Mi productividad va por rachas y nadie entiende mis bajones

Una semana eres una máquina y la siguiente no puedes ni empezar. Nadie entiende tus bajones porque nadie ve cómo funciona tu cabeza.

La semana pasada sacaste el trabajo de tres personas. Tus compañeros fliparon. Tu jefe te dijo "si siempre fueras así". Y tú por dentro pensaste "ojalá".

Esta semana no has podido ni empezar.

No te pasa nada especial. No estás enfermo. No hay ningún drama. Simplemente tu cerebro ha decidido que esta semana no arranca. Y por más que te sientes delante del ordenador, no sale nada.

Y lo peor no es el bajón. Lo peor es que nadie lo entiende.

¿Por qué nadie entiende tus bajones de productividad?

Porque te han visto en tu mejor momento. Y ahora esperan eso siempre.

Ese es el problema de rendir al 200% cuando estás enchufado. Que el 200% se convierte en la expectativa. Y cuando bajas al 50% - que sería un rendimiento normal para cualquiera - parece que estás fallando.

Es una trampa. Cuanto mejor rindes en los picos, peor se ven los valles. Y cuanto peor se ven los valles, más presión sientes. Y cuanta más presión, más profundos son los valles.

Imagínate a un corredor que en un entrenamiento hace su mejor marca personal. Y al día siguiente su entrenador le dice "quiero eso todos los días". Es absurdo. Nadie espera marcas personales diarias. Pero con la productividad en el trabajo, sí.

¿Es disciplina o es otra cosa?

Mira, la disciplina es hacer algo aunque no te apetezca. Y tú lo intentas. Te sientas. Abres el portátil. Miras la lista. Y no puedes.

No es que no quieras. Es que no arrancas. Como un coche al que le das al contacto y no enciende. No es que el coche no quiera arrancar. Es que algo en el motor no funciona.

Y eso "algo" tiene nombre. En adultos con TDAH, la inconsistencia en el rendimiento es uno de los rasgos más frustrantes y menos comprendidos. No aparece en los estereotipos. Cuando piensas en TDAH piensas en alguien que no para quieto, no en alguien que una semana es un genio y la siguiente no puede enviar un email.

Pero es uno de los síntomas más comunes. La regulación de la motivación y la energía no es constante. Va por olas. Y las olas no las controlas tú.

El ciclo que se repite

Te lo cuento porque lo conozco de primera mano.

Fase uno: hiperfoco. Todo fluye. Las ideas vienen solas. Las tareas se completan. Sientes que por fin has encontrado tu ritmo. Que ahora sí, que esto va a ser siempre así.

Fase dos: meseta. Menos energía, pero todavía funcional. Vas tirando. No al nivel de antes, pero vas.

Fase tres: bajón. Nada. Abres cosas y las cierras. Empiezas tareas y las dejas. Miras el reloj y pasan las horas sin que hagas nada productivo. Y la culpa se come todo.

Fase cuatro: la culpa genera ansiedad. La ansiedad genera más bloqueo. El bloqueo genera más culpa. Y sigues así hasta que un día, sin saber por qué, vuelves a rendir como antes. Y el ciclo empieza otra vez.

Y nadie a tu alrededor ve este ciclo. Solo ven que unas semanas curras como un animal y otras pareces no hacer nada. Y la conclusión obvia es que eres inconsistente. Que no te esfuerzas lo suficiente. Que si pudieras una semana, podrías todas.

Pero no funciona así. Y explicarlo es casi imposible porque suena a excusa.

¿Qué haces cuando el bajón llega?

Lo primero: dejar de luchar contra él. Ya sé que suena a rendirse, pero no lo es.

Cuando luchas contra un bajón, gastas la poca energía que tienes en intentar forzar un rendimiento que tu cerebro no puede dar. Y acabas peor. Es como intentar sacar agua de un pozo seco. No hay agua. Da igual cuántas veces bajes el cubo.

Lo segundo: tener un inventario de tareas de baja energía. Cosas que puedes hacer incluso cuando estás en modo zombie. Responder mensajes cortos, organizar archivos, revisar cosas que ya están hechas. No vas a avanzar mucho, pero al menos no te quedas parado del todo. Y no quedarte parado del todo reduce la culpa, que es la que te hunde más.

Y lo tercero: recordar que el bajón pasa. Siempre pasa. No se queda para siempre. Tu cerebro va a volver a encenderse. No sabes cuándo, pero va a pasar.

La clave es que no te destruyas durante el bajón intentando forzar un rendimiento que no va a salir. Porque si llegas al siguiente pico destrozado, el pico será más corto y el siguiente bajón será más largo.

Si llevas años con este patrón y nadie a tu alrededor lo entiende, incluido tú mismo, merece la pena hablar con un profesional. No para buscar una etiqueta sino para entender las reglas de tu cerebro. Que son distintas. No peores, distintas.

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