El post de redes que borraria hoy si pudiera
Hubo un post que publiqué convencido de que era honesto y valiente. Luego entendi que era impulsivo y que mezclaba honestidad con necesidad de validacion.
Lo publiqué convencido. Llevaba días dándole vueltas a lo que quería decir. Lo escribí de un tirón, lo leí una vez, y le di a publicar.
Tres horas después quería que se lo tragara la tierra.
No porque la gente reaccionara mal. La mayoría lo recibió bien. Hubo comentarios positivos, mensajes de "yo también lo siento así", incluso algún nuevo seguidor. En teoría, funcionó.
Pero yo sabía lo que había debajo. Sabía que ese post no era tan honesto como parecía. Sabía que mezclaba algo real con algo que necesitaba escuchar para sentirme mejor. Y esa mezcla, aunque nadie más la viera, se me quedó clavada.
¿Qué tenía ese post que no tenían los demás?
Era un post sobre "lo que nadie te dice del emprendimiento". De esos que empiezan con "voy a ser honesto" y luego dicen verdades que en realidad son medias verdades muy bien empaquetadas.
El contenido era mayoritariamente real. Las dificultades que describía las había vivido. Pero el tono era el de alguien que necesita reconocimiento por haberlo sobrevivido. El subtext no era "te cuento esto porque te puede servir". Era "mirad lo que he pasado y lo bien que lo he gestionado".
Es una diferencia sutil. Y es exactamente la diferencia entre contenido que sirve al lector y contenido que sirve al ego de quien lo escribe.
¿Por qué lo publiqué si algo me decía que no lo hiciera?
Porque tenía prisa. Porque el impulso de publicar cuando tienes algo entre manos con TDAH es muy difícil de frenar. El hiperfoco llega, ves el post claro, y la ventana de oportunidad parece que se cierra si no actúas ahora.
Y también porque tenía una racha de silencio en redes. Llevaba días sin publicar, con la sensación de que el algoritmo me penalizaba, con la ansiedad de quien sabe que la presencia constante importa y que lleva tiempo sin estar presente. El post era lo que tenía. Lo publiqué.
Es exactamente el tipo de decisión que el negocio no puede permitirse de forma crónica: las urgencias que se inventan solas y que te llevan a actuar sin pensar.
¿Qué aprendí de ese post que no lo aprendo de los que salieron bien?
Que la honestidad en internet tiene una trampa. La trampa es que puedes ser técnicamente honesto sobre los hechos y al mismo tiempo completamente deshonesto sobre las motivaciones. Puedes contar algo real y hacerlo con una motivación completamente diferente a la que aparenta.
La audiencia rara vez ve la diferencia. Tú siempre la ves.
Y cuando publicas algo que tú sabes que no es del todo limpio, esa sensación no desaparece aunque la gente reaccione bien. De hecho, cuando la gente reacciona bien a algo que tú sabes que era un poco trampa, la sensación es peor. Como un engaño que salió bien. Y los engaños que salen bien son más peligrosos que los que no salen, porque refuerzan el hábito.
¿Qué hago ahora para evitar repetirlo?
Una regla sencilla que no siempre cumplo pero que intento cumplir: si el post lo escribí en menos de veinte minutos y lo estoy a punto de publicar, lo guardo y lo leo al día siguiente.
No siempre. No con todos. Pero con los que vienen de un estado emocional intenso, de rabia, de frustración, de necesidad de aprobación. Esos los guardo.
La mayoría de las veces al día siguiente los veo mejor. A veces los publico tal cual. A veces los reescribo. A veces los borro. Y cuando los borro es porque el post era para mí, no para nadie más. Y lo que es para mí no tiene que ser para el feed de nadie.
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