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Ashley McKenzie: el judoka olímpico que entrena con TDAH a toda máquina

Ashley McKenzie tiene TDAH diagnosticado y compite en judo olímpico. Su impulsividad no es un fallo: es lo que le hace peligroso en el tatami.

tdahfamosos

El judo es un deporte donde tienes que tomar decisiones en milésimas de segundo.

Tu rival se mueve, tú lees su cuerpo, calculas el agarre, anticipas el desequilibrio y ejecutas. Todo eso pasa en menos tiempo del que tardas en parpadear. Si piensas demasiado, acabas en el suelo. Si piensas demasiado poco, también.

Ahora imagina que tu cerebro funciona a una velocidad diferente al del resto. Que la impulsividad no es algo que controlas, sino algo que te controla a ti. Que tu cabeza salta de una idea a otra como si estuviera jugando al pinball consigo misma.

Eso es tener TDAH. Y eso es lo que tiene Ashley McKenzie, judoka olímpico británico, competidor en Londres 2012 y Río 2016, y uno de los deportistas más explosivos que ha pisado un tatami internacional.

¿Cómo funciona el TDAH en un deporte de combate como el judo?

Cuando la gente piensa en TDAH y deporte, piensa en Michael Phelps nadando largo tras largo en una piscina. En deportistas que encontraron en el movimiento repetitivo una forma de calmar el cerebro.

El judo no tiene nada de repetitivo.

Es combate puro. Cuerpo contra cuerpo. Cada segundo es una decisión nueva. No hay carriles. No hay rutas. Solo tú, tu rival, y un tatami donde todo se resuelve en tiempo real.

Para la mayoría de cerebros, eso es agotador. Para un cerebro con TDAH, es exactamente el tipo de estímulo que necesita para funcionar bien.

Ashley McKenzie ha hablado abiertamente de su diagnóstico. No lo esconde, no lo disfraza, no le pone un lazo bonito. Tiene TDAH y punto. Y en vez de intentar encajar en un molde que no le correspondía, encontró un deporte donde las reglas del juego favorecen exactamente lo que su cerebro hace de forma natural.

Reaccionar rápido. Actuar antes de que el rival piense. Leer el momento sin necesidad de analizarlo. Pura intuición explosiva.

La impulsividad como arma de combate

En el colegio, la impulsividad es un problema. Levantas la mano antes de pensar la respuesta. Interrumpes. Actúas sin medir las consecuencias. Y te lo dicen una y otra vez: "piensa antes de actuar".

En el tatami, pensar antes de actuar te puede costar el combate.

El judo de alto nivel se decide en transiciones. En ese instante en el que tu rival pierde el equilibrio durante medio segundo y tú tienes que decidir si atacas o esperas. Los judokas con cerebros "normales" analizan. Calculan riesgo. Buscan el momento perfecto.

Ashley McKenzie ataca.

No porque sea temerario. Sino porque su cerebro procesa la oportunidad y la ejecuta antes de que la parte racional tenga tiempo de intervenir. Eso, en un deporte de combate, es una ventaja brutal. Es como tener un tiempo de reacción que los demás no pueden igualar por mucho que entrenen.

La misma impulsividad que en clase le habría ganado una bronca, en el tatami le gana combates.

Lo que no ves desde las gradas

Representar a tu país en unos Juegos Olímpicos con TDAH no es solo cuestión de talento.

Es gestionar un cerebro que el día del combate más importante de tu vida puede decidir que no le apetece concentrarse. Es entrenar seis horas al día cuando tu cabeza quiere estar en cualquier otro sitio. Es mantener la disciplina de un atleta olímpico con un sistema nervioso que funciona a base de estímulos inmediatos, no de planes a largo plazo.

Porque el TDAH no desaparece cuando te pones el judogi. No se queda esperando fuera del tatami. Está ahí en cada entrenamiento, en cada concentración, en cada viaje. En las dietas. En los horarios. En toda la estructura invisible que sostiene a un deportista de élite.

Cada deportista con TDAH encuentra su propia forma de lidiar con eso

Cuando el deporte se convierte en regulador

Hay algo que la gente no suele entender del TDAH y el deporte de alta intensidad.

No es solo que el ejercicio "te ayude a concentrarte". Es que para un cerebro con TDAH, el deporte de combate funciona como un regulador del sistema nervioso. La descarga de adrenalina, el esfuerzo físico extremo, la necesidad de estar presente al cien por cien porque si no te tiran al suelo. Todo eso le da al cerebro exactamente lo que necesita para calmarse después.

Es paradójico. Te metes en la actividad más intensa que existe y sales más tranquilo que cuando entraste.

Phelps encontró eso en la piscina. Iniesta lo encontró en el campo

Y cuando lo encuentra, no lo suelta.

Lo que Ashley McKenzie demuestra sin decirlo

Que un cerebro con TDAH no es un cerebro que no funciona. Es un cerebro que funciona diferente. Y en el contexto adecuado, esa diferencia no es un problema. Es lo que te hace peligroso.

Que la impulsividad no es siempre un defecto. Depende de dónde la pongas. En un examen de matemáticas, sí, probablemente no te convenga responder lo primero que se te pasa por la cabeza. En un combate de judo olímpico, esa misma impulsividad puede ser la diferencia entre medalla y eliminación.

Que no hace falta encajar en el molde estándar para llegar a lo más alto. Ashley McKenzie llegó a unos Juegos Olímpicos con un cerebro que el sistema educativo habría catalogado como problemático. Y resulta que ese cerebro era exactamente lo que necesitaba para competir al más alto nivel.

A veces el problema no es tu cabeza.

Es el contexto donde intentas usarla.

Si alguna vez has sentido que tu cerebro funciona a otra velocidad, que reaccionas antes de pensar y piensas más rápido de lo que puedes explicar, puede que no sea un defecto. Puede que solo necesites entender cómo funciona.

Hacer el test de TDAH

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