Volver al blog

¿Tenía Edgar Allan Poe TDAH? La mente atormentada que creó el terror

Poe vivió en la pobreza, bebió sin control y escribió los relatos más oscuros de la historia. Su intensidad emocional y su impulsividad tienen un patrón.

tdahfamosos

Edgar Allan Poe murió con cuarenta años, en un callejón de Baltimore, delirando.

Nadie sabe bien qué le pasó exactamente. Había aparecido en la ciudad días antes, con ropa que no era la suya, incapaz de dar explicaciones coherentes. Tenía fiebre. Decía cosas sin sentido. Murió cuatro días después en un hospital, sin haber podido aclarar qué había ocurrido en los días anteriores.

Una vida entera de caos condensada en una muerte también caótica.

Y sin embargo, ese mismo hombre escribió "El cuervo", "La caída de la casa Usher" y "El gato negro". Inventó el relato de detectives moderno con Auguste Dupin. Creó una obra que sigue siendo lectura obligatoria casi dos siglos después.

Cuando lees su biografía, hay un momento en que algo encaja. No de manera cómoda, sino de manera incómoda. Reconoces el patrón.

¿Qué rasgos de Poe apuntan a algo más que mala suerte?

Poe era brillante. Eso nadie lo discute.

Pero también era profundamente incapaz de gestionar su vida. No de forma puntual, sino de forma sistemática y repetida a lo largo de décadas. Desde la adolescencia hasta la muerte.

Las deudas eran constantes. No porque no tuviera ingresos, sino porque los ingresos nunca duraban. Cobraba por un relato y antes de que pasara una semana el dinero había desaparecido sin que él pudiera explicar bien en qué. Pedía préstamos a conocidos, los devolvía a veces, otras veces no, y seguía igual.

Cambió de trabajo con una frecuencia que hoy haría saltar alarmas en cualquier entrevista. Revistas literarias, periódicos, empleos varios. Empezaba con energía, producía muchísimo en poco tiempo, y luego algo fallaba. Conflictos con jefes, problemas de puntualidad, periodos de desaparición. Patrón que se repitió durante toda su carrera.

La intensidad emocional era otro rasgo llamativo. Poe no sentía las cosas a medias. Cuando amaba, amaba de manera absoluta y absorbente. Cuando sufría, lo hacía de forma que paralizaba. La muerte de su esposa Virginia lo dejó literalmente sin poder funcionar durante periodos largos. No tristeza normal. Desbordamiento completo.

Y luego está el alcohol.

¿El alcohol era el problema o era la solución?

Aquí hay que ser cuidadoso.

Poe tenía una relación caótica con el alcohol. Lo que sí está documentado es que pequeñas cantidades lo afectaban de manera desproporcionada. No hacía falta que bebiera mucho para que el resultado fuera desastroso. Varios testimonios de contemporáneos lo describen como completamente incapacitado con cantidades que a otros apenas les afectarían.

Eso tiene una lectura interesante desde la perspectiva del TDAH: hay investigación reciente que señala que las personas con TDAH tienen mayor riesgo de desarrollar problemas con el alcohol y las drogas, precisamente porque el cerebro busca estimulación o calma externa cuando no tiene regulación interna.

No es que Poe fuera débil de carácter. Es que posiblemente su cerebro buscaba algo que no sabía cómo conseguir de otra manera.

Eso no lo justifica. Pero sí lo explica de manera diferente a la narrativa del "poeta maldito que se autodestruyó".

¿Y la creatividad a deshoras?

Poe escribía de madrugada.

No por romanticismo literario, sino porque era cuando su cabeza por fin funcionaba de manera diferente. Muchos de sus relatos nacieron en sesiones nocturnas de concentración intensa, de esas en que de repente todo fluye y el tiempo desaparece.

Eso es lo que en el contexto del TDAH se llama hiperfoco. No la capacidad de concentrarse en cualquier cosa, sino la capacidad de concentrarse absolutamente en algo concreto, durante horas, sin cansancio aparente, cuando ese algo activa el cerebro de la manera correcta.

El terror activaba el cerebro de Poe de una forma que otras cosas no conseguían. Y cuando se activaba, producía a una velocidad y con una calidad que dejaba a sus contemporáneos sin palabras.

El problema es que ese mismo cerebro era incapaz de concentrarse en pagar el alquiler a tiempo.

¿Puede diagnosticarse a alguien que murió en 1849?

No. Y eso hay que decirlo claro.

El diagnóstico retroactivo de TDAH a figuras históricas es un ejercicio especulativo. Poe no puede ser evaluado, no puede responder cuestionarios, no puede describir su experiencia interna. Lo que tenemos son relatos de contemporáneos, cartas, y una trayectoria vital documentada.

Con esos datos podemos decir que Poe tenía un perfil que hoy llamaríamos atípico. Una mente que funcionaba con una intensidad fuera de lo común. Una vida con patrones de dificultad en la regulación emocional, en la gestión económica, en la estabilidad laboral, y en las relaciones personales que se repitieron durante décadas con una consistencia que no encaja con la explicación de "mala suerte" o "carácter débil".

Podemos decir que el patrón es reconocible.

No podemos decir que tenía TDAH.

Y esa distinción importa porque el TDAH no necesita avales famosos para ser válido. Si lo tienes, lo tienes independientemente de si Poe lo tenía o no.

Lo que sí nos dice Poe sobre cómo funciona ese tipo de cerebro

Lo más interesante del caso Poe no es el diagnóstico especulativo. Es lo que su vida ilustra sobre un perfil neurológico concreto.

La coexistencia de genio y caos no es accidental. No es que fuera brillante a pesar del desorden. Es que el mismo tipo de cerebro que le daba acceso a territorios emocionales y creativos que otros no podían alcanzar también le hacía imposible gestionar las cosas que requieren constancia, rutina y regulación sostenida.

Escribir un relato de terror desde dentro del terror emocional propio es una ventaja. Pagar facturas a tiempo cuando tu cerebro va a doscientos requiere exactamente las habilidades que ese mismo cerebro tiene más difíciles.

Poe vivió en un momento en que no había vocabulario para eso. No había diagnóstico, no había tratamiento, no había siquiera la idea de que un cerebro pudiera funcionar de manera genuinamente diferente y no simplemente ser deficiente o débil.

Hoy ese vocabulario existe. Y eso cambia bastante las cosas.

¿Qué hubiera pasado si Poe hubiera entendido su cerebro?

Es una pregunta que no tiene respuesta, pero vale la pena hacérsela.

Porque Poe tenía las herramientas creativas. Lo que no tenía eran las herramientas para gestionar el cerebro que producía esa creatividad. Nadie se las dio porque nadie las tenía. Ni siquiera él mismo sabía que las necesitaba.

Murió solo, en una ciudad donde nadie le esperaba, sin haber terminado de entender por qué su vida había sido siempre esa mezcla de genio y colapso.

La obra sobrevivió. Él no tuvo la misma suerte.

Si sientes que tu cabeza funciona de una manera que el resto no termina de entender, que tienes capacidades que a veces son brillantes y otras se vuelven en tu contra, lo primero es entender qué tipo de cerebro tienes.

No para ponerte una etiqueta. Para dejar de pelear contra ti mismo sin saber contra qué estás peleando exactamente.

Conocer cómo funciona tu cerebro no lo cambia. Pero cambia radicalmente lo que puedes hacer con él.

Hacer el test de TDAH

Relacionado

Sigue leyendo