El día que acepté que soy un desastre y mi negocio mejoró
Dejé de fingir que tengo todo controlado. Acepté que soy un caos. Y mi negocio mejoró porque dejé de luchar contra mi cerebro.
Tengo una confesión que hacerte.
Soy un maldito desastre.
No lo digo como esas personas de LinkedIn que dicen "soy un desastre jaja" y luego te enseñan su Notion con 47 bases de datos sincronizadas. No. Soy un desastre de verdad. De los que tienen 340 pestañas abiertas, 14 proyectos a medias, y la factura de la luz sin pagar porque se me olvidó que existía la luz.
Y mi negocio funciona.
No a pesar de ser un desastre. Funciona porque un día dejé de intentar no serlo.
¿Cuántas horas has perdido intentando ser organizado?
Te hago la cuenta. En mis primeros 2 años de emprendedor gasté más tiempo montando sistemas de productividad que produciendo. Lo digo literal. Más horas en Notion que en mi producto. Más horas organizando tareas que haciendo tareas.
Porque el mensaje que te llega de todas partes es claro: para que tu negocio funcione, tienes que ser organizado. Tienes que tener un CRM, un calendario editorial, un pipeline de ventas, un sistema de seguimiento de clientes, una hoja de cálculo de finanzas, y un ritual matutino que incluya meditar, journaling y un batido verde.
Y yo miraba todo eso y pensaba: "A ver, si yo no puedo ni acordarme de comer a mediodía, cómo voy a mantener un CRM".
Pero lo intentaba. Cada lunes nuevo sistema. Cada martes lo abandonaba. Cada miércoles me sentía culpable. Cada jueves montaba otro sistema. Es un bucle que ya conoces si tienes TDAH, el ciclo de la herramienta nueva.
Lo que pasó cuando dejé de fingir
Un día, no sé exactamente cuál, paré. No fue una decisión épica. Fue cansancio.
Me senté delante del ordenador y dije: "Vamos a ver. ¿Qué pasa si acepto que soy así y monto el negocio alrededor de eso?"
No un negocio para la versión organizada de mí que no existe. Un negocio para el caos que soy.
Y empecé a cambiar cosas.
En vez de un CRM con 30 campos, una nota con el nombre del cliente y la última conversación. En vez de un calendario editorial, una lista de 5 ideas y la que me apetezca ese día. En vez de un pipeline de ventas con 7 fases, un archivo que dice "pendiente" o "pagado".
¿Es profesional? Probablemente no.
¿Funciona? Llevo años con ello.
La productividad del desastre
Hay algo que descubrí cuando dejé de luchar contra mi cerebro: la energía que gastaba en intentar ser organizado era enorme. Y cuando la recuperé, la puse en lo que importa, en crear, en vender, en hablar con clientes.
Resulta que un emprendedor desorganizado que produce es más rentable que un emprendedor organizado que se pasa el día organizando.
No es que la organización no importe. Es que la productividad real va de estar presente, no de tener el sistema perfecto. La productividad no va de tener el dashboard más bonito de Notion. Va de hacer las cosas que mueven el negocio.
Y mi cerebro mueve el negocio a rachas. Tres días sin hacer nada útil y luego 14 horas seguidas donde saco el trabajo de dos semanas. No es sostenible, dicen los libros. Llevo haciéndolo desde que tengo memoria, digo yo.
Lo que no te dicen de aceptarte
Ojo, aceptar que eres un desastre no significa no mejorar. Significa dejar de usar como modelo un cerebro que no tienes.
No voy a funcionar como alguien sin TDAH. Nunca. No voy a tener rutinas perfectas. No voy a revisar mis finanzas cada viernes religiosamente. No voy a contestar emails el mismo día que llegan. No va a pasar.
Pero sí puedo tener 3 reglas simples que funcionen el 70% del tiempo. Y el 70% es infinitamente mejor que el 0% que tenía cuando intentaba sistemas del 100%.
Mi regla número uno: si una tarea no la puedo hacer en menos de 5 minutos, no la empiezo hasta que mi cerebro "quiera" (es decir, hasta que la dopamina aparezca). Mi regla número dos: si algo lleva 3 días en la lista y no lo he hecho, probablemente no lo voy a hacer nunca, así que lo elimino o lo delego. Mi regla número tres: cuando estoy "encendido", no paro. Da igual la hora. Da igual que sean las 2 de la mañana.
Soy un desastre. Y facturo.
La frase que más me costó decir en público fue: "No tengo ni idea de lo que estoy haciendo la mitad del tiempo".
Y la gente se rió. Y algunos me dijeron: "yo también". Y ahí entendí que la mitad de los emprendedores que parecen tenerlo todo controlado están tan perdidos como yo, solo que lo disimulan mejor.
Mira, si tú llevas años intentando ser la versión organizada de ti mismo y no funciona, a lo mejor el problema no eres tú. Es el modelo.
Cambia el modelo. Acepta el caos. Y monta algo que funcione con tu cerebro, no contra él.
Porque emprender con TDAH no es un sprint limpio. Es un rally por un camino de tierra. Y los que ganan no son los que tienen el coche más bonito. Son los que saben conducir en el barro.
Yo conduzco fatal. Pero sigo en la carrera.
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