Me comparo con los demás y siempre salgo perdiendo

Te comparas con todo el mundo y siempre pierdes. No es baja autoestima sin más. Es que tu cerebro lleva años acumulando evidencia de que eres el lento del grupo.

Tu compañero entrega el proyecto en dos días. A ti te lleva una semana y media. Tu amigo se organiza las vacaciones en una tarde. Tú llevas tres semanas con las pestañas abiertas sin reservar nada. Tu hermano contesta los emails del trabajo el mismo día. Tú tienes 47 sin abrir desde hace un mes.

Y la conclusión automática de tu cerebro, siempre la misma: "Los demás pueden y yo no".

Todos los días. Con todo. Sin excepción.

¿Por qué siempre sales perdiendo en la comparación?

Porque no estás comparando lo mismo.

Estás comparando el resultado visible de otra persona, el proyecto entregado, las vacaciones reservadas, los emails contestados, con tu proceso interno. Y tu proceso interno incluye las 87 veces que intentaste empezar y no pudiste, las 14 distracciones que te sacaron del foco, la culpa de no haber empezado antes, y el esfuerzo extra que necesitas para hacer exactamente lo mismo que los demás hacen con piloto automático.

O sea, estás comparando su final con tu camino completo. Y claro que pierdes. Así perdería cualquiera.

Pero el problema no es la comparación en sí. El problema es que llevas toda la vida haciéndola y tu cerebro ya tiene una biblioteca entera de evidencias que confirman la conclusión: "Eres más lento. Eres más desorganizado. Eres peor."

La base de datos interna del fracaso

Mira, tu cerebro lleva años haciendo algo muy concreto: registrar cada vez que te has quedado atrás.

Cada trabajo entregado tarde. Cada plan que cancelaste. Cada vez que alguien te dijo "pero si es fácil" y tú estabas sudando para sacarlo adelante. Cada vez que miraste a tu alrededor y todo el mundo parecía funcionar con menos esfuerzo.

Todo eso está archivado. Y cada vez que te comparas con alguien, tu cerebro no empieza de cero. Accede a esa base de datos y dice "mira, aquí tienes 3.000 ejemplos de que eres peor". Y tú lo sientes como verdad. Porque tiene pruebas.

Lo que no tiene son las pruebas del otro lado. Las veces que hiciste algo extraordinario en la mitad de tiempo porque estabas hiperfocado. Las soluciones creativas que se te ocurrieron cuando nadie encontraba la salida. Las conexiones que hiciste entre ideas que nadie más habría conectado.

Eso no lo registra. Eso lo descarta como suerte, como casualidad, como "eso lo habría hecho cualquiera".

¿Y si tu cerebro estuviera midiendo con una regla que no le corresponde?

A ver, lo que voy a decir no es excusa. Es contexto.

Si tu cerebro funciona con TDAH, estás literalmente usando un sistema operativo diferente al de las personas con las que te comparas. Tu gestión de la atención es diferente. Tu regulación emocional es diferente. Tu percepción del tiempo es diferente. Tu activación para las tareas es diferente.

Compararte con alguien neurotípico en cosas como organización, puntualidad o constancia es como comparar un pez con un pájaro en una competición de vuelo. El pez puede hacer cosas increíbles. Pero volar no es una de ellas. Y no porque sea un pez defectuoso.

Esto no lo digo yo por decir. El DSM-5 reconoce que el TDAH afecta al funcionamiento ejecutivo, que es precisamente lo que necesitas para organizarte, priorizar, estimar tiempos y completar tareas de manera consistente. O sea, exactamente las cosas en las que siempre sales perdiendo en la comparación.

No es que seas peor. Es que estás jugando un juego diferente con reglas que no son las tuyas.

La trampa del "debería poder"

"Debería poder hacer esto sin tanto esfuerzo." "Debería poder organizarme como los demás." "Debería poder entregar a tiempo sin que sea una crisis."

Debería, debería, debería.

Ese "debería" es una trampa. Porque se basa en la premisa de que tu cerebro funciona igual que el de los demás y que si no llegas es por falta de esfuerzo o de voluntad. Y esa premisa es falsa.

Pero llevas tantos años con ella que se ha convertido en la lente a través de la cual te miras. Y claro, si la lente dice "deberías poder y no puedes", la conclusión siempre es la misma: no vales lo suficiente.

Es el mismo mecanismo que hace que todo te cueste más que a los demás. No es una percepción exagerada. Es una realidad. Pero la interpretación importa.

Cambiar la comparación (no eliminarla, que es imposible)

No te voy a decir "deja de compararte". Es como decirle a alguien con hambre "deja de pensar en comida". No funciona así.

Lo que sí puedes hacer es cambiar lo que comparas.

En vez de comparar resultados, compara esfuerzo. En vez de "él lo hizo en dos días y yo en diez", prueba con "lo saqué adelante con un cerebro que necesita el triple de esfuerzo para la misma tarea". Que es igualmente cierto y cambia completamente la conclusión.

Y algo que a mí me cambió la vida: empezar a compararme conmigo de hace un año en vez de con los demás de hoy. Porque ahí sí hay progreso. Ahí sí las pruebas cuentan a tu favor.

Si sientes que te aburres de la gente que quieres o que tus relaciones se resienten por esta autocrítica constante, entiende que la comparación alimenta el aislamiento. Y el aislamiento alimenta más comparación.

Romper ese bucle empieza por entender qué hay debajo. Y si hay un cerebro con reglas distintas, lo que toca es hablar con un profesional que pueda evaluarlo. Esto no es un diagnóstico ni un consejo médico. Es mi experiencia.

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