Hacer la maleta con TDAH: llevas 3 cargadores pero olvidaste los calcetines

Tu cerebro mete lo que le da dopamina y olvida lo esencial. Hacer la maleta con TDAH es un deporte de riesgo. Y de madrugada.

Son las 2 de la mañana. El vuelo sale a las 7. Y estoy en el suelo del salón rodeado de cosas que no sé si meter en la maleta.

Tres cargadores. Un adaptador universal. Un cable USB-C. Otro USB-C por si acaso. Un power bank. Las zapatillas de correr por si me da por hacer deporte, que no me va a dar, pero por si acaso.

Los calcetines siguen en el cajón.

Y no me he dado cuenta.

Porque mi cerebro, a las 2 de la mañana, no clasifica por prioridad. Clasifica por lo que le genera más estímulo. Y un adaptador universal con tres cabezales es mucho más interesante que siete pares de calcetines.

¿Por qué haces la maleta a las 3 de la mañana?

Porque no puedes hacerla antes.

No físicamente. Mentalmente. Llevas tres días sabiendo que tienes un viaje. Llevas tres días diciéndote "esta tarde hago la maleta". Y llevas tres días dejándolo para mañana porque tu cerebro no percibe urgencia.

Hasta que la percibe.

A las 2 de la mañana, cuando el vuelo es en cinco horas, tu cerebro por fin entiende que esto va en serio. Y entonces activa el modo pánico. Esa mezcla de adrenalina y cortisol que es lo más parecido a un hiperfoco pero versión "me va la vida en ello". De repente puedes hacer en 40 minutos lo que no pudiste hacer en tres días.

El problema es que el modo pánico no es preciso. Es rápido, sí. Pero tiene la puntería de un cañón lanzando confeti. Metes cosas a lo loco, con un criterio que solo tiene sentido en ese momento, y al día siguiente en el hotel descubres que llevas dos pantalones iguales y ninguna camiseta de manga corta.

La lista que haces y luego no miras

Esta es mi favorita.

Hice una lista. La hice con tiempo. Con calma. Un lunes, cinco días antes del viaje. Abrí las notas del móvil, escribí todo lo que necesitaba, organizado por categorías. Ropa, tecnología, higiene, documentos. La lista perfecta.

No la miré nunca más.

La hice y sentí que ya había hecho la maleta. Mi cerebro registró "tarea completada" en el momento en que escribí la lista. Como si escribir "calcetines x7" fuera equivalente a meter siete pares de calcetines en la maleta. Spoiler: no lo es.

Eso pasa porque tu memoria a corto plazo con TDAH funciona como una pizarra que alguien borra cada cinco minutos. La intención estaba ahí. El plan era bueno. Pero entre la lista y la maleta pasaron cuatro días, tres series de Netflix y un hiperfoco con un tutorial de Arduino que no tenía nada que ver con nada.

Y a las 2 de la mañana no te acordaste de la lista. Te acordaste de los cargadores.

El "por si acaso" como modo de vida

Con TDAH, el "por si acaso" es una trampa mortal.

Porque tu cerebro no sabe calcular probabilidades reales. Lo que sabe es imaginar escenarios. Y cada escenario necesita su objeto correspondiente. ¿Y si llueve? Paraguas. ¿Y si hace frío por la noche? Sudadera extra. ¿Y si el hotel no tiene secador? Secador. ¿Y si necesito trabajar? Portátil, ratón, soporte, teclado externo.

Te vas tres días a la playa y llevas más tecnología que un stand del Mobile World Congress.

Mientras tanto, el cepillo de dientes se queda en el baño. Porque el cepillo de dientes es aburrido. No genera dopamina. No activa la parte del cerebro que dice "ooh, esto podría ser útil". Tu cerebro mete lo que le estimula y olvida lo que necesitas de verdad.

Es la misma razón por la que tu casa parece un campo de batalla. El cerebro prioriza por interés, no por necesidad. Y a las 2 de la mañana, con la adrenalina disparada, el interés manda.

La maleta de vuelta: una confesión

Si la maleta de ida es un desastre, la de vuelta es un crimen contra la logística.

La ropa sucia mezclada con la limpia. Cosas metidas a presión porque ya no caben como cabían al principio, que es físicamente imposible, pero pasa. El neceser abierto. Un zapato en un sitio y el otro en otro. Y siempre, siempre, algo olvidado en el hotel.

Yo dejé unas zapatillas en un hotel de Lisboa. Las mismas zapatillas de correr que había metido "por si acaso". No corrí ni un metro. Pero las dejé allí para siempre, como un monumento a las decisiones absurdas de mi cerebro a las 2 de la mañana.

También dejé un cargador en Berlín. Y un neceser entero en Sevilla. Es como si mi cerebro tuviera un impuesto de salida: cada viaje me cuesta un objeto.

¿Se puede hacer una maleta decente con TDAH?

Sí. Pero no con fuerza de voluntad.

Lo que me funciona a mí es lo mismo que me funciona con todo: eliminar decisiones.

Tengo un neceser que nunca deshago. Siempre tiene lo básico. Cepillo, pasta, desodorante, crema. Cuando vuelvo de un viaje, lo relleno y lo guardo. Así, cuando hago la maleta, el neceser ya está listo. No tengo que pensar. No tengo que recordar. Solo tengo que meterlo.

Tengo una lista fija en el móvil que no es para "hacer" sino para "repasar". La abro con la maleta delante, ya abierta, y voy metiendo cosas mientras las tacho. No antes. No como planificación. Como checklist en tiempo real, con las manos en la maleta.

Y lo más importante: hago la maleta el día anterior por la tarde. No por la noche. No a las 2 de la mañana. Por la tarde, cuando todavía me queda algo de función ejecutiva. Si espero al modo pánico, ya sé lo que pasa. Tres cargadores. Cero calcetines.

Porque viajar con TDAH no es solo el viaje. Es todo lo que pasa antes y después. La maleta, los documentos, los horarios, los trayectos. Cada uno de esos pasos es una oportunidad para que tu cerebro improvise. Y cuando tu cerebro improvisa, acabas con una maleta de 23 kilos donde la mitad son "por si acasos" y la otra mitad son cosas que no necesitas.

La maleta a medio cerrar en la puerta, con un calcetín asomando como una bandera blanca, es el resumen perfecto del TDAH. Lo intentaste. Tenías un plan. Tu cerebro hizo otra cosa.

Bienvenido al club.

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Esto es experiencia, no diagnóstico. Si crees que el TDAH explica cosas que llevas años sin entender, el siguiente paso es un profesional.

Si hacer la maleta a las 2 de la mañana te parece demasiado familiar, quizá no es desorganización. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender por qué tu cerebro empaqueta cargadores y olvida lo esencial.

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