Dejo los libros a la mitad y tengo una mesilla llena de marcadores
Compras el libro, lo empiezas con energía, lo dejas en la página 47. Una y otra vez. No es que no te guste leer. Es algo más.
Tengo siete libros con marcadores puestos ahora mismo.
Siete. Los conté ayer porque me dio la vergüenza ajena suficiente como para necesitar el número exacto. Siete libros empezados, a medias, con un marcador que se ha vuelto permanente. Ya no marca el sitio donde me quedé. Marca el sitio donde me rendí.
Y lo más curioso es que los compré todos con ganas. Con esas ganas de "este sí, este me va a cambiar la vida, este lo acabo seguro". Algunos los compré en papel, que ya es decir. Porque comprar un libro en papel cuando tienes el historial de abandono que tengo yo es un acto de fe irracional a nivel religioso.
¿Por qué empiezas libros que sabes que vas a dejar?
A ver, vamos por partes. Porque la pregunta fácil sería "¿por qué los dejas?". Pero la pregunta más interesante es la otra. ¿Por qué los sigues comprando? ¿Por qué cada vez que pones uno en el carrito piensas que este va a ser diferente?
La respuesta, te lo digo sin rodeos, es dopamina.
Comprar el libro da subidón. Empezarlo da subidón. Las primeras páginas molan. El tema es nuevo, es estimulante, todavía no has llegado a la parte donde la cosa se pone técnica o densa o repetitiva. Todo es promesa. Todo es potencial. Tu cerebro está feliz.
Y entonces llega la página 50 o la 80 o la 120, y el libro ya no es nuevo. Ya lo conoces. Ya sabes de qué va. Y tu cerebro, que es muy listo para estas cosas, empieza a mirar hacia otro lado. Hay otro libro en la estantería. Ese de portada azul que compraste hace tres meses y que todavía tiene el plástico.
Ese sí tiene potencial.
El problema no es el libro. Es lo que pasa después de la novedad.
Mira, esto es algo que he tardado mucho en entender. Y cuando lo entendí, fue un poco incómodo porque me obligó a replantearme cosas.
No dejo los libros porque sean malos. Los dejo porque mi cerebro está regulado por el interés y la novedad. Cuando algo es nuevo, funciona. Cuando deja de ser nuevo, necesita otro estímulo para seguir. Y un libro que ya llevas tres semanas leyendo no es nuevo. Ya no da chute. Ya no activa nada.
Esto no es una cuestión de pereza. La pereza sería no empezar nunca ninguno. Yo los empiezo. O sea, tengo siete marcadores para demostrarlo. El problema viene después.
Y aquí es donde la cosa se pone interesante. Porque si te cuesta todo más que a los demás, acabar un libro cuando la novedad se ha ido es exactamente ese tipo de tarea: sin urgencia, sin fecha límite, sin recompensa inmediata, sin nadie mirando. O sea, el entorno perfecto para que tu cerebro diga "genial, para esto no estoy disponible".
Y te quedas con el marcador en la página 47.
La mesilla como evidencia
El caso es que yo pensé durante años que esto era una cuestión de elección de libros. "Es que no elijo bien". "Es que empiezo libros que no son para mí". Entonces me puse más selectivo. Leía reseñas. Pedía recomendaciones. Me aseguraba de que el tema me interesara de verdad antes de comprarlo.
Resultado: la mesilla siguió creciendo.
Cambié de estrategia. "Es que me disperso con demasiadas lecturas en paralelo, tengo que leer uno a la vez". Intenté el modo "un libro y ya". Cogía el que había empezado, me comprometía.
Resultado: seguía dejándolo. Solo que ahora sin ningún otro libro empezado con el que justificar que me había movido a otra cosa.
Y te digo más. Esto no es solo con los libros. Es con series, con proyectos, con cursos online, con cualquier cosa que tenga una fase de novedad brillante y una fase de continuidad que requiere seguir aunque el chute haya pasado. Empiezo cosas y no termino ninguna. No es un problema de libros. Es un patrón.
¿Cuándo te cansas del libro exactamente?
Hay un momento concreto. Lo reconozco ahora, pero tardé en verlo.
No me canso cuando el libro es difícil. Me canso cuando deja de sorprenderme. Cuando sé más o menos a dónde va. Cuando la estructura se ha vuelto predecible. Cuando ya no hay incertidumbre en cada capítulo.
O sea, me canso de todo muy rápido. Pero no de cualquier forma. Me canso en el momento exacto en el que el estímulo de la novedad se agota y lo que queda es puro esfuerzo sin recompensa inmediata.
Ese momento en los libros suele llegar entre el 30% y el 60% del libro. Antes de eso, hay descubrimiento. Después de ese punto, ya sabes demasiado. Ya no hay sorpresa. Y tu cerebro decide que tiene cosas mejores que hacer.
Concretamente, buscar el siguiente libro.
Quizá esto tiene más nombre del que parece
Aquí voy a ser directo contigo, porque si llevas leyendo este post hasta aquí, algo de esto te suena.
Ese patrón de empezar con mucha energía y abandonar cuando la novedad se va. La mesilla con marcadores. El próximo libro que va a ser diferente. La sensación de que no eres capaz de terminar nada aunque tengas interés real. El cansancio que llega cuando algo deja de ser estimulante y no cuando deja de importarte.
Esto tiene un nombre. Se llama TDAH.
No el de los niños que no paran en clase. El del adulto que ha terminado proyectos brillantes en tiempo récord cuando le enganchaban, y no ha podido terminar un libro de 200 páginas en seis meses. El de la persona que no es vaga, de hecho es muy curiosa, solo que su cerebro necesita novedad e interés para funcionar, y cuando eso se acaba, se apaga.
Si sospechas que esto puede ser tu caso, consulta con un psicólogo o psiquiatra. Esto no sustituye un diagnóstico profesional. Pero sí puede ser el primer hilo del que tirar.
Yo tardé mucho en conectar los puntos. La mesilla, los proyectos a medias, el patrón de abandono. Pensé que era un problema de carácter. Resultó que era algo más concreto, con nombre, y con maneras de manejarlo que no implican simplemente "esforzarte más".
Hoy tengo una relación diferente con los libros. No termino todos. Pero sé cuándo vale la pena seguir y cuándo el abandono es información, no derrota. Y sobre todo, he dejado de llamarme vago por ello.
Si esto te resuena y quieres saber si tu cerebro sigue ese mismo patrón, hice un test. 43 preguntas, 10 minutos, gratis. No es diagnóstico. Es información. Para que empieces a hacerte las preguntas correctas en vez de culparte de las respuestas que ya tienes.
Si te identificas con lo que describes aquí, puede que valga la pena hacer el Test TDAH gratuito. No te dice si tienes TDAH, eso lo hace un profesional. Pero sí te ayuda a ver si el patrón existe.
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Si los libros se te acumulan, quizá te interese echar un vistazo a hobbies abandonados y TDAH. El patrón es exactamente el mismo.
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