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El lado oscuro de Edison: cuando el hiperfoco destruye a los demás

Edison no solo inventaba. Robaba ideas, destruía carreras y electrocutó un elefante. El hiperfoco sin ética es un arma de destrucción masiva.

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Edison no inventó la bombilla. La perfeccionó. Y para eso se cargó la reputación de media docena de personas que habían trabajado en ella antes que él.

Eso no es opinión. Es historia documentada. Y es un patrón que a muchos con TDAH nos debería hacer reflexionar.

Porque cuando hablamos de hiperfoco, siempre hablamos de la parte bonita. Del genio encerrado en su laboratorio, trabajando veinte horas seguidas, olvidándose de comer, perdido en la creación. Phelps canalizó su hiperfoco en la piscina y ganó 23 medallas de oro. Suena precioso.

Pero el hiperfoco tiene otra cara. Una que no sale en los vídeos motivacionales. Y Edison es el ejemplo perfecto de lo que pasa cuando esa obsesión no tiene freno, ni ética, ni empatía.

¿Puede el hiperfoco convertirte en un tirano?

La respuesta corta: sí.

La respuesta larga es la carrera entera de Thomas Edison.

Cuando Edison se enganchaba a un proyecto, el resto del universo dejaba de existir. Su laboratorio de Menlo Park funcionaba como una fábrica de ideas. Pero las ideas no siempre eran suyas. Empleados como Nikola Tesla llegaban con soluciones brillantes y Edison se quedaba con el crédito. Tesla trabajó para él, le propuso mejoras radicales en los generadores de corriente continua, y cuando pidió la recompensa prometida, Edison le respondió con algo así como: "Tesla, no entiendes el humor americano."

Humor americano. Claro.

Tesla se fue. Y Edison se quedó con todo. Ese fue solo el principio.

La Guerra de las Corrientes: cuando la obsesión se convierte en campaña de destrucción

La corriente alterna de Tesla era mejor que la corriente continua de Edison. Esto no es debatible. Era más eficiente, más barata de transmitir y más práctica para distancias largas. Edison lo sabía. Y en vez de adaptarse, decidió destruir la competencia.

¿Cómo? Electrocutando animales en público.

No es una metáfora. Edison organizó demostraciones donde electrocutaba perros, gatos y caballos con corriente alterna para demostrar lo "peligrosa" que era. La campaña de miedo era tan elaborada que llegó a participar en el desarrollo de la silla eléctrica, específicamente para que funcionara con corriente alterna. El mensaje era claro: la corriente de Tesla mata.

Y luego llegó Topsy. Una elefanta de circo que había matado a tres cuidadores (que la maltrataban, por cierto). Edison aprovechó su ejecución programada para convertirla en un espectáculo público. La electrocutó con corriente alterna delante de mil quinientas personas y filmó el evento para distribuirlo como propaganda.

Eso no es hiperfoco productivo. Eso es obsesión sin límites morales.

El patrón que nadie quiere ver

Aquí es donde la conversación se pone incómoda.

Edison muestra muchos rasgos compatibles con el TDAH

Y el hiperfoco. Sobre todo el hiperfoco.

Cuando Edison se enganchaba a algo, no existía nada más. Ni familia, ni empleados, ni ética. Solo el objetivo. Y eso, cuando lo aplicas a inventar el fonógrafo, queda muy bien en los libros de historia. Pero cuando lo aplicas a destruir la carrera de otro genio porque amenaza tu negocio, la cosa cambia.

El problema no es el hiperfoco en sí. El problema es el hiperfoco sin empatía. Sin frenos. Sin la capacidad de parar un segundo y preguntarte: "Lo que estoy haciendo, aunque sea efectivo, ¿está bien?"

¿Y esto qué tiene que ver contigo?

Probablemente no estés electrocutando elefantes. Espero.

Pero si tienes TDAH, reconoces la sensación. Cuando estás en modo hiperfoco, el resto del mundo desaparece. Y eso incluye a las personas. Tu pareja que te habla y no escuchas. Tus amigos a los que cancelas planes porque estás "metido en algo". Tu equipo al que presionas porque tú no puedes parar y no entiendes por qué ellos sí.

El hiperfoco no es automáticamente bueno ni malo. Es una herramienta. Y como cualquier herramienta, depende de quién la use y cómo la use.

Edison la usó para crear cosas increíbles. También la usó para destruir a personas que estorbaban en su camino. Las dos cosas son ciertas. Y negarlo es caer en el sesgo del superviviente: solo ver los éxitos y olvidar el rastro de destrucción que dejó detrás.

¿El TDAH justifica el daño?

No.

Punto.

Tener un cerebro que funciona diferente explica ciertas conductas, pero no las excusa. Edison podría haber competido con Tesla de forma limpia. Podría haber reconocido el mérito de sus empleados. Podría haber canalizado su energía en mejorar su propia tecnología en vez de sabotear la del rival.

Eligió no hacerlo.

Y esa elección no fue cosa del TDAH. Fue cosa de Edison.

Esto es importante porque a veces, en la comunidad TDAH, se idealiza el hiperfoco como si fuera un superpoder sin contrapartida. "Es que cuando me engancho, soy imparable." Ya. Pero imparable hacia dónde. Porque Edison era imparable. Y una apisonadora también es imparable, y no queremos una en el salón de casa.

El hiperfoco puede ser tu mejor aliado si lo canalizas con propósito y con conciencia de los demás. O puede ser el mecanismo que usa tu cerebro para arrasar con todo mientras tú ni te enteras.

La diferencia no la pone el TDAH. La pones tú.

Si alguna vez te has perdido en un hiperfoco tan intenso que te olvidaste de las personas a tu alrededor, no estás solo. El primer paso es entender cómo funciona tu cerebro. El segundo es decidir qué haces con eso.

Hacer el test de TDAH

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