La energía de Genghis Khan: cuando no parar es tu superpoder (y tu condena)
Genghis Khan no podía parar. Cada territorio conquistado era el principio del siguiente. Así funciona un cerebro que necesita movimiento para existir.
Genghis Khan no paró nunca. Cada vez que conquistaba un territorio, ya estaba planeando el siguiente. ¿Disciplina militar o un cerebro que no sabía funcionar sin el siguiente reto?
Podríamos hablar de ambición. De sed de poder. De un líder con visión de futuro. Pero hay un detalle que se repite tanto que es imposible ignorarlo: la conquista no era el objetivo. Era el combustible.
Gobernar lo que ya tenía le aburría. Administrar, gestionar, organizar lo ya conquistado le provocaba la misma reacción que a ti te provoca rellenar un formulario de Hacienda cuando fuera hace sol. Un rechazo visceral. Un cerebro que dice "esto no" con cada célula.
Y si alguna vez has terminado un proyecto y en vez de sentarte a celebrar ya estás pensando en el siguiente, sabes exactamente de qué estoy hablando.
¿Por qué algunos cerebros necesitan el siguiente reto para funcionar?
La ciencia tiene un nombre para esto. Se llama búsqueda de novedad. Y es uno de los rasgos más estudiados en personas con TDAH.
El cerebro con TDAH produce menos dopamina de base que un cerebro neurotípico. Funciona con el depósito medio vacío. Lo que significa que necesita estímulos más intensos, más frecuentes, más nuevos para llegar al nivel donde el resto del mundo opera sin esfuerzo.
La rutina mata ese cerebro. No es pereza. No es falta de disciplina. Es que la dopamina se agota con la repetición. Lo que ayer te tenía en llamas, hoy te deja frío. Y lo que hoy te deja frío, mañana te resulta insoportable.
Genghis Khan conquistó China. Luego Persia. Luego avanzó hacia Europa. Cada campaña era una inyección de dopamina nueva. Planificar, moverse, adaptarse, resolver problemas que nadie había resuelto antes. Eso es la droga perfecta para un cerebro que no tolera el aburrimiento.
Pero sentarse en un trono a firmar decretos y recibir embajadores, eso es el equivalente mongol de una reunión de tres horas donde podrían haberte mandado un correo.
La diferencia entre energía y resistencia
Aquí es donde la gente se confunde.
Energía no es lo mismo que resistencia. Resistencia es aguantar algo que no te gusta durante mucho tiempo. Energía es lo que te sale cuando haces algo que tu cerebro reconoce como estimulante.
Un cerebro con TDAH puede tener una energía descomunal para lo que le enciende y cero resistencia para lo que no. Puedes tirarte doce horas montando un proyecto nuevo sin comer, sin beber, sin pestañear. Y al día siguiente no puedes contestar un email de tres líneas que llevas posponiendo dos semanas.
Genghis Khan podía cabalgar días enteros sin dormir durante una campaña. Pero la burocracia imperial la delegaba en otros. No porque fuera un líder inteligente que sabía delegar. Sino porque su cerebro literalmente no podía con eso. La energía solo fluía si había movimiento, riesgo, novedad.
Ese patrón se repite en más figuras históricas de las que imaginas
Lo que pasa cuando la energía no tiene dónde ir
El lado oscuro de esta energía es lo que pasa cuando no hay reto.
Cuando un cerebro con TDAH se queda sin estímulo, no se relaja. Se destruye. La energía que no tiene dónde ir se convierte en ansiedad, en pensamientos en bucle, en decisiones impulsivas, en buscar problemas donde no los hay solo para tener algo que resolver.
Genghis Khan siguió conquistando territorios que no necesitaba. Imperios que no podía gobernar. Campañas que no tenían sentido estratégico. Porque el problema nunca fue la falta de ambición. El problema fue que parar no era una opción. Su cerebro no tenía botón de apagar.
Y eso suena muy épico cuando hablamos de un emperador mongol del siglo XII. Pero cuando eres tú a las tres de la mañana empezando un proyecto nuevo porque los cuatro que tienes a medias ya no te emocionan, la épica se esfuma bastante rápido.
Tu estepa no tiene que ser Mongolia
No necesitas conquistar imperios para reconocer este patrón en ti.
Puede ser que cambies de trabajo cada dos años porque en cuanto dominas algo, te aburre. Puede ser que tengas un disco duro lleno de proyectos empezados y ninguno terminado. Puede ser que la gente a tu alrededor no entienda cómo puedes tener tanta energía para unas cosas y tan poca para otras.
Como Alejandro Magno, que tampoco podía quedarse quieto una vez que conquistaba algo, hay cerebros que están diseñados para el movimiento. No para el mantenimiento.
Y no, no estoy diciendo que tengas que abrazar el caos y vivir saltando de proyecto en proyecto. Estoy diciendo que si entiendes por qué tu cerebro funciona así, puedes dejar de pelearte con él y empezar a negociar. Darle el estímulo que necesita dentro de algo que te construya, no que te destruya.
Genghis Khan convirtió esa energía en un imperio
Tú sí.
Si sientes que tu energía va y viene sin lógica aparente, que necesitas estímulos nuevos para funcionar y que la rutina te apaga en vez de sostenerte, quizá no es un problema de actitud. Quizá es la forma en la que está cableado tu cerebro.
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