El banco de ideas que me salvó de quedarme en blanco
Monté un sistema que recoge ideas solo mientras trabajo. Cuando llega el día de grabar, ya están ahí esperando. Cómo lo hice y qué falló.
Llega el día de grabar. Abro el documento de ideas. Está vacío.
Y no es que no haya tenido ideas esa semana. He tenido veinte. Lo que pasa es que las tuve mientras hacía otra cosa, y para cuando terminé esa otra cosa ya no me acordaba de ninguna.
Ese era mi problema. Y la solución no fue tener más ideas, fue dejar de perderlas.
¿Qué hacía antes?
Lo típico. Una nota en el móvil, un documento en el ordenador y un cuaderno.
Tres sitios, que es lo mismo que ninguno. Porque cuando llegaba el momento de buscar una idea, no me acordaba de en cuál de los tres la había apuntado. Y muchas veces ni la había apuntado, porque abrir la app, esperar, buscar la nota correcta y escribir tarda cuarenta segundos, y en cuarenta segundos se me ha ido.
Así que el ciclo era este: me pasaba una semana entera teniendo ideas buenas mientras trabajaba en otras cosas, ninguna quedaba apuntada, y el día de planificar contenido me sentaba delante de una hoja en blanco a intentar tener ideas a propósito.
Tener ideas a propósito, con el cronómetro puesto, es lo peor que existe. Sale contenido genérico, salen títulos que ya has visto en otros diez canales, y sale esa sensación de estar rebuscando en un cajón vacío.
Lo más frustrante es que las ideas buenas sí existían. Simplemente no sobrevivían al viaje desde el momento en que aparecían hasta el momento en que las necesitaba.
¿Cómo se recogen ideas sin pararse a buscarlas?
Con una regla que le costó bastante entrar en mi cabeza: la idea se captura en el momento en que aparece o no se captura.
No "luego la apunto". No "esta me la acuerdo seguro". En el momento, o se pierde.
Y como pararse a apuntar rompe lo que estás haciendo, la única forma de que funcione es que capturar cueste casi cero. Que no implique abrir nada, cambiar de aplicación ni decidir dónde va.
Aquí es donde entró la parte interesante del montaje: la mayoría de mis ideas aparecen mientras estoy trabajando con una IA. Estoy resolviendo algo con Claude Code, explicándole cómo quiero montar una cosa, y en mitad de esa explicación digo algo que en realidad es un vídeo entero.
Y si la idea aparece dentro de esa conversación, entonces quien tiene que capturarla es la propia conversación. No yo.
Lo que monté
Tres piezas, y la del medio es la que hace el trabajo.
Primera pieza: una base de datos. Una tabla en Airtable con seis campos y nada más. Título de la idea, por qué es interesante, tema, formato al que encaja mejor, fecha y un contador de veces que ha vuelto a salir.
Seis campos. Ni uno más. La primera versión tenía catorce, con puntuaciones de prioridad y estimaciones de esfuerzo, y ¿sabes cuántas veces rellené los catorce? Ninguna.
Segunda pieza: la captura automática. Le di a mi asistente una instrucción permanente: mientras trabajemos en lo que sea, si en algún momento digo algo que encaja con los temas de los que hablo en público, lo mandas a esa tabla en ese mismo instante. Sin preguntarme. Sin interrumpir lo que estamos haciendo.
Esa última parte, la de "sin preguntarme", es la clave entera del sistema. Si me pregunta, me interrumpe. Si me interrumpe, digo que no por inercia. Si no me pregunta, la idea entra y yo ni me entero.
Tercera pieza: el contador. Cada idea guarda cuántas veces ha vuelto a aparecer en distintas conversaciones. Y esto resultó ser lo más útil de todo, aunque no lo puse por eso.
Por qué el contador es lo mejor del sistema
Cuando tienes doscientas ideas apuntadas, el problema deja de ser tenerlas y pasa a ser elegir.
Y elegir por instinto es malo, porque el día que eliges estás de un humor concreto y eliges cosas de ese humor.
El contador resuelve eso solo. Una idea que ha aparecido cinco veces, en cinco conversaciones distintas, en cinco contextos distintos, es una idea que me obsesiona de verdad. Aunque yo no lo sepa. Aunque si me preguntas te diga que no me parece tan importante.
Las mejores cosas que he publicado este año salieron de ideas con contador alto. No de ideas que me parecieran brillantes al apuntarlas. De ideas que se me repetían sin darme cuenta.
Cada vez que una idea vuelve a salir, además, se guarda el ejemplo nuevo. Así que cuando me siento a escribir sobre ella, no tengo el título pelado: tengo el título y cinco situaciones reales donde eso pasó. El post se escribe casi solo.
En las herramientas del creador con IA tienes el resto de piezas que uso alrededor de esto, y si quieres la versión conceptual de cómo montar tu propio banco de ideas de contenido con IA, lo tengo desarrollado ahí sin depender de mis herramientas concretas.
Lo que falló
La primera versión capturaba demasiado poco. Le puse un criterio de calidad tipo "captura solo si la idea es buena" y el resultado fue una idea a la semana. Porque una máquina siendo prudente es extremadamente prudente.
Lo cambié por lo contrario: ante la duda, captura. El coste de una idea mala es que la borro de un clic. El coste de una idea perdida es que no vuelve. La asimetría está clarísima y yo la tenía al revés.
La segunda versión duplicaba todo. Al quitar el filtro de calidad, empezó a crear ideas nuevas que eran la misma idea de siempre escrita con otras palabras. Acabé con cuatro entradas distintas sobre lo mismo.
Se arregló obligando a que antes de crear nada, mire si ya existe algo equivalente. Si existe, suma una mención en vez de crear una entrada nueva. Que es justo lo que hizo que el contador empezara a funcionar de verdad.
Y la tercera cosa que falló fui yo. Estuve dos meses capturando ideas y sin abrir nunca la tabla. Un banco de ideas que no se consulta es un cementerio de ideas muy bien organizado.
Lo arreglé metiendo la consulta dentro del propio proceso de planificar contenido. Ahora, cuando me siento a decidir qué grabo, lo primero que pasa es que se abre la lista ordenada por contador. No tengo que acordarme de mirarla. Está en el camino.
¿Qué haría distinto?
Empezaría con los seis campos, no con catorce. Ya te digo que el impulso de diseñar la base de datos perfecta va a estar ahí, y hay que ignorarlo.
Pondría el contador desde el primer día. Yo lo añadí meses después y perdí todo el histórico anterior, que habría sido justo el más interesante.
Y no me molestaría en categorizar por formato al principio. Una idea buena acaba siendo vídeo, post y correo. Decidir el formato en el momento de capturar es adelantar una decisión que no toca todavía. Si quieres profundizar en cómo estructurar esto bien, lo desarrollé en la base de datos de contenido editorial.
El sistema entero cabe en una tarde. Lo que no cabe en una tarde es la disciplina de que capturar no dependa de tu memoria, y esa es toda la gracia del asunto.
Todo esto vive dentro de un sistema más grande de trabajo con IA, con las reglas, el contexto y los flujos que hacen que funcione sin que yo esté encima. Lo enseño entero aquí.
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