Cambio de app de productividad cada mes buscando la definitiva
Todoist. Notion. TickTick. Things. Has probado todas. La app definitiva no existe porque el problema no es la app.
Todoist. Notion. TickTick. Google Tasks. Things. Obsidian. Has probado todas. La definitiva no existe porque el problema no es la app.
Y lo sabes. En algún nivel lo sabes. Pero cada vez que descubres una nueva, tu cerebro te dice "esta sí". Con la misma convicción que las 14 anteriores. Y tú le crees. Otra vez.
¿Por qué ninguna app de productividad te funciona más de un mes?
Porque cambiar de app es más divertido que usarla.
No, en serio. Piénsalo. Cuando instalas una app nueva de productividad, ¿qué pasa? Configurar proyectos. Elegir colores. Organizar etiquetas. Importar tareas. Ver tutoriales. Probar funciones. Personalizar vistas.
Eso es dopamina pura. Es novedad. Es exploración. Es jugar.
Pero cuando ya está configurada y toca usarla para lo que supuestamente la instalaste (hacer las tareas), ahí se acabó la fiesta. Porque usar una app de productividad no es divertido. Es escribir "hacer la declaración de la renta" y luego mirar esa tarea cada día sin hacerla.
Y a las tres semanas, ya no abres la app. Pero ves un vídeo de YouTube sobre otra app. Una que tiene una función nueva. Una que "esta sí organiza todo diferente". Y el ciclo empieza otra vez.
Es el mismo mecanismo que cuando tienes mil sistemas de organización y ninguno funciona. No es que los sistemas sean malos. Es que tu cerebro se aburre de ellos antes de que den resultado.
El vídeo de YouTube que arruina todo
Este es un patrón que me hace mucha gracia, porque lo he vivido mil veces.
Estás usando Todoist. Te funciona. Más o menos. Llevas tres semanas y vas bien. Y entonces YouTube, con su algoritmo maldito, te recomienda un vídeo: "Por qué cambié de Todoist a Notion y me cambió la vida."
Y lo ves. Y la persona del vídeo tiene un sistema precioso. Con bases de datos. Con dashboards. Con views personalizadas. Y piensas: "claro, por eso Todoist no me funciona del todo. Lo que necesito es algo más completo."
Y pasas el fin de semana configurando Notion. Migras todas las tareas. Diseñas tu sistema perfecto. Te sientes genial.
Y tres semanas después, Notion está tan abandonado como Todoist. Pero tú ya estás viendo otro vídeo sobre TickTick.
La app no es el problema. El problema es que configurar una app nueva es una actividad de alta estimulación. Usar una app para hacer tareas es una actividad de baja estimulación. Y tu cerebro siempre va a elegir la primera.
Las 47 apps que tienes instaladas y no usas
Haz una cosa. Abre tu móvil ahora mismo y mira cuántas apps de productividad tienes instaladas.
No me refiero a la que usas ahora. Me refiero a las que usaste, dejaste, y nunca borraste. Están ahí. Como fantasmas. Algunas con la cuenta todavía activa. Algunas con datos de hace dos años. Algunas que ni recuerdas haber instalado.
Y cada una representa un "esta vez sí" que no fue. Un sistema perfecto que duró semanas. Un momento de ilusión seguido de un abandono silencioso.
Lo gracioso es que si te pregunto cuál es la mejor app de productividad, probablemente tengas una opinión muy formada. Porque las has probado todas. Eres un experto en apps de productividad. Solo que no eres productivo. Pero eso es un detalle menor.
El problema que ninguna app puede resolver
A ver, esto es clave.
Las apps de productividad están diseñadas para personas que ya saben qué hacer y necesitan un sitio donde apuntarlo. No están diseñadas para personas cuyo cerebro necesita activación externa para arrancar.
Tú puedes tener la lista de tareas más bonita del mundo. Con prioridades. Con fechas. Con etiquetas de colores. Pero si tu cerebro mira esa lista y no siente urgencia, novedad ni interés, la lista no va a hacer que muevas un dedo.
El problema no es que la app no tenga la función correcta. El problema es que tienes mil ideas y no ejecutas ninguna, y una app no cambia cómo funciona tu sistema de activación interno.
Una app organiza información. No organiza tu cerebro. Y la diferencia es brutal.
Lo que funciona no es la app. Es reducir la fricción.
No te voy a engañar, yo también he pasado por esta fase. He probado todas. Todas. Y lo que aprendí es que la mejor app es la más simple. La que abres en 2 segundos. La que no te invita a personalizar durante horas. La que es tan básica que no hay excusa para no usarla.
¿Sabes cuál es mi sistema actual? Una lista en texto plano. Sin colores. Sin etiquetas. Sin dashboards. Una lista con las tres cosas que voy a hacer hoy. Tres. No treinta y siete.
Parece ridículo después de haber pasado por Notion, Todoist, Things y media tienda de aplicaciones. Pero funciona. Porque no hay nada que configurar. No hay nada que personalizar. No hay excusa para pasar 45 minutos "organizando" en vez de haciendo.
Y si reconoces que este patrón de buscar la herramienta perfecta se repite en tu vida (no solo con apps, sino con sistemas, métodos, rutinas), quizá te cuesta más que a la mayoría por una razón concreta. Y esa razón no es que seas desordenado. Es que tu cerebro procesa la motivación de forma distinta.
Esto no es diagnóstico ni consejo médico, que no soy psicólogo. Pero si esto te suena a tu vida entera, hablarlo con un profesional no puede hacer daño.
---
Si el problema no es la app y lo sabes, quizá el problema es cómo funciona tu atención. Hice un test de 43 preguntas. Gratis, sin diagnóstico, pero con suficiente claridad para saber si merece la pena ir al psicólogo. Hacer el test TDAH.
Sigue leyendo
Por qué me cuesta todo más que a los demás (y no es que seas vago)
Sientes que todo te cuesta el doble. Que los demás avanzan y tú te quedas atrás. No eres vago. Puede que pase algo más.
No recuerdo cómo se llaman personas que conozco desde hace años
Te presentan a alguien, te lo repiten tres veces, y a los cinco minutos tu cabeza lo ha borrado. No es falta de interés. Tiene explicación.
Abandono mis proyectos justo antes de terminarlos
Empiezas con energía, llegas al 90% y lo dejas. No es falta de ganas. Tu cerebro tiene una explicación para esto que nadie te ha dado.
Las mañanas son mi peor momento del día y nadie me cree
Te levantas agotado aunque hayas dormido bien. No es pereza. Hay una razón neurológica por la que tus mañanas son un infierno.