Después de socializar necesito días para recuperarme emocionalmente
Sales con amigos, la pasas genial, y al día siguiente estás destrozado. No es introversión. Es resaca emocional de un cerebro que se regula diferente.
Quedé con amigos el sábado. La pasé genial. Risas, cenas, buen rollo. Todo perfecto. Y el domingo me desperté como si me hubiera atropellado un camión emocional.
No estaba triste. No estaba enfadado. No me había pasado nada malo. Simplemente estaba vacío. Agotado. Como si socializar me hubiera quitado toda la batería de golpe y necesitara tres días enchufado al sofá para volver a ser persona.
Y no es introversión. Te lo digo porque durante años esa fue mi excusa. "Soy introvertido." Pero no. Los introvertidos necesitan tiempo solos para recargar. Yo necesito tiempo solo porque socializar me deja emocionalmente en la ruina.
¿Por qué socializar agota tanto si la pasas bien?
A ver, ¿qué pasa? Pues lo que pasa es que cuando estás con gente, tu cerebro está haciendo 47 cosas a la vez sin que te des cuenta.
Está procesando emociones ajenas. Está leyendo microexpresiones. Está regulando tu volumen emocional para no reaccionar de más (o de menos). Está filtrando estímulos - ruido, conversaciones cruzadas, música de fondo. Está intentando no hablar sin pensar ni soltar lo primero que se le viene a la cabeza.
En resumen: tu cerebro está trabajando el triple que el de los demás para hacer lo mismo que ellos hacen en piloto automático.
Y claro, cuando acabas, la factura llega. Y la factura es ese lunes en el que no puedes ni abrir el portátil.
¿Esto es normal o me pasa solo a mí?
Mira, te cuento lo que me pasa a mí y tú decides si te suena.
Después de un evento social - da igual que sea una cena, una fiesta, una reunión de trabajo con muchas personas - necesito mínimo un día entero sin hablar con nadie. Sin estímulos. Sin planes. Solo yo, el sofá, y una serie que ya haya visto para no tener que procesar nada nuevo.
Y si el evento fue especialmente intenso - mucha gente, mucho ruido, muchas emociones - pueden ser dos o tres días. Dos o tres días en los que estoy irritable, todo me molesta, y me frustro por cosas pequeñas que normalmente no me afectan.
Le llamo resaca emocional. Porque funciona exactamente como una resaca. La pasaste bien, bebiste más de la cuenta (emocionalmente), y ahora tu cuerpo te pasa la factura.
¿Tiene que ver con cómo gestiono las emociones?
Sí. Tiene todo que ver.
Cuando tu cerebro no regula bien la intensidad emocional - y el mío no lo hace - cada interacción social es como una montaña rusa que no pediste. Estás hablando normal, alguien cuenta algo triste y BAM, tu cerebro lo siente como si te hubiera pasado a ti. Alguien hace un chiste, te ríes tres veces más que los demás. Alguien te mira raro y tu disforia sensible al rechazo te convence de que te odia.
Todo eso consume energía. Una cantidad de energía que la gente normal ni se imagina. Porque para ellos socializar es automático. Para ti es un deporte de élite.
Y no es que no te guste. Ese es el punto. Te encanta estar con gente. Te lo pasas genial. Pero luego pagas el precio. Siempre.
¿Qué puedo hacer para no acabar destrozado?
Lo primero que aprendí: planificar el día de después. No el evento. El día de después. Si sé que el sábado tengo cena con amigos, el domingo no tiene planes. Punto. No negociable. Es mi día de recuperación y lo trato como si fuera un día de baja médica emocional.
Lo segundo: límites de exposición. No me quedo hasta las tantas porque sé lo que viene después. Me voy cuando noto que la batería está al 20%. No cuando está a cero. A cero ya es tarde.
Lo tercero: dejar de sentirme culpable por necesitar esto. Porque la culpa era lo peor. Sentirme culpable por descansar después de socializar, como si debiera poder aguantar más. Como si fuera un fallo mío.
No es un fallo. Es un cerebro que funciona a otra intensidad. Y necesita más tiempo de recuperación que la media. Eso es todo.
Si esto te pasa - si la resaca emocional es parte de tu vida y siempre pensaste que eras raro por necesitar tanto tiempo para recuperarte - no eres raro. Tu cerebro procesa más, regula diferente, y le cuesta todo más que a los demás. Entenderlo es el primer paso para dejar de machacarte.
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