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Comediantes con TDAH: cuando reírse es sobrevivir

Jim Carrey, Robin Williams, Howie Mandel. Los comediantes más grandes comparten un cerebro que necesita el caos para funcionar.

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Jim Carrey, Robin Williams, Howie Mandel.

Los mejores comediantes de la historia comparten algo más que el talento para hacer reír. Comparten un tipo de cerebro que necesita el caos para funcionar. Un cerebro que no sabe estar quieto, que salta de idea en idea como si la vida fuera un zapping sin mando, y que convierte todo ese ruido interno en algo que al resto del mundo le parece magia.

Pero no es magia. Es TDAH. Y cuando miras de cerca, el patrón es imposible de ignorar.

¿Por qué tantos comediantes muestran rasgos de TDAH?

La comedia es velocidad mental. Es coger una idea, darle la vuelta, conectarla con otra que no tiene nada que ver, y soltar el resultado antes de que nadie sepa qué ha pasado.

Eso es, literalmente, cómo funciona un cerebro con TDAH.

La impulsividad que en una oficina te hace decir lo que no debes, en un escenario te convierte en genio. La hiperactividad que en un aula te mete en problemas, delante de un micrófono es presencia escénica. La incapacidad de seguir el hilo "normal" de una conversación, en comedia se llama pensamiento lateral. Y es lo que separa a los buenos de los que hacen historia.

No es casualidad que los comediantes más explosivos, más rápidos, más inclasificables, sean precisamente los que no encajaban en ningún sitio.

Jim Carrey: el diagnóstico que explica todo

Jim Carrey tiene TDAH diagnosticado. No es especulación, no es interpretación de sus entrevistas. Lo ha dicho abiertamente.

De niño era tan hiperactivo que sus profesores no sabían qué hacer con él. Su padre negoció con el colegio un trato brillante: si Jim se portaba bien durante el día, le dejarían hacer quince minutos de comedia al final de la clase. Quince minutos donde ese cerebro podía explotar sin que nadie le mandara callar.

La historia completa de Jim Carrey es fascinante

Lo interesante es que si le quitas el TDAH a Jim Carrey, le quitas exactamente lo que le hace Jim Carrey. La velocidad. Los cambios de personaje en milisegundos. La improvisación salvaje. La incapacidad física de estar quieto. Todo eso no es actuación. Es su cerebro funcionando a las revoluciones que funciona siempre. Solo que en un plató, esas revoluciones valen millones.

Howie Mandel: TDAH, TOC y cero filtros

Howie Mandel es otro caso confirmado. Diagnosticado de TDAH y de trastorno obsesivo compulsivo. Y ha hecho de ambas cosas parte de su identidad pública sin ningún tipo de vergüenza.

Es el tío que presenta Deal or No Deal y que no puede dar la mano a nadie. Literalmente. Su TOC le impide tocar a desconocidos. Y en vez de esconderlo, lo convirtió en su marca. Puño cerrado, sonrisa enorme, sin contacto físico. El público lo sabe, lo respeta, y él sigue haciendo reír a millones.

Su historia merece un artículo entero

Su comedia es pura impulsividad. Dice lo primero que le viene a la cabeza, sin filtro, sin edición, sin esa pausa de tres segundos que la gente neurotípica usa para decidir si algo es apropiado. Para un cerebro con TDAH esa pausa no existe. Y en comedia, esa falta de filtro es oro.

Robin Williams: el caso que no podemos confirmar

Aquí hay que ser honestos.

Robin Williams nunca fue diagnosticado públicamente de TDAH. No hay una entrevista donde lo confirme, no hay un comunicado, no hay un médico que lo haya dicho.

Pero si alguna vez has visto una entrevista suya, sabes de lo que hablo.

La velocidad de asociación era sobrehumana. Cambiaba de tema, de voz, de personaje, de idioma, todo en la misma frase. Su cerebro parecía funcionar en una dimensión temporal diferente al resto de mortales. Los entrevistadores no podían seguirle. El público tampoco. Y eso era parte de la gracia.

Lo que Robin Williams nos enseña sobre la conexión entre humor y TDAH

¿Tenía TDAH? No lo sabemos con certeza. Pero su cerebro funcionaba de una forma que a millones de personas con TDAH les resulta dolorosamente familiar.

El precio del escenario

Hay algo que conecta a estos tres comediantes y que rara vez se menciona cuando la gente habla de "famosos con TDAH".

Los tres han hablado de depresión. De ansiedad. De momentos donde toda esa energía se volvía contra ellos.

Porque el TDAH no es solo velocidad y creatividad y ocurrencias brillantes. También es un cerebro que no tiene botón de apagar. Es agotamiento crónico disfrazado de energía. Es la caída brutal que viene después de cada subidón. Es estar delante de diez mil personas sintiéndote el rey del mundo, y luego volver al hotel y no poder con tu propia cabeza.

Robin Williams lo expresó mejor que nadie: las personas más divertidas suelen ser las más tristes. Y no es una frase bonita para Instagram. Es la realidad de vivir con un cerebro que genera a la misma velocidad que destruye.

Howie Mandel ha contado cómo su TOC y su TDAH le hacían la vida imposible fuera del escenario. Jim Carrey ha hablado de años enteros de depresión profunda.

El escenario era el alivio. Pero solo dura lo que dura la función.

Lo que los comediantes con TDAH nos enseñan

Que la energía que el mundo llama "demasiado" puede ser exactamente lo que necesitas para hacer algo extraordinario.

Que un cerebro que no para, que salta, que conecta cosas que nadie más conecta, no es un cerebro roto. Es un cerebro que todavía no ha encontrado su escenario. Jim Carrey lo encontró con quince años en un aula de Canadá. Howie Mandel lo encontró haciendo reír a desconocidos. Robin Williams lo encontró en cada habitación donde entraba.

Y que el precio existe. Que no todo es inspirador y bonito. Que detrás de cada cómico genial con un cerebro que funciona a mil por hora, hay una persona que a veces no sabe cómo vivir con ese mismo cerebro cuando se apagan las luces.

Pero que saberlo cambia las cosas. Saber qué tienes, ponerle nombre, entender por qué tu cabeza funciona así, es la diferencia entre pelear contra ti mismo y empezar a usarte.

Si alguna vez te han dicho que eras demasiado intenso, demasiado rápido, demasiado de todo, puede que no fuera un defecto. Puede que simplemente nadie te haya explicado cómo funciona tu cerebro.

Hacer el test de TDAH

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