La culpa de no estar presente aunque estes en casa

El emprendedor puede estar físicamente en casa y completamente ausente. Y esa ausencia mental pesa más que cualquier viaje de trabajo.

Estás en casa.

Llevas en casa desde las cinco de la tarde. Has cenado con tu familia. Estabas sentado en la misma mesa, comiendo la misma comida. Físicamente presente.

Pero tu cabeza estaba en otra parte. En el email que no has mandado todavía. En la conversación difícil que tienes que tener con un cliente mañana. En los números del mes que no cuadran del todo. En la idea que se te ocurrió antes y que no has podido desarrollar porque no encontrabas el momento.

Tu cuerpo estaba en casa. Tú no.

Y en algún momento de la noche, alguien te dijo algo que ya te habían dicho antes, algo que tendría que haber generado alguna reacción en ti, y te encontraste asintiendo sin haber escuchado nada.

¿Por qué el cerebro emprendedor no sabe apagarse?

Porque no hay un interruptor. El cerebro del emprendedor, especialmente con TDAH, no tiene un modo "fin de jornada" incorporado. Las preocupaciones del negocio no desaparecen porque hayas cerrado el ordenador. Las decisiones pendientes no se pausan porque hayas llegado a casa.

Lo que pasa es que el modo trabajo sigue activo pero sin salida. Sin una pantalla donde expresarse, sin una tarea que resolver, el cerebro rumiea. Y mientras rumia, simula que está presente pero en realidad está procesando, planeando, preocupándose.

Con TDAH hay una capa adicional. La hiperfocalización puede hacer que un problema de negocio absorba toda tu capacidad cognitiva disponible durante horas, dejando casi nada para lo que está pasando delante de ti. No es mala voluntad. Es que tu cerebro ha decidido que eso es urgente y ha asignado los recursos ahí.

El resultado es la presencia sin presencia. Que es, de lejos, más frustrante para las personas a tu alrededor que la ausencia directa.

¿Cómo afecta eso a las personas que tienes cerca?

No de forma explosiva. De forma acumulativa.

Los momentos en que no estuviste de verdad se van sumando. Las conversaciones que no tuviste porque tenías la cabeza en otro sitio. Los planes que cancelaste o que cumpliste en modo zombie. Las veces que alguien intentó contarte algo importante y percibió que no estabas.

Nadie te dice nada la primera vez. Ni la segunda. Pero se va acumulando una sensación de que hay algo que se está perdiendo. De que el tiempo que compartís no cuenta del todo porque no estás entero.

Y la culpa que sientes tú tampoco ayuda a estar más presente. La culpa te saca de donde estás para llevarte a donde deberías estar, pero sin darte ninguna herramienta para conseguirlo. Solo te hace sentir mal en dos sitios a la vez, que es peor que estar mal en uno.

¿Hay forma de estar presente de verdad cuando el cerebro no para?

La presencia total, la de película, la de estar completamente aquí sin un solo pensamiento sobre el negocio, es poco realista para la mayoría de emprendedores. No te la vendas a ti mismo como objetivo porque va a frustrarte.

Lo que sí es posible es la presencia suficiente. Crear ventanas de tiempo donde el negocio no entra. No porque seas capaz de apagar el cerebro, sino porque has decidido que durante ese rato, si algo urgente aparece en tu cabeza, lo anotas y lo procesas después.

El sistema de anotar funciona para el cerebro TDAH mejor que el de ignorar. Si intentas ignorar un pensamiento urgente sobre el negocio mientras estás cenando con tu familia, ese pensamiento vuelve con más fuerza. Si lo anotas, tu cerebro lo suelta porque sabe que no se va a perder.

También funciona el ritual de transición. Algo que marque el paso de modo trabajo a modo presente. No tiene que ser elaborado. Puede ser diez minutos andando, puede ser una ducha, puede ser un café. Lo que sea que le diga a tu sistema nervioso que el modo anterior ha terminado.

¿Y la culpa? ¿Qué haces con ella?

La culpa solo es útil si te lleva a cambiar algo concreto. Si te quedes rumiándola, te come energía sin darte nada a cambio.

Así que si sientes culpa por no haber estado presente, úsala. Decide una cosa pequeña y concreta que vas a hacer diferente. No "voy a estar más presente", sino algo específico. Los miércoles sin portátil después de las ocho. Una pregunta real por día a las personas con las que vives. Lo que sea, pero pequeño y cumplible.

Emprender con TDAH es un deporte de riesgo en el que nadie te da manual.

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