La mejor inversión en formación que hice y por qué no fue un curso

Busqué el conocimiento en el lugar menos esperado y cambió mi negocio más que cualquier programa de formación. No fue barato. Tampoco fue un máster.

La mejor formación que he recibido me la dio alguien que nunca supo que me la estaba dando.

No en un curso. No en un máster. En una conversación de cuarenta minutos con una persona que llevaba diez años en el mercado donde yo quería entrar. Me dijo tres cosas. Las tres cambiaron cómo pensaba sobre mi negocio. Y no cobró nada por decírmelas porque ni siquiera fue una sesión de consultoría, fue una conversación de sobremesa.

Eso no es replicable de forma sistemática. Pero dice algo sobre dónde está el conocimiento que mueve negocios.

¿Por qué el conocimiento práctico es más escaso que el teórico?

Porque el conocimiento teórico se documenta bien. Los libros, los cursos, los másteres - están llenos de conocimiento que puede formularse, estructurarse y enseñarse de forma ordenada.

El conocimiento práctico no se documenta igual. Lo que hace que un negocio funcione en un mercado específico, en un momento concreto, con unos clientes particulares - eso raramente está en ningún libro. Está en la cabeza de las personas que lo vivieron.

Y esas personas no siempre están dispuestas a compartirlo. O no saben cómo. O lo comparten pero en conversaciones que no quedan registradas en ningún sitio.

Los cursos te dan la teoría. La teoría es necesaria. Pero la teoría sin el contexto práctico es un mapa sin el territorio.

¿Qué tipo de formación mueve realmente un negocio?

La que tiene retroalimentación específica sobre tu situación específica.

Un libro sobre negociación te da principios generales. Un mentor que te observa negociar y te dice qué hiciste mal en esa propuesta concreta que perdiste - eso es diferente. El nivel de especificidad es diferente. Y la especificidad es lo que convierte el conocimiento en cambio de comportamiento.

Con TDAH esto es doblemente importante. El cerebro con TDAH no transfiere bien el conocimiento abstracto a situaciones concretas. Sabe la teoría pero en el momento de aplicarla el cerebro hace otra cosa. La retroalimentación específica, en tiempo real o muy cercana a la situación, cierra ese gap de una forma que el estudio teórico no puede.

El peor cliente que enseña más que un curso

¿Cuánto debería costarte la mejor formación?

No tiene una respuesta general.

La formación más cara que he comprado no fue la más valiosa. La formación más valiosa que he recibido no tuvo precio porque no era formación en sentido estricto. Era acceso a personas y a conversaciones.

Pero hay un principio que sí creo que es consistente: el coste de una formación debería ser proporcional a la claridad que tienes sobre cómo la vas a usar.

Si sabes exactamente qué problema tiene tu negocio ahora mismo y encuentras formación específicamente diseñada para ese problema - paga lo que sea razonable. Incluso caro. El retorno es claro.

Si no sabes exactamente qué necesita tu negocio y compras formación broad "para mejorar en general" - te estás comprando entretenimiento intelectual a precio de inversión.

Facturar más y ganar menos

¿Qué buscaría ahora si empezara de cero?

Un problema concreto que resolver.

Antes de pensar en qué aprender, identificaría qué es lo que me está costando dinero ahora mismo. No en abstracto. Específicamente. ¿Es el precio? ¿La captación de clientes? ¿La retención? ¿La ejecución?

Cuando tienes eso claro, la formación relevante se vuelve obvia. Y el criterio de éxito también: si en tres meses ese problema específico ha mejorado, la inversión valió la pena. Si no, no valió.

Y luego buscaría personas. No cursos. Personas que hayan resuelto ese problema en negocios parecidos al mío. Eso puede ser un mentor, un consultor, alguien de una comunidad privada, incluso alguien que no se dedica a dar formación pero que tiene el conocimiento.

El conocimiento que buscas casi siempre existe en forma de personas antes de existir en forma de cursos. Y el acceso a esas personas suele ser más barato, más rápido y más útil que esperar a que alguien monte un programa de formación sobre lo mismo.

La mejor inversión que puedes hacer en formación es saber exactamente para qué la necesitas antes de hacerla.

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