Volver al blog

Si tu cerebro funciona como el de Elvis, esto te interesa

Elvis compraba coches a desconocidos a las 3 AM y grababa canciones en una toma. Si tu cerebro funciona parecido, puede que no sea casualidad.

tdahfamosos

Elvis compraba coches para desconocidos a las 3 AM. Necesitaba estar rodeado de gente siempre. Y podía grabar una canción en una sola toma cuando le daba la gana.

Si eso te suena, puede que tu cerebro funcione parecido.

No estoy hablando de ser el Rey del Rock. Estoy hablando de un patrón que se repite una y otra vez en cerebros que no funcionan como el manual dice que deberían funcionar. La impulsividad descontrolada, la necesidad constante de estímulos, los momentos de genialidad absoluta mezclados con días de parálisis total.

Eso no es solo la historia de Elvis. Es la historia de mucha gente que a día de hoy ni siquiera sabe por qué su cabeza funciona así.

¿Qué tenía Elvis que no encajaba en ningún molde?

Elvis Aaron Presley nació en Tupelo, Misisipi, en 1935. Creció pobre. Tímido. El chaval que se sentaba al fondo de la clase y al que nadie prestaba demasiada atención. No era el típico niño que destaca en el colegio. De hecho, era bastante mediocre académicamente.

Pero ponle una guitarra delante y algo cambiaba.

No es que aprendiera a tocar siguiendo un método. Es que absorbía música como una esponja. Escuchaba gospel en la iglesia, blues en Beale Street, country en la radio, y su cerebro lo mezclaba todo en algo que nadie había escuchado antes. Sin formación musical formal. Sin partitura. Sin plan.

Eso no es disciplina. Es un cerebro que funciona por conexiones que otros no ven.

¿Tu cerebro también necesita estímulos extremos para funcionar?

Aquí es donde la cosa se pone interesante.

Elvis no podía estar solo. Literalmente. Tenía un grupo de amigos y colaboradores que vivían con él, la famosa Memphis Mafia, que estaban disponibles las 24 horas del día. A las 3 de la mañana, si a Elvis le daba por ir a comprar coches, iban todos. Si quería alquilar un cine entero para ver películas a medianoche, se hacía.

¿Capricho de estrella? Puede. Pero también es un patrón que cualquiera con TDAH reconoce al instante.

La búsqueda constante de estímulos. La incapacidad de quedarse quieto con sus propios pensamientos. La necesidad de tener siempre algo pasando, alguien cerca, algo que hacer. Porque cuando el cerebro se queda sin estímulo, lo que aparece no es calma. Es ruido interno. Ansiedad. Aburrimiento que duele físicamente.

Elvis llenaba ese vacío con gente, con compras compulsivas, con noches que se estiraban hasta el amanecer. No porque fuera irresponsable. Porque su cerebro necesitaba combustible constantemente para no apagarse.

Es parecido a lo que le pasaba a Michael Phelps. Otro cerebro que necesitaba estímulos intensos para funcionar, que encontró en la piscina un lugar donde gastar toda esa energía que el mundo normal no sabía dónde meter.

El hiperfoco del estudio de grabación

Y luego estaba la otra cara.

Elvis podía entrar en un estudio de grabación y clavar una canción en una sola toma. Los músicos que trabajaron con él lo contaban con cara de no creérselo. Cuando algo le enganchaba, cuando el estímulo era el correcto, todo lo demás desaparecía. No había distracciones. No había Memphis Mafia. No había coches ni cines a medianoche.

Solo Elvis, un micrófono y una concentración que parecía de otro planeta.

Eso es hiperfoco en estado puro.

El mismo cerebro que no podía quedarse solo cinco minutos sin buscar algo que hacer era capaz de meterse dentro de una canción y no salir hasta que estuviera perfecta. No por disciplina. No por método. Porque su cerebro decidía que eso era lo importante y todo lo demás dejaba de existir.

Es lo mismo que le pasaba a Edison. Días enteros sin dormir trabajando en una idea, olvidándose de comer, de sus compromisos, de todo lo que no fuera eso que su cerebro había decidido que era lo único que importaba en el universo.

La parte que nadie quiere ver

Elvis murió a los 42 años. Los últimos años fueron difíciles. Problemas con medicación. Aislamiento. Un cuerpo que ya no podía seguir el ritmo de un cerebro que nunca se apagaba.

No voy a romantizar eso. No tiene nada de romántico.

Pero sí tiene un patrón que se repite. Cerebros que funcionan a una intensidad que el mundo no entiende terminan buscando formas de regularse por su cuenta. A veces esas formas funcionan. A veces no. Y cuando nadie te dice que tu cerebro funciona diferente, cuando no tienes ni idea de por qué necesitas estímulos constantes o por qué no puedes parar cuando algo te engancha, las probabilidades de encontrar formas sanas de gestionarlo bajan bastante.

Elvis nació en 1935. El TDAH como diagnóstico no existía de forma accesible en su época. Nadie le dijo nunca que su cerebro funcionaba de una manera concreta. Que la impulsividad, la búsqueda de estímulos, el hiperfoco, la desregulación emocional, todo eso tenía un nombre y una explicación.

Simplemente vivió con ello. Como pudo.

Lo que conecta a Elvis contigo (si tu cerebro funciona así)

No necesitas comprar coches a las 3 de la mañana para reconocerte en esta historia.

Basta con que sepas lo que es no poder parar de hacer algo cuando te engancha. Lo que es necesitar gente alrededor porque el silencio te pone nervioso. Lo que es pasar de una energía brutal a un bajón sin que haya pasado nada que lo explique.

Basta con que alguna vez hayas sentido que tu cerebro tiene dos modos: todo o nada.

Elvis no sabía que su cerebro funcionaba diferente. Tú puedes saberlo. Y solo con eso, las posibilidades de gestionarlo cambian completamente. Porque no es lo mismo vivir arrastrado por algo que no entiendes que pilotarlo sabiendo cómo funciona el motor.

Florence Nightingale

Si alguna vez has sentido que tu cabeza va a otra velocidad, que necesitas más estímulos que el resto para funcionar, o que alternas entre hiperfoco total y parálisis absoluta, puede que no sea un problema. Puede que solo necesites entender cómo funciona tu cerebro.

Hacer el test de TDAH

Relacionado

Sigue leyendo