Calculo mal el tiempo para todo y siempre voy con prisa
Siempre dices que te da tiempo de sobra y nunca te da. Tu cerebro calcula mal el tiempo para todo. Tiene explicación, y no es que seas vago.
"Tengo de sobra, me da tiempo." La frase que has dicho 4.000 veces en tu vida. Te ha dado tiempo exactamente 0 veces. Pero la sigues diciendo.
Y no es que seas optimista. Es que tu cerebro tiene una relación con el tiempo que solo se puede describir como ficción.
La película que tu cerebro se monta cada mañana
Te voy a describir algo que seguro reconoces.
Son las 8:15. Tienes que salir de casa a las 8:30. Tu cerebro hace las cuentas: ducharte, vestirte, desayunar, preparar la mochila. Y decide que en 15 minutos da para todo eso y para sentarte un momento a mirar el móvil.
Pues no. No da. No ha dado nunca. Y no va a dar mañana tampoco.
Pero tu cerebro no aprende. Mañana a las 8:15 va a hacer exactamente el mismo cálculo, con la misma confianza, como si las 3.000 veces que no le dio fueran un error estadístico y no un patrón como un castillo.
Y lo peor no es que calcules mal. Lo peor es la prisa. Esa prisa constante, de fondo, de ir siempre un poco tarde a todo. No a cosas importantes. A todo. A la compra. A quedar con un amigo. A una llamada que tú mismo programaste.
Siempre un poco desfasado. Siempre corriendo. Siempre pensando "si hubiera salido cinco minutos antes".
¿Por qué tu cerebro calcula mal el tiempo aunque te pase cada día?
Porque tu cerebro no calcula el tiempo. Imagina.
O sea, lo que hace no es "calcular" en el sentido real de la palabra. Lo que hace es inventarse una versión ideal de la realidad donde todo sale perfecto, no hay imprevistos, te vistes en 30 segundos, no se te olvida nada y las llaves están donde las dejaste.
Es como si tu cabeza tuviera un Google Maps interno que siempre te da el tiempo "sin tráfico". Pero tú vives en hora punta permanente. Y aun así, cada vez que el Maps interno dice "10 minutos", tú le crees. Aunque lleves años llegando en 25.
Hay gente que percibe el tiempo como algo lineal y predecible. Saben que han pasado 20 minutos porque sienten que han pasado 20 minutos. Tu cerebro no funciona así. Para ti, 20 minutos pueden ser 5 o pueden ser 45 dependiendo de lo que estés haciendo. Si estás con algo que te interesa, el tiempo desaparece. Si estás esperando, cada segundo pesa como un ladrillo.
Y no, esto no tiene nada que ver con "ser más organizado" o "ponerse más alarmas". Esto tiene que ver con cómo tu cerebro procesa el paso del tiempo. Que es distinto al de la mayoría. No peor. Distinto. Pero nadie te lo explicó nunca, así que llevas años pensando que eres un desastre.
Si sientes que el tiempo se te escapa sin hacer nada productivo, no es que pierdas el tiempo. Es que tu cerebro no lo mide igual.
El "ya voy con prisa" crónico
A ver, una cosa es llegar tarde a algo puntual. Eso le pasa a todo el mundo. Pero otra cosa es vivir en un estado permanente de prisa donde da igual lo que hagas, siempre vas justo, siempre apretado, siempre con esa sensación de que el día se te queda corto para absolutamente todo.
Porque cuando calculas mal el tiempo, no es solo que llegues tarde. Es que las tareas se apilan. Lo que iba a ser "una cosa rápida de 10 minutos" se come media hora. La reunión que iba a durar una hora dura hora y cuarto. El recado que ibas a hacer de camino se convierte en una odisea. Y todo eso se va acumulando hasta que llegas al final del día con la lista a medio hacer y la sensación de que has estado corriendo sin parar.
Eso no es desorganización. Es que tu estimación interna del tiempo no funciona bien. Y es algo que le pasa a mucha más gente de la que crees, solo que nadie habla de ello porque suena a excusa.
No es una excusa. Es un patrón real, documentado, y bastante más común de lo que imaginas en personas con dificultades de atención.
Lo que haces cuando ya vas tarde (que es siempre)
Esto también lo reconocerás.
Cuando ya vas tarde, entras en modo emergencia. De repente todo va rapidísimo. Te vistes en 40 segundos. Coges las llaves, la cartera, el móvil y sales disparado. Eres eficientísimo. Un crack.
Y piensas: "si pudiera funcionar así siempre, no llegaría tarde nunca".
Pero es que ese modo solo se activa cuando ya vas tarde. Tu cerebro necesita la urgencia para espabilar. Sin urgencia, sigue en su mundo, calculando que "da tiempo de sobra" mientras el reloj avanza sin pedir permiso.
Y eso crea un bucle. No sales a tiempo porque no sientes urgencia. Llegas tarde porque no saliste a tiempo. Sientes urgencia porque llegaste tarde. Rindes bien porque hay urgencia. Piensas que no necesitas salir antes porque rindes bien. No sales a tiempo. Repeat.
Si te suena este ciclo, probablemente también llegas tarde aunque salgas pronto. Es el mismo mecanismo por debajo.
Lo que me funciona a mí (que no es perfecto, pero es algo)
No te voy a engañar. No tengo una solución mágica para esto. Sigo calculando mal. Sigo yendo con prisa muchos días. Pero he mejorado bastante con una cosa muy simple que parece absurda.
Multiplico por dos.
En serio. Cada vez que mi cerebro me dice "esto me va a llevar 15 minutos", multiplico por dos. 30 minutos. Y la mayoría de veces, eso se acerca mucho más a la realidad.
No es ciencia. No es una app. No es un sistema de productividad con 47 pasos. Es multiplicar por dos. Y funciona porque parte de una verdad brutal: tu estimación del tiempo está rota. No la vas a arreglar. Pero puedes compensarla.
También ayuda cronometrarte en cosas cotidianas. No para obsesionarte, sino para tener datos reales. Porque "me ducho en 5 minutos" se convierte en "ah, me ducho en 14" cuando lo mides de verdad. Y esos 9 minutos de diferencia, multiplicados por 6 tareas al día, son los que te hacen ir siempre corriendo.
Parece una tontería, pero la diferencia entre calcular de cabeza y calcular con datos es la diferencia entre llegar a tiempo y llegar con prisa. Ya te digo.
Esto no lo digo como diagnóstico de nada, que no soy médico. Pero si calcular mal el tiempo es algo que te pasa todos los días, con todo, y llevas años pensando que el problema es que "no te organizas bien", quizá el problema sea otro. Y quizá merezca la pena hablar con un profesional que pueda evaluarlo de verdad.
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