Yo fui esa niña: cuando el TDAH de tu hija es el tuyo

Tu hija recibe el diagnóstico de TDAH y tú te reconoces en todo. Esto pasa más de lo que imaginas. Y duele de una manera muy concreta.

El especialista te explica el diagnóstico de tu hija.

Te habla de la falta de regulación atencional, de la dificultad para inhibir respuestas, del perfil de puntuaciones en las pruebas. Y mientras habla, tú estás asintiendo y tomando notas y haciendo todas las cosas que hace una madre que está procesando información importante.

Y al mismo tiempo, dentro de ti, algo se está rompiendo en cuatro trozos.

Porque todo lo que está describiendo... eras tú. La niña que no podía quedarse quieta en los deberes. La que soñaba despierta en clase. La que lloraba sin saber muy bien por qué. La que era "muy lista pero podría dar más de sí". Tú.

¿Por qué el diagnóstico de tu hija puede ser también el tuyo?

El TDAH tiene un componente hereditario muy alto. Los estudios hablan de que es uno de los trastornos con mayor heredabilidad, con porcentajes que rondan el 70-80%. Eso significa que cuando una niña recibe un diagnóstico, hay muchas probabilidades de que uno de sus padres también lo tenga.

Y si ese padre o esa madre es una mujer que creció en los años 80 o 90, lo más probable es que nunca fuera diagnosticada. Porque el sistema no lo buscaba en ellas. Porque compensaban bien. Porque "las niñas no tienen TDAH". Porque sacaban suficientes notas para que nadie se preocupara.

Así que lo que pasa en esa consulta es que una madre de cuarenta años escucha describir a su hija de ocho y se reconoce en cada palabra. Y eso es muy difícil de procesar a la vez que intentas ser el apoyo que tu hija necesita.

El duelo que nadie te avisa que vas a sentir

Hay una forma específica de dolor que viene de reconocerte en el diagnóstico de tu hija.

Es el duelo por la niña que fuiste y a la que nadie diagnosticó. Por todos los años que podrías haber tenido estrategias y no las tenías. Por el esfuerzo enorme que pusiste en cosas que para otros eran fáciles. Por la cantidad de veces que creíste que el problema eras tú.

Ese duelo es legítimo. No es exagerado. Es lo que se siente cuando te das cuenta de que una parte importante de tu historia tiene una explicación que nunca recibiste a tiempo.

Y al mismo tiempo, hay algo en esa situación que es un regalo enorme, aunque duela. Porque tú, a diferencia de las personas que te criaron, sí sabes lo que le está pasando a tu hija. Puedes darle lo que tú no recibiste: nombre, comprensión, herramientas.

No tienes que haber estado bien para que ella esté bien. Pero saber lo que es puede marcar la diferencia.

Si te reconoces en esto, puede ayudarte leer sobre cómo el TDAH no diagnosticado en la infancia afecta a las mujeres adultas y sobre la culpa de las madres con TDAH que sienten que lo han heredado a sus hijos.

Y si quieres entender mejor el recorrido de reconocerse en el diagnóstico de un hijo, hay más sobre esto en el post sobre descubrir el TDAH propio a través del diagnóstico de un hijo.

Si sospechas que lo que le pasó a tu hija (y lo que te pasa a ti) tiene nombre, el test que construí puede ser un primer punto de partida. 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. Puedes hacerlo aquí.

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Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si sospechas que tienes TDAH, consulta con un psicólogo o psiquiatra especializado en TDAH adulto.

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