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Día de la madre con TDAH: querer hacerlo perfecto y olvidar el regalo

Llevas semanas pensando en el regalo perfecto para tu madre. El día llega y no tienes nada. No es desamor, es TDAH.

tdah

Llevas semanas pensando en el regalo perfecto. El día llega. No tienes nada.

No es que no te importe. Es que tu cerebro con TDAH convierte la intención en humo cada vez que se acerca una fecha importante.

Lo peor no es olvidarlo. Lo peor es que lo tenías todo planeado. En tu cabeza, el regalo ya estaba comprado, envuelto, y tu madre ya estaba emocionada. Lo habías visualizado con todo detalle. Lo único que faltaba era hacerlo de verdad.

Y ahí es donde tu cerebro dice "bueno, ya lo tengo controlado" y se va a buscar otra cosa que hacer.

¿Por qué siempre olvidas las fechas que más te importan?

No es memoria. Es intención sin ejecución.

Tu cerebro sabe que el día de la madre es importante. Lo sabe desde marzo. Cada vez que ves un escaparate con flores piensas "tengo que comprar algo". Cada vez que pasas por una librería piensas "un libro, le encantaría un libro". Cada vez que abres Amazon piensas "ahora lo pido".

Pero no lo haces. No en ese momento. Porque ahora mismo no toca, todavía quedan semanas, ya lo harás mañana.

Y mañana tu cerebro ya no recuerda que había algo pendiente. Porque tu cerebro no hace calendario sentimental. No tiene una alarma interna que diga "oye, que se acerca una fecha importante, activa modo regalo". Tu cerebro tiene una alarma que suena el mismo día, a las 9 de la mañana, cuando ves la foto de tu amigo con su madre en Instagram y piensas "no, no, no, no, no".

Y entonces entras en modo pánico.

El modo pánico del día de la madre

A las 9:05 estás buscando floristerías abiertas en domingo.

A las 9:12 descubres que la floristería buena cierra los domingos. Obvio.

A las 9:18 piensas en una tarjeta. Pero no tienes tarjetas. Ni cartulina. Ni rotuladores. Tienes un boli Bic medio seco y un post-it amarillo.

A las 9:25 decides que le vas a hacer un desayuno. Abres la nevera. Hay un yogur caducado, dos limones y medio brick de leche.

A las 9:30 consideras escribirle un mensaje bonito. Pero escribir algo emocional bajo presión con TDAH es como intentar hacer un examen sorpresa de sentimientos. No sale nada natural. Sale forzado, genérico, y suena a tarjeta de Hallmark traducida por Google.

A las 9:45 llamas a tu madre y le dices "es que tengo una sorpresa pero llega tarde".

No hay sorpresa. No hay nada. Solo tú, tu culpa y tu cerebro que está convencido de que la próxima vez será diferente.

La culpa es el verdadero regalo (que nadie quiere)

Esto es lo que la gente sin TDAH no entiende.

No olvidaste el día de la madre porque tu madre no te importa. Lo olvidaste porque las fechas fijas son el punto ciego más grande de un cerebro con TDAH. Querer a alguien no evita que se te olvide su día. El cariño no genera recordatorios automáticos.

Y la culpa que viene después es desproporcionada. No es un "vaya, se me pasó". Es un "soy la peor persona del mundo, no merezco que me quieran, cómo puede ser que no sea capaz ni de comprar unas flores".

Esa espiral la conozco bien. Esa culpa de saber que fallas en lo básico mientras tu cerebro es perfectamente capaz de recordar el nombre de todos los personajes de una serie que viste hace 8 años.

Tu madre te pregunta qué le has regalado y tú puedes recitar de memoria el árbol genealógico de los Targaryen pero no pudiste acordarte de ir a una tienda.

Lo que funciona (y lo que no)

"Ponlo en el calendario". Gracias, Einstein. Como si el calendario no fuera ese sitio donde pongo cosas para luego no mirarlo.

Lo que sí funciona es entender cómo trabaja tu cerebro y dejar de luchar contra él.

Si sabes que vas a olvidar, prepárate para olvidar. Suena absurdo pero es la única estrategia real.

Compra los regalos de todo el año en enero. No los regalos perfectos, sino regalos dignos. Algo que puedas tener guardado en un armario y sacar cuando tu cerebro te traicione.

Pon cinco alarmas, no una. Una alarma dos semanas antes, otra una semana antes, otra tres días antes, otra la noche anterior, otra por la mañana. Y en cada una escribe algo específico: "COMPRA EL REGALO HOY, NO MAÑANA, HOY".

Dile a alguien que te lo recuerde. Sin vergüenza. "Oye, recuérdame el viernes que el domingo es el día de la madre, porque se me va a olvidar". Eso no es ser inútil. Es ser listo.

Tu madre lo entiende más de lo que crees

Esto va para los que ya la han cagado y están leyendo esto con la culpa encima.

Llama a tu madre. Dile la verdad. "Mamá, tenía pensado algo increíble y se me ha ido de las manos. No se me ha olvidado que eres importante. Se me ha olvidado que hoy era el día."

Las madres no quieren el regalo perfecto. Quieren saber que piensas en ellas. Y tú piensas en ella constantemente. Lo que no haces es ejecutar ese pensamiento a tiempo.

La diferencia entre querer y hacer, para un cerebro con TDAH, es un abismo. Pero el querer está ahí. Y eso vale más que unas flores compradas por obligación un domingo a las 9 de la mañana en un chino.

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