Empezar terapia con TDAH: el primer paso que cuesta más que los siguientes 100
Sabes que necesitas terapia. Llevas meses sabiéndolo. Pero con TDAH, el primer paso se convierte en una montaña que no sabes escalar.
Sabes que necesitas ayuda.
Lo sabes desde hace meses. Puede que desde hace años. Pero llamar, pedir cita, ir, sentarte delante de alguien y hablar de ti como si fueras un problema que resolver... cada paso parece una montaña. Y no una montaña con camino señalizado y chiringuito a mitad de subida. Una montaña de esas que ves desde lejos y piensas "ya iré mañana".
Mañana se convierte en la semana que viene. La semana que viene en "cuando tenga un hueco". El hueco no aparece. Y tú sigues exactamente igual, pero ahora con la culpa extra de saber que podrías estar haciendo algo y no lo estás haciendo.
Bienvenido al bucle más clásico del TDAH.
¿Por qué cuesta tanto dar el primer paso hacia la terapia con TDAH?
Porque no es un paso. Es una cadena de micro-pasos invisibles que tu cerebro trata como si fueran treinta tareas separadas.
Piénsalo. Para alguien sin TDAH, "pedir cita con un psicólogo" es una acción. Una línea en la lista de cosas pendientes. La haces y listo.
Para ti es esto:
Buscar psicólogos. Decidir cuál. Comparar precios. Mirar reseñas. Encontrar uno que sepa de TDAH. Llamar. Esperar a que contesten. Explicar lo que te pasa sin saber exactamente qué te pasa. Elegir fecha. Apuntar la fecha. No perder la fecha. Llegar a la fecha. Ir.
Son trece pasos. Y tu cerebro, que funciona con dopamina y no con listas de tareas, mira esos trece pasos y dice "nah, mejor mañana". No por vago. No por cobarde. Porque tu cerebro necesita dopamina para arrancar, y "buscar psicólogos en Google" no produce exactamente un subidón de dopamina.
Es como intentar encender un coche sin batería. Tú sabes que quieres ir. Tienes claro el destino. Pero el motor no arranca.
La paradoja de necesitar ayuda para pedir ayuda
Aquí viene lo gracioso. Bueno, gracioso entre comillas.
El TDAH afecta directamente tu capacidad de planificar, iniciar tareas y gestionar el tiempo. Y empezar terapia requiere exactamente eso: planificar, iniciar una tarea y gestionar tu tiempo.
Es decir, la cosa que necesitas arreglar es la misma cosa que te impide arreglarla.
Si tuvieras la pierna rota y alguien te dijera "para curarte tienes que subir corriendo tres pisos", le mirarías con cara rara. Pues esto es lo mismo. Pero como el TDAH no se ve, nadie lo entiende. Tu entorno te dice "pues llama y ya". Y tú asientes y piensas "claro, si fuera tan fácil ya lo habría hecho hace seis meses".
La vergüenza tampoco ayuda. Porque a estas alturas probablemente ya te has prometido tres veces que ibas a llamar. Puede que hasta hayas buscado un número. Puede que lo tengas guardado en el móvil. Pero entre tenerlo guardado y marcar hay un abismo del tamaño de un campo de fútbol.
¿Y si no tengo claro qué decir cuando llegue?
Esto frena a mucha gente. La idea de sentarte delante de un profesional y no saber ni por dónde empezar.
"¿Le cuento lo del trabajo? ¿Lo de que pierdo las llaves? ¿Lo de que llevo dos meses sin abrir una carta del banco? ¿Le digo que a veces me siento como un fraude? ¿Eso es relevante o es ser dramático?"
Todo es relevante. Todo. Hasta lo que crees que es una tontería.
Un buen terapeuta no espera que llegues con un informe preparado. Espera que llegues como llegas. Que es, probablemente, un poco perdido, un poco asustado, y con la sensación de que estás exagerando. Así empezamos casi todos en la primera cita.
Y si te preocupa encontrar a alguien que realmente entienda el TDAH en adultos y no te mire como si te estuvieras inventando un problema, eso tiene solución. Hay profesionales especializados. Encontrar al adecuado puede cambiar la diferencia entre una experiencia frustrante y una que te cambia la vida.
El truco que no parece un truco
Voy a decir algo que suena demasiado simple para funcionar, pero funciona.
No intentes dar todo el paso. Da solo el primero de los trece.
Hoy no tienes que ir a terapia. No tienes que elegir psicólogo. No tienes que llamar a nadie. Hoy solo tienes que abrir Google y escribir "psicólogo TDAH adultos" más tu ciudad. Eso es todo.
No hagas nada con los resultados. Solo búscalos. Déjalos en una pestaña abierta. Mañana, si te apetece, miras uno. Pasado, si te ves, guardas un número. La semana que viene, si todo se alinea, mandas un mensaje. Que no hace falta ni llamar. Un WhatsApp. Un formulario web. Lo que te cueste menos energía.
El cerebro con TDAH no necesita que le prometas una maratón. Necesita que le enseñes los primeros metros. Después, sorprendentemente, muchas veces camina solo.
Y si necesitas un empujón extra, a veces tener información concreta ayuda más que toda la motivación del mundo. Si vives en España y no sabes ni por dónde empezar con el proceso de diagnóstico, saber cómo funciona el sistema puede quitarte la mitad del miedo.
El primer paso es el más caro
No caro de dinero. Caro de energía.
Los siguientes cien pasos son más fáciles porque ya estás en movimiento. Porque ya has roto la inercia. Porque tu cerebro ya sabe que no pasa nada malo, que el terapeuta no te ha juzgado, que has sobrevivido a la primera sesión y el mundo no se ha acabado.
Pero ese primer paso, el de romper la parálisis, el de pasar de "debería" a "voy a", ese cuesta un mundo. Y está bien que cueste. No significa que seas débil. Significa que tienes un cerebro que necesita más combustible para arrancar. Eso es todo.
Así que si hoy estás en el punto de "sé que debería pero no puedo", quiero que sepas una cosa. No eres el único. Prácticamente todos los que estamos en esto hemos pasado por ahí. Y el hecho de que estés leyendo esto ya dice más de ti de lo que crees.
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