Lo que Arquímedes nos enseña sobre el hiperfoco que olvida el mundo
Arquímedes se olvidaba de comer, de vestirse y de que había un ejército asediando su ciudad. El hiperfoco tiene consecuencias reales.
Arquímedes se olvidaba de comer, de vestirse y de que existía un ejército romano asediando su ciudad. Cuando un soldado vino a buscarle, su respuesta fue "no me molestes, estoy trabajando". Le mataron. El hiperfoco tiene sus consecuencias.
Y antes de que pienses que estoy exagerando para hacer un titular, no. Los relatos históricos coinciden en eso. Uno de los cerebros más brillantes de la historia de la humanidad murió porque estaba tan absorto en un problema de geometría que ignoró a un soldado armado que le estaba dando una orden directa.
Eso no es disciplina. Eso no es pasión. Eso es un cerebro que, cuando se engancha a algo, desconecta el resto del universo.
¿Quién era Arquímedes y por qué parece un caso de libro?
Nació en Siracusa, Sicilia, alrededor del 287 a.C. Fue matemático, físico, ingeniero, inventor y astrónomo. Descubrió el principio de la palanca, calculó el número pi con una precisión absurda para su época, inventó máquinas de guerra que mantuvieron a raya al ejército romano durante dos años y, según la leyenda, salió corriendo desnudo por la calle gritando "¡Eureka!" cuando descubrió cómo medir el volumen de un objeto irregular.
Desnudo. Por la calle. Porque se le ocurrió algo en la bañera y su cerebro decidió que vestirse no era prioritario.
Si eso no te suena a alguien que conoces (o a ti mismo un martes a las tres de la mañana persiguiendo una idea que "solo iba a ser cinco minutitos"), no sé qué decirte.
Obviamente, no podemos diagnosticar a alguien que vivió hace más de dos mil años. No tenemos su historial clínico, no le pasaron el ASRS y no podemos sentarle en la consulta de un neurólogo. Pero los patrones de comportamiento que las fuentes históricas describen son, como mínimo, llamativos.
¿Qué nos enseña Arquímedes sobre los peligros del hiperfoco?
El hiperfoco es esa capacidad que tienen muchos cerebros con TDAH de engancharse a una tarea con una intensidad que, desde fuera, parece sobrehumana. Horas sin comer. Sin ir al baño. Sin darte cuenta de que ha anochecido, ha amanecido y ha vuelto a anochecer.
Suena genial, ¿verdad? El superpoder del TDAH. La parte bonita que la gente comparte en redes.
El problema es que el hiperfoco no tiene freno de mano. No es algo que tú activas y desactivas a voluntad. Es tu cerebro el que decide cuándo entra en ese modo y cuándo sale. Y mientras estás ahí dentro, el mundo exterior deja de existir.
Arquímedes es el ejemplo extremo. Literal. Le costó la vida.
Pero no hace falta irse al 212 a.C. para ver las consecuencias. Las ves cada día. En la persona que se olvida de recoger a sus hijos porque estaba "metida en algo". En el que no come en ocho horas porque está programando. En el que llega tarde a todas partes porque "cinco minutos más" se convierten en dos horas sin que se dé cuenta.
Marie Curie tenía un patrón parecido
Gaudí vivió algo similar con la Sagrada Familia
El patrón se repite. Cerebros que brillan con una intensidad que deja huella en la historia, pero que pagan un precio que nadie menciona en los libros de texto.
El eureka como metáfora perfecta del cerebro que no para
Lo del "¡Eureka!" no es solo una anécdota graciosa. Es una metáfora perfecta de cómo funciona un cerebro que probablemente tenía TDAH.
El rey Hierón le había encargado averiguar si su corona era de oro puro o si el orfebre le había metido plata por ahí. Arquímedes le daba vueltas y vueltas al problema. No podía fundir la corona para analizarla. Necesitaba otra forma de medir su densidad.
Y la solución le llegó en la bañera. No en el laboratorio. No sentado con papiro y cálamo trabajando de forma metódica. En la bañera. Haciendo otra cosa. Cuando su mente consciente se relajó y dejó de intentar forzar la respuesta.
Si tienes TDAH, sabes exactamente de qué hablo. Las mejores ideas no te llegan cuando te sientas a pensar. Te llegan en la ducha. Conduciendo. A las tres de la mañana cuando se supone que deberías estar durmiendo. Tu cerebro trabaja en segundo plano todo el rato, y cuando menos te lo esperas, te suelta la solución como si nada.
El problema es que esas ideas llegan cuando llegan. No cuando tú quieres. Y si no las capturas en ese momento, desaparecen como si nunca hubieran existido.
El genio y la negligencia comparten el mismo cerebro
Y esa es la lección que Arquímedes nos deja sin proponérselo.
El hiperfoco no es un superpoder. Es una característica de un cerebro que funciona de forma diferente. A veces produce resultados extraordinarios. A veces te deja sin comer ocho horas. Y a veces, en el caso más extremo de la historia, te hace ignorar a un soldado romano que te está apuntando con una espada.
No se trata de eliminar el hiperfoco. Eso no es posible. Se trata de entender cómo funciona tu cerebro para poder trabajar con él en vez de contra él. Poner alarmas. Tener a alguien que te saque de la cueva cuando llevas demasiado rato dentro. Crear sistemas que compensen lo que tu cerebro no va a hacer por ti.
Porque Arquímedes no necesitaba más disciplina. Necesitaba a alguien que le dijera "tío, hay un ejército ahí fuera, deja el compás y vámonos".
Si alguna vez te has perdido tan dentro de algo que el mundo ha dejado de existir durante horas, si las ideas te llegan a deshoras y se van igual de rápido, puede que no sea un defecto. Puede que solo necesites entender cómo funciona tu cerebro.
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