Tu negocio necesita menos ideas y más ejecución y lo sabes pero no puedes parar
Tienes 47 ideas en Notion y cero productos terminados. Tu negocio no necesita más creatividad. Necesita que acabes algo.
Abre tu Notion. O tu Trello. O tu Google Keep. O ese documento de Word que llevas arrastrando desde 2019 y que se llama "IDEAS NEGOCIO v3 FINAL BUENA".
Cuenta las ideas que hay ahí. Las que empezaste. Las que medio-empezaste. Las que pensaste que eran geniales a las 2 de la mañana y a la mañana siguiente ya no entendías lo que habías escrito.
¿Cuántas hay? ¿20? ¿40? ¿Más de 50?
Ahora cuenta las que has terminado de verdad. No empezado. Terminado. Con producto, precio, página de venta, y al menos un cliente que haya pagado.
Ese número es mucho más pequeño. Y ahí está el problema.
El emprendedor con TDAH no tiene un problema de ideas. Tiene un problema de finales.
A ti se te ocurren ideas todo el rato. En la ducha. Conduciendo. A las 3 de la mañana cuando deberías estar durmiendo. En mitad de una conversación sobre otro tema completamente distinto.
Tu cerebro es una máquina de generar ideas. Una máquina extraordinaria, de hecho. Mucha gente pagaría por tener la mitad de tu creatividad.
Pero la creatividad sin ejecución es entretenimiento. No es negocio.
Y la ejecución requiere exactamente lo que tu cerebro TDAH odia: repetición, estructura, detalles, tareas aburridas hechas en orden durante semanas consecutivas.
La idea es el chispazo. La ejecución es mantener el fuego encendido cuando ya no hay chispas. Y tú llevas años saltando de chispazo en chispazo mientras el fuego se apaga detrás.
¿Por qué no puedes parar de tener ideas?
Porque cada idea nueva te da dopamina. Y tu cerebro necesita dopamina como un coche necesita gasolina. No es un capricho. Es una necesidad neurológica real.
Cuando tienes una idea nueva, tu cerebro se enciende. Todo tiene sentido. Ves el producto, el marketing, los clientes, los ingresos. Lo ves todo claro. Es el momento más emocionante del proceso.
Y también es el momento más peligroso. Porque ese subidón te hace creer que la idea es mejor que la anterior. Que esta vez sí va a funcionar. Que las otras fallaron por algo pero esta es LA buena.
No es LA buena. Es LA nueva. Y tu cerebro no sabe diferenciarlas.
Lo que pasa cuando ejecutas una sola idea hasta el final
En 2023 hice un experimento. Me prohibí empezar nada nuevo durante tres meses. Cero ideas nuevas. Cero proyectos nuevos. Solo terminar uno que ya tenía a medias.
Fue horrible. Las primeras dos semanas sentí una ansiedad física. Mi cerebro me bombardeaba con ideas "urgentes" que no podía ignorar. Las apuntaba en el cementerio de ideas y volvía al proyecto.
Semana tres: el proyecto empezó a avanzar de verdad. No porque yo hubiera cambiado. Porque por primera vez le estaba dedicando tiempo continuado.
Semana seis: tenía algo que se parecía a un producto real. Con fallos, con cosas que mejorar, pero real. Algo que podía enseñar a alguien y decir "esto es lo que hago".
Semana diez: hice la primera venta.
No fue la venta más grande de mi vida. Pero fue la prueba de que terminar una cosa funciona mejor que empezar cien.
La regla del "hasta que no vendas, no empiezas"
Desde entonces tengo una regla que me ha cambiado el negocio: no empiezo un proyecto nuevo hasta que el anterior haya generado al menos una venta real. No un "me interesa". No un "ya te diré". Una transacción. Dinero en la cuenta.
Es brutal. Es incómoda. Mi cerebro protesta cada día. Pero funciona.
Porque me obliga a llegar al final. A hacer la parte fea. La página de ventas que no quiero escribir. Los emails de seguimiento que me dan pereza. La parte donde tienes que vender sin perseguir pero sin desaparecer tampoco.
Y cuando llegas al final de un proyecto de verdad, aprendes más en esas últimas semanas que en los primeros 47 inicios de 47 proyectos distintos.
Tres cosas que hago para ejecutar cuando mi cerebro quiere crear
Primera: trabajo con temporizadores de 25 minutos. No porque 25 minutos sea un número mágico. Porque es lo máximo que mi cerebro aguanta sin querer abrir otra pestaña. Si tengo suerte llegó a 23 sin distraerme.
Segunda: hago la tarea más aburrida primero. Antes de que mi cerebro tenga energía para inventar excusas. Si la tarea fea del día es escribir las condiciones de venta, eso es lo primero que hago al sentarme. No después del café. No después de "revisar algo rápido". Primero.
Tercera: tengo prohibido consumir contenido de otros emprendedores en las horas de ejecución. Nada de podcasts, vídeos, newsletters. Porque cada input es una idea potencial y cada idea potencial es una distracción garantizada.
Tu próximo paso no es una idea. Es un final.
Abre esa lista de ideas. Elige una. Solo una. La que esté más avanzada, la que más sentido tenga, la que requiera menos para llegar al final.
Y termínala.
No la mejores. No la rediseñes. No le cambies el nombre tres veces. No la perfecciones. Termínala.
Tu negocio no necesita más creatividad. Necesita que acabes una cosa. Una sola. Y que la vendas a alguien real.
Todo lo demás es ruido con buenas intenciones.
¿Tu TDAH está saboteando tu negocio? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y sabes dónde se te escapa el dinero.
Sigue leyendo
Tu pareja no entiende por qué trabajas a las 11 de la noche
Son las 11PM, estás con el portátil, y tu pareja te mira con esa cara. No es que no le importes. Es que no entiende tu cerebro.
Body doubling: trabajar con alguien delante aunque no hable ni te mire
Tu cerebro TDAH rinde el triple con otra persona en la sala. No tiene que ayudarte. Solo tiene que estar ahí. Se llama body doubling.
Tu audiencia no quiere tips quiere que alguien les entienda de una vez
Llevas meses dando consejos útiles y nadie interactúa. No es que tu contenido sea malo. Es que no les estás dando lo que realmente necesitan.
Los gurús de LinkedIn no pagan tus facturas
Llevas un año consumiendo contenido de productividad y tu negocio sigue igual. Los consejos de LinkedIn no funcionan si tu cerebro funciona distinto.