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Cristiano Ronaldo: rituales, perfeccionismo y un cerebro que no acepta perder

900 goles, 5 Balones de Oro y rituales que sus compañeros no entienden. Nadie ha dicho TDAH, pero los patrones son difíciles de ignorar.

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Cristiano Ronaldo entra siempre al campo con el pie derecho. Siempre. Si pisa con el izquierdo, se para, retrocede y vuelve a entrar. En un estadio con 80.000 personas gritando, con la presión de una final, con las cámaras encima, se detiene a corregir el pie con el que pisa el césped.

Sus compañeros de vestuario cuentan que se mira al espejo antes de saltar al túnel. Que se peina. Que se ajusta las medias hasta que están exactamente iguales. Que en el hotel la noche antes del partido duerme siempre en la misma posición. Que su habitación tiene que estar a la misma temperatura. Que come lo mismo.

Cualquiera que haya compartido vestuario con él dice alguna variación de lo mismo: "Es obsesivo con los detalles."

La pregunta es: ¿obsesivo o algo más?

¿Tiene Cristiano Ronaldo TDAH?

Voy a ser claro desde el principio: no lo sé. Y tú tampoco. Y cualquiera que te diga que sí o que no, miente.

Cristiano Ronaldo no tiene un diagnóstico público de TDAH. Nunca ha hablado del tema. No hay ningún informe médico filtrado ni ninguna entrevista donde lo mencione. Así que no voy a sentarme aquí a diagnosticar a un tío que no me ha pedido opinión.

Lo que sí puedo hacer es mirar los patrones. Porque los patrones están ahí. Son públicos. Los han contado sus compañeros, sus entrenadores, los periodistas que lo han seguido durante dos décadas. Y si tienes TDAH o conoces a alguien que lo tiene, algunos de esos patrones te van a sonar la hostia de familiares.

Los rituales que nadie le pidió

Nadal tiene rituales

Los rituales de Nadal son secuenciales. Los de Ronaldo son ambientales. No es solo lo que hace antes de jugar. Es cómo necesita que esté todo a su alrededor para poder funcionar.

La misma habitación de hotel si es posible. La misma temperatura. La misma cama. Misma rutina de calentamiento. Misma secuencia de estiramientos. Sus compañeros en el Manchester United contaron que entrenaba antes de entrenar. Llegaba primero al campo. Se iba el último. Y si un día no rendía al nivel que él consideraba aceptable, se quedaba una hora más tirando faltas contra nadie.

Una hora más. Tirando faltas. Solo. Después del entrenamiento. A los 38 años.

Eso no es disciplina normal. Eso es un cerebro que no sabe apagarse.

El perfeccionismo que parece virtud pero quema por dentro

Aquí es donde la cosa se pone interesante. Porque el perfeccionismo de Cristiano no es del tipo "me gusta hacer las cosas bien". Es del tipo "si no es perfecto, no puedo vivir con ello".

Rio Ferdinand contó que Ronaldo se enfadaba después de ganar 3-0 si él no marcaba. Que se iba del estadio de mal humor. Que no hablaba en el autobús de vuelta. Tres goles de ventaja. Victoria clara. Y él cabreado porque no metió el suyo.

Rooney dijo que era "el jugador más difícil de consolar" porque nunca estaba satisfecho. Que podías decirle "tío, hemos ganado" y te miraba como si le hubieras insultado.

Ese perfeccionismo se parece mucho a algo que las personas con TDAH conocemos bien: la incapacidad de soltar. Tu cerebro se engancha a lo que no fue perfecto y se niega a dejarlo ir. Da igual que el resultado sea bueno. Da igual que todo el mundo esté contento. Tu cabeza sigue dándole vueltas a ese detalle que falló. Como un disco rayado que no para aunque quites la aguja.

900 goles y 47 negocios: el cerebro que no puede hacer solo una cosa

Más de 900 goles. 5 Balones de Oro. Pero eso es solo el fútbol.

Ronaldo tiene una cadena de hoteles. Una marca de ropa interior. Clínicas capilares. Una línea de perfumes. Gimnasios. Un museo dedicado a sí mismo en Madeira. Y probablemente tres proyectos más que se le han ocurrido esta mañana mientras desayunaba.

Para la mayoría de la gente, ser el mejor futbolista del mundo sería suficiente. Para Ronaldo, el fútbol parece ser una de las diez cosas que necesita hacer a la vez para sentirse vivo.

Y eso, otra vez, es un patrón reconocible. El cerebro que necesita múltiples proyectos funcionando al mismo tiempo para no aburrirse. Que si solo tiene una cosa, se asfixia. Que necesita estimulación constante porque la alternativa es una quietud que se siente como una condena.

¿Es TDAH? No lo sé. ¿Es compatible con un cerebro que necesita estimulación constante para funcionar? Bastante.

La competitividad que no entiende el "no pasa nada"

Hay un vídeo de Cristiano Ronaldo Jr jugando al fútbol con amigos. Cristiano padre lo mira desde la banda. El niño falla un pase y Ronaldo hace una mueca como si le hubieran clavado un tenedor. En el brazo. Lentamente.

No puede evitarlo. Su cerebro no procesa "no pasa nada, es un juego de niños". Su cerebro procesa: "Ha fallado. Hay que corregirlo. Ahora."

Las personas con TDAH tenemos un problema con la regulación emocional. No es que sintamos más que los demás. Es que lo sentimos todo a la vez, sin filtro, sin regulador de volumen. La frustración de un fallo menor se siente como una catástrofe. La alegría de un éxito se siente como ganar la lotería. No hay término medio. El dial siempre está al máximo.

Ronaldo celebra un gol como si le fuera la vida. Y encaja un fallo como si le fuera la vida. Porque para su cerebro, probablemente, le va la vida en cada uno.

¿Qué puedes aprender de alguien que puede que no tenga TDAH?

Puede que Ronaldo tenga TDAH. Puede que simplemente sea un competidor nato con una disciplina salvaje. Puede que sea las dos cosas. No hay forma de saberlo sin que él lo diga.

Pero lo que sí podemos sacar de su historia es una pregunta: ¿cuánta gente anda por ahí compensando un cerebro diferente con disciplina extrema sin saber que su cerebro funciona diferente?

Porque eso pasa. Mucho. Gente que lleva décadas funcionando a base de pura fuerza bruta, de rituales que crearon sin que nadie les explicara por qué los necesitaban, de perfeccionismo que les ha llevado a lo más alto pero que les quema por dentro.

Ronaldo tiene 900 goles. Pero también tiene la fama de ser el jugador que más sufre cuando pierde. El que se va del campo enfadado cuando gana. El que no puede soltar el balón mental ni en vacaciones.

Si eso te suena, no hace falta que metas 900 goles para prestarle atención. A veces basta con entender por qué tu cerebro funciona así.

Si alguna vez te han dicho que eres "demasiado perfeccionista", "demasiado intenso", "demasiado competitivo", puede que no sea una cuestión de personalidad. Puede que sea una cuestión de cómo funciona tu cerebro. Entenderlo es el primer paso.

Hacer el test de TDAH

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