Entrevistas de trabajo con TDAH: cuando tu cerebro decide improvisar

Te preparaste la entrevista durante días. Tu cerebro decidió olvidarlo todo. Entrevistas de trabajo con TDAH y cómo sobrevivir a ellas.

Me preparé la entrevista durante tres días. Ensayé las respuestas. Me las sabía todas. Y cuando me sentaron delante del entrevistador, mi cerebro decidió que era el momento perfecto para pensar en si había cerrado el coche.

No es broma.

Estaba ahí, sentado, con mi mejor camisa, el pelo peinado, la sonrisa ensayada, y en vez de pensar en mis fortalezas profesionales estaba calculando la probabilidad de que me hubieran robado el coche en los últimos 20 minutos. Porque mi cerebro, que lleva tres días repasando respuestas sobre trabajo en equipo y gestión de proyectos, decidió que eso ya no era interesante.

Y cuando el entrevistador dijo "cuéntame sobre ti", lo que salió de mi boca no se parecía en nada a lo que había ensayado.

¿Por qué tu cerebro se queda en blanco justo en ese momento?

Porque la ansiedad y el TDAH son como dos colegas borrachos que se retroalimentan.

Tu cerebro con TDAH ya tiene problemas con la memoria de trabajo en condiciones normales. La memoria de trabajo es ese espacio donde guardas información mientras la usas. Es lo que te permite mantener una idea en la cabeza mientras la conviertes en palabras. En un día normal, ya se te olvidan las cosas a mitad de frase. Imagínate lo que pasa cuando le añades los nervios de una entrevista.

El estrés reduce la memoria de trabajo. En cualquier persona. Pero en un cerebro con TDAH, que ya funciona con la memoria de trabajo en modo ahorro de energía, el estrés no reduce la capacidad. La fulmina.

Resultado: tres días de preparación, y cuando te preguntan "¿cuál es tu mayor fortaleza?", tu cerebro te ofrece un silencio absoluto y la imagen de tu coche en el parking.

El monólogo infinito

Pero a veces pasa lo contrario.

A veces tu cerebro no se queda en blanco. A veces tu cerebro decide que es el momento de hablar. De todo. Sin filtro. Sin freno. Sin esa vocecita interna que dice "para, que llevas hablando cuatro minutos seguidos y nadie te ha pedido tu opinión sobre el sistema solar".

Te preguntan por tu experiencia laboral y acabas contando la historia de aquel proyecto en el que tu jefe no entendía nada, que te recuerda a cuando tu profesor de instituto te mandó un trabajo que no tenía sentido, que te recuerda a que una vez intentaste montar un negocio de camisetas con tu primo, que por cierto ahora vive en Alemania y está muy bien.

Y cuando paras, ves la cara del entrevistador.

Esa cara.

La de "no sé qué acaba de pasar pero no era lo que esperaba".

La hiperactividad verbal es la leche en una entrevista. Porque por fuera pareces entusiasta y comunicativo. Pero por dentro sabes que no has contestado a la pregunta. Que te has ido por las ramas. Que llevas tres minutos hablando y no recuerdas cómo has llegado ahí.

¿Y si el problema empieza antes de entrar?

Spoiler: empieza mucho antes.

Si tienes TDAH y ansiedad social, la entrevista no empieza cuando te sientas delante del entrevistador. Empieza tres días antes, cuando no puedes dormir pensando en todo lo que puede salir mal. Continúa la mañana de la entrevista, cuando cambias de ropa cuatro veces, se te hace tarde y llegas con el corazón a mil. Y sigue mientras esperas en recepción, ensayando mentalmente tu presentación mientras tu cerebro te bombardea con escenarios catastróficos.

Para cuando llega la entrevista real, ya llevas 72 horas en una entrevista mental. Estás agotado. Tu cerebro ha gastado toda la energía en preocuparse y no le queda nada para rendir.

Es como estudiar tanto para un examen que llegas sin haber dormido. Técnicamente te lo sabes. Prácticamente no puedes acceder a nada.

Cómo sobrevivir a una entrevista con tu cerebro

No te voy a decir "relájate y sé tú mismo". Eso no funciona ni para neurotípicos.

Lo que sí te voy a decir es lo que a mí me ha funcionado:

Lleva notas. En serio. Un folio con puntos clave. Nadie te va a descalificar por tener notas en una entrevista. De hecho, queda profesional. Y para tu cerebro es un ancla. Cuando se quede en blanco, miras el papel. No tienes que recordar todo, solo tienes que saber dónde está escrito.

Ensaya en voz alta, no en tu cabeza. Tu cerebro con TDAH es muy bueno imaginando que hace cosas. Puedes ensayar una respuesta mentalmente y sentir que te la sabes. Pero hasta que no la dices en voz alta, no sabes si funciona. Grábate con el móvil. Escúchate. Es incómodo, pero descubres las ramas antes de que te pierdas en ellas.

Pide que te repitan la pregunta. Si te quedas en blanco, no entres en pánico. Decir "perdona, ¿puedes repetirme la pregunta?" es perfectamente normal. Te da cinco segundos extra. Cinco segundos en los que tu cerebro puede reconectar.

Pon un ancla para los monólogos. Antes de responder, piensa una frase de cierre. Solo una. Tu cerebro puede divagar lo que quiera, pero cuando llegues a esa frase, paras. Es como poner un muro al final de un pasillo para no seguir andando hasta el infinito.

Llega con tiempo, pero no con demasiado. Si llegas 30 minutos antes, tu cerebro tiene 30 minutos para montar películas. 10 minutos antes es perfecto. Suficiente para no llegar con estrés, no tanto como para dejar que la ansiedad se instale.

El CV de 7 trabajos

Y luego está lo otro. Lo de antes de la entrevista. Lo de mirar tu currículum y ver siete trabajos en cinco años y pensar "esto no lo puedo explicar sin sonar inestable".

Porque la entrevista no es solo el momento de la entrevista. Es todo lo que arrastras hasta ella. Los cambios de trabajo. Los huecos en el CV. Los proyectos que empezaste con toda la ilusión del mundo y dejaste a los tres meses porque tu cerebro encontró algo nuevo.

Y todo eso, en una entrevista, se convierte en preguntas incómodas que tienes que responder con una sonrisa mientras tu cerebro grita por dentro.

Pero eso es tema para otro día.

Lo que nadie te dice sobre entrevistas y TDAH

Que la mayoría de las técnicas de entrevista están diseñadas para cerebros que funcionan de forma lineal. Pregunta, pausa, respuesta estructurada. Tu cerebro no funciona así. Tu cerebro funciona en espiral. En saltos. En conexiones que para ti tienen todo el sentido pero que para el entrevistador parecen cambios de tema aleatorios.

Y eso no significa que no seas válido para el puesto. Significa que el formato de la entrevista no está hecho para ti. Que estás jugando un juego con reglas que no favorecen cómo piensas.

Pero las reglas son las que son. Y en vez de pelear contra ellas, puedes aprender a jugar con tu cerebro en vez de contra él. Notas, ensayo en voz alta, frases ancla, pausas intencionadas.

No es hacer trampa. Es adaptación. Es lo que llevas haciendo toda la vida en todo lo demás.

Solo que esta vez lo haces a propósito.

Si las entrevistas te generan un nivel de ansiedad que no cuadra con lo que la gente llama "nervios normales", quizá hay algo más. Hice un test de TDAH basado en escalas clínicas. 43 preguntas, 10 minutos. No es un diagnóstico, pero es un primer paso para entender qué pasa en tu cabeza.

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