran.
Búsqueda constante de estímulos y riesgo. No se quedó en La Española viviendo tranquilo como hacendado, que era la opción fácil. No se quedó en Cuba cuando ya tenía tierras y una posición cómoda. Cada vez que la vida se estabilizaba, Cortés necesitaba otra cosa. Otro reto. Otro territorio. Otra conquista imposible.
Incapacidad de quedarse quieto. Después de conquistar el imperio azteca, ¿se sentó a gobernar tranquilamente? No. Organizó una expedición a Honduras a través de la selva. Luego volvió a España a pelear por sus títulos. Luego regresó a México. Luego otra vez a España. Luego intentó organizar otra expedición. Hasta el final de su vida estuvo moviéndose, peleando, planeando el siguiente movimiento.
Desobediencia a la autoridad. Cortés desobedeció al gobernador de Cuba. Se saltó la cadena de mando. Fundó Veracruz como municipio para darse a sí mismo la legitimidad que no tenía. Es la persona que no acepta las reglas del juego y directamente inventa reglas nuevas. Cualquiera que haya tenido un jefe con TDAH sabe exactamente de qué estoy hablando.
Hiperfoco obsesivo. Cuando Cortés decidía algo, el universo entero giraba alrededor de ese objetivo. La conquista de Tenochtitlán no fue un sprint. Fueron meses de alianzas, estrategia, asedios, derrotas, la Noche Triste, la reconstrucción del ejército, y el asedio final. Un proceso largo, caótico, lleno de reveses. Y Cortés no soltó el objetivo ni un segundo.
Es el mismo tipo de obsesión que encuentras en muchos espías y aventureros con posibles rasgos de TDAH. Personas que no podían funcionar en la vida normal pero que, cuando encontraban el estímulo adecuado, se convertían en fuerzas imparables.
La Noche Triste y lo que revela sobre su cerebro
30 de junio de 1520. Cortés y sus hombres intentan escapar de Tenochtitlán de noche. Los aztecas les descubren. Masacre. Pierden cientos de hombres, caballos, artillería, el oro que habían acumulado.
Cuenta la leyenda que Cortés lloró bajo un árbol. La famosa escena del ahuehuete.
Cualquier persona con un cerebro estándar habría dicho: "se acabó. Nos volvemos a Cuba con lo que queda." Había perdido dos tercios de su ejército. No tenía barcos. Estaba en territorio hostil. Cualquier análisis racional decía: retirada.
Cortés reorganizó lo que le quedaba, buscó nuevos aliados entre los pueblos enemigos de los aztecas, construyó barcos nuevos para el asedio por el lago, y un año después tomó Tenochtitlán.
Eso no es terquedad normal. Es un cerebro que, ante el fracaso, no sabe rendirse. El mismo rasgo que a veces te hace perseguir proyectos absurdos es el que de vez en cuando produce hazañas que cambian la historia.
¿Qué nos dice Cortés sobre el TDAH y la exploración?
La historia de la exploración está plagada de cerebros que no encajaban. Personas que no podían quedarse en su pueblo, en su trabajo, en su vida predecible. Que necesitaban el océano, lo desconocido, el riesgo.
El TDAH cambió la historia de la exploración
Cortés es el ejemplo más extremo. Un tío que llegó al Nuevo Mundo sin plan, desobedeció a todo el mundo, quemó sus propios barcos, perdió casi todo en una noche y aun así conquistó un imperio.
No estoy diciendo que eso fuera bueno ni malo. La conquista de México es una de las historias más brutales de la humanidad. Pero desde la perspectiva del TDAH, lo que Cortés demuestra es que ciertos cerebros no están diseñados para seguir el camino marcado. Están diseñados para quemar el camino y abrir uno nuevo.
Lo que se queda después de la conquista
Cortés murió en 1547 en Sevilla. Con sesenta y dos años. Lejos de México. Lejos de la acción. Intentando que la Corona le reconociera lo que había hecho. Peleando papeles, burocracia, juicios.
Un cerebro que había conquistado un imperio, reducido a hacer cola en los despachos del rey.
Si eso no te suena a alguien con TDAH intentando gestionar el papeleo después de la parte emocionante del proyecto, no sé qué decirte.
Porque ese es el otro lado de la moneda. La misma energía que te hace quemar naves y conquistar imperios es la que te deja completamente perdido cuando el reto desaparece y solo queda la gestión. Cortés fue un genio en la acción. En la burocracia fue un desastre. Y esa dualidad es tan TDAH que duele.
Si mientras leías esto has pensado "espera, yo también funciono así", puede que no sea casualidad. Puede que tu cerebro tenga más en común con Cortés de lo que crees. No lo de quemar barcos, tranquilo. Lo de no poder funcionar sin un objetivo que te quite el sueño.
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